Crítica de Votemos, la película basada en el corto Votamos en la cual se airean los prejuicios sociales

Crítica de Votemos, el tercer largo de Santiago Requejo en el que adapta su cortometraje Votamos, también trasladada al teatro, con Raúl Fernández de Pablo, Clara Lago, Tito Valverde y Gonzalo de Castro. Estreno el 12 de junio.
Si hay un tema que ha dado de sí en la ficción española, ese es el de las comunidades de vecinos: desde Aquí no hay quien viva hasta La que se avecina, pasando por El pueblo, pocas cosas hay que se presten más a hacer chanza que la precaria convivencia de personas dispares cuando no les queda otra que tomar decisiones conjuntas.
Votemos se aleja de la comedia y se queda con la parte más amarga. Arranca con una inocente junta de vecinos, pero pronto se convierte en otra cosa. Y es que Santiago Requejo, para su tercer largo después de Abuelos y No puedo vivir sin ti, ha optado por versionarse a sí mismo. Concretamente su corto de 2021 titulado Votamos que también ha pasado por los tablones del teatro.
El tema central es el mismo; el viaje más escarpado, con conflictos que se desarrollan de forma más profusa y que vienen a arropar la trama principal sumándole pátinas de amargor. Así hasta estirar el argumento de los 14 hasta los 88 minutos de duración.
Por lo demás, repiten Raúl Fernández de Pablo, Charo López y Neus Sanz y se incorporan un buen puñado de rostros conocidos: Gonzalo de Castro, Tito Valverde, Clara Lago, Christian Checa y Pepe Carrasco. En líneas generales funcionan mejor cuanto más contenida es su interpretación, mientras que en los brotes de histrionismo, hay algún personaje que chirría.
Peleemos
Alberto vuelve al piso de sus padres en Madrid, pero solo para empaquetar sus cosas y adecentarlo para el inquilino al que prevé alquilárselo y con quien ha quedado poco después para dejar firmado el contrato..
En este impás, ofrece que se celebre allí la junta de la comunidad de vecinos para tomar una decisión respecto al cambio del ascensor, el único punto del orden del día y en principio, de fácil resolución. A pesar de algunas tiranteces y reticencias, se aprueba y todos parecen satisfechos con una decisión que sin duda va a hacerles la vida más fácil.
Pero Alberto, en el último momento, hace alusión al compañero de trabajo que va mudarse de manera inminente al inmueble. Cuando los vecinos descubren que es una persona que padece una enfermedad mental, se oponen radicalmente a la idea de que se le alquile el piso llegando incluso a sugerir que se le debería prohibir de forma expresa.
En el cruce de acusaciones y de lances entre detractores y partidarios de la idea, se irán evidenciando sus problemas individuales y colectivos. No queda títere con cabeza, todos tienen sus contradicciones y puntos ciegos y solo es una cuestión de unas horas que el trato quede cerrado. Salvo que lleguen a un nuevo acuerdo.
Votemos tiene una intención muy clara: poner en evidencia los sesgos de cada cual, sus prejuicios y contradicciones y de algún modo ser el botón que sirve de muestra para mostrar la sociedad polarizada en la que vivimos en la cual hay profundas trincheras cavadas, aparentemente imposibles de superar. Las famosas dos Españas que llevan en liza toda la vida.
Como trasfondo social, un buen puñado de problemas que están a la orden del día: la precariedad laboral, las dificultades para acceder a una vivienda digna en la capital, las cada vez más comunes aunque no por ello menos demonizadas enfermedades mentales, la brecha generacional, la soledad y el miedo a lo desconocido.
La puesta en escena austera, la economía de medios y la escasa inversión que implica la película hacen que luzca como lo que es: una modesta producción, de aspecto muy teatral (unidad de espacio, tiempo y acción) en la que el punto fuerte es el estudio de los personajes y por ende, la calidad del reparto y su capacidad para trasladar estos mensajes.
En este punto hay que resaltar que es digno de alabanza el naturalismo que exhiben los diálogos: no es difícil imaginar a tu vecino de enfrente manteniendo una discusión con otro en los mismos términos.
Votemos no es una película sencilla ni digestiva, por tanto, y está lejos de ser de agradable visionado: ¿a quién le gusta que le pongan el espejo delante? No es difícil tampoco adelantarse a la deriva de los acontecimientos ni prever cómo se zanjarán los conflictos. En el fondo, somos bastante previsibles en nuestra inmadurez social y emocional.
Valoración
Nota 53
Drama sobre los límites de la convivencia en el que se reflexiona sobre los prejuicios acerca de la salud mental. Se hace largo a pesar de su ajustada duración.
Lo mejor
La idea que subyace: la dificultad para alcanzar acuerdos, la incapacidad para ver los defectos propios, las broncas de vecindario...
Lo peor
La teatralidad de la puesta en escena: se nota que es un corto expandido.
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Raquel Hernández Luján
Redactora
Raquel Hernández es redactora y crítica de HobbyCine desde 2010. Está especializada en cine, series y literatura así como familiarizada con las tendencias culturales de actualidad.
