Crítica de El vigilante nocturno: demonios heredados, una secuela tardía y mustia

Crítica de El vigilante nocturno: demonios heredados, la secuela de la película original de hace 30 años a la que regresan Kim Bodnia y Nicolaj Coster-Waldau.
Hace 30 años Ole Bornedal nos heló la sangre con El vigilante nocturno, una película que podemos considerar ya a día de hoy todo un clásico de culto del género del terror gracias a un pulso narrativo sobresaliente, interpretaciones fabulosas y una premisa de lo más evocadora.
La película fue algo más que un éxito puntual a nivel internacional: destacó la nueva ola de cine danés y a dos actores ahora ya muy celebrados como son Kim Bodnia (Killing Eve) y Nicolaj Coster-Waldau (Juego de tronos) que nos trasladaban una historia de carácter generacional sobre la maduración y el conflicto como camino hacia el mundo adulto.
Ahora en su secuela tardía El vigilante nocturno: demonios heredados no solo vuelve a reunir a ambos actores para que retomen sus papeles sino que además coloca en el centro del relato a su propia hija, la actriz Fanny Bornedal, dando vida a la hija del personaje de Nicolaj Coster-Waldau.
La cinta se centra en el legado y en la forma oscura en la que muchas veces se comunica de padres a hijos, después de largos silencios que llevan de forma inevitable a revivir los traumas y abrir viejas heridas.
La óptica deformante de la verdad encubierta
Emma es la hija de Martin y una prometedora estudiante de medicina, bastante cansada de no obtener respuestas de su padre sobre su pasado y en concreto la fase de bloqueo emocional que padece tras el suicidio de su esposa cuando ella solo tenía diez años.
Traumatizado, Martin parece anclado en un terrible secreto alrededor del cual gira esta muerte, de modo que apenas se relaciona ni sale de casa y parece estar absorbido por los malos recuerdos.
Emma, no obstante, está decidida a hacer aflorar la verdad, de modo que, a pesar de saber que su padre y su padrino sobrevivieron a una terrible noche en el Instituto Anatómico Forense, ella decide optar a una plaza para cubrir el turno nocturno.
Lejos de amedrentarse, le pide ayuda a uno de sus compañeros para infiltrarse en el psiquiátrico en el que reside Wörmer, el hombre que les acechó en su día y que tiene una maniática afición por escalpar a sus víctimas.
El vigilante nocturno: demonios heredados tiene un buen balance de nostalgia y nuevos elementos. Como decíamos, recupera a los personajes principales de un modo u otro y se las ingenia para tejer una nueva trama de misterio a su alrededor.
Además Ulf Pilgaard, fallecido recientemente en el mes de octubre, retoma también su inquietante rol en la película, convirtiéndose casi en una presencia sobrenatural a la altura de Michael Myers. Recordemos que será por tanto la última vez que lo veamos en pantalla... un acierto que sea dando vida de nuevo a uno de sus personajes más aclamados y reconocidos.
Sin embargo, El vigilante nocturno: demonios heredados no cumple las expectativas respecto al ritmo de la narración ni a su resolución. Se enquista en su parte final, cuando hay ya pocas incógnitas que resolver y el espectador ha tenido tiempo de adelantarse a su trama.
En pocas palabras, no hacía ninguna falta que llegara hasta las dos horas de duración: con un montaje más centrado, sería más complicado adivinar el desenlace y la propuesta sería también más disfrutable. Incluso las secuencias terroríficas pierden impacto por esta misma razón.
Por lo demás, es una película que le presta mucha atención tanto al trauma como al legado de padres a hijos. Da a entender que, si no se establece una comunicación intergeneracional, hay una suerte de condena a repetir el pasado.
Respecto a los nuevos fichajes, destacan Sonny Lindberg en el papel del desconcertante Sofus, Alex Høgh Andersen (sí, Ivar el deshuesado de Vikings) y Paprika Steen.
Revisitar el universo de El vigilante nocturno, daba para más. Al final es una película que cumple por la mínima pero que tenía ideas y medios para sacarle mucho más partido a un regreso tardío.
Por desgracia llega un momento en el que es imposible empatizar con los personajes y hasta resulta molesto que vayan dos pasos por detrás de la audiencia. Es como si el guión se hiciera trampas a sí mismo sin ninguna necesidad. Habrá que esperar para pasar miedo de nuevo...
Valoración
Nota 50
Decepcionante: aunque Demonios heredados tiene ideas interesantes, quedan sepultadas en un guión que da demasiadas vueltas sobre sí mismo y en un montaje deficiente que no sane imprimirle ritmo a la resolución. Podría ser estremecedora, pero termina por despertar bostezos.
Lo mejor
La película tiene secuencias que te mantienen al borde de la butaca, mascando la tensión.
Lo peor
No se iguala ni se acerca a su predecesora. Es demasiado larga y el montaje lastra el tercio final, cuando la trama ya es muy predecible.
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Raquel Hernández Luján
Redactora
Raquel Hernández es redactora y crítica de HobbyCine desde 2010. Está especializada en cine, series y literatura así como familiarizada con las tendencias culturales de actualidad.
