La opinión de
Santiago Cobo Roldán

La irreductible aldea... cántabra

Santiago Cobo nos habla de los irreductibles... cántabros

Santiago Cobo es un cántabro que lleva desde principios de siglo haciendo videojuegos, siempre en Virtual Toys, y se pregunta qué puede estar ocurriendo en Cantabria, para que el boom del desarrollo que vivimos en España esté pasando de largo en su comunidad. La solución es...

¿Quién no conoce la irreductible aldea gala donde vivían Astérix y Obélix? Ellos representaban la resistencia contra el imperio Romano y combatían para no sucumbir ante el yugo del invasor. Pero también, de alguna manera, luchaban por mantener sus raíces, su folklore y en cierto modo, no subirse al carro del progreso y de los descubrimientos, de la evolución que los foráneos, que los romanos, traían consigo… En nuestra querida industria de los videojuegos (y toda la parafernalia que la rodea) tenemos un ejemplo similar a la aldea gala, me estoy refiriendo a: “la irreductible y verde aldea Cántabra”.

En un tiempo en el que la “burbuja” de los videojuegos está ya asentada en nuestro país, donde no hay comunidad, ciudad o pueblo donde no se celebren actos, ferias, charlas o saraos varios relacionados. En un país donde existen ya, según el Libro Blanco, más de 400 estudios desarrollando juegos. En un país donde los masters, las carreras de expertos en creación de videojuegos, las academias de 3D y animación crecen como champiñones en una tarde de otoño después de un rico chaparrón…. Sigue existiendo una zona, una “aldea” llamada Cantabria donde nada de eso ha llegado aún. Y uno, que es de allí, de la tierra verde y a la que vuelve a visitarla y oler sus prados casi como una necesidad, se pregunta por qué.

Si se coge el mapa de este país y revisa la actualidad en cuanto a la industria del videojuego se refiere, se dará cuenta que la zona norte, la zona bañada por el frio mar Cantábrico, está llena de actividad; Galicia, Asturias y sobre todo el país vasco son zonas emergentes y con una amplia trayectoria en el sector. En Galicia se han creado una buena cantidad de películas de animación. En Asturias, donde se sembró la semilla de GameLab, existen al menos una docena de estudios de desarrollo de videojuegos, sin contar con que fue una de las primeras zonas, sino la primera de España, donde se apostó por la docencia en la creación de videojuegos. El país Vasco es un ejemplo, ya no solo en el norte de España, sino a nivel Europeo. El país Vasco es un hervidero de ferias, eventos, equipos de desarrollo, ayudas, subvenciones… todo ello hace que allí concretamente, se esté gestando un tejido industrial brutal del que todos tenemos que estar bien orgullosos y tomar nota.

Galicia, Asturias, País Vasco… y entre medias, nuestra querida e irreductible aldea cántabra. Nada de esto que está sucediendo en el norte y en el resto de España tiene que ver con Cantabria. Es como si un campo electromagnético e invisible rodeara nuestra querida aldea, evitando que nada se filtre, que nada altere nuestra cotidianeidad. ¿Es que en Cantabria no tenemos esas inquietudes? ¿Es que no hay buenos programadores? ¿Buenos grafistas? ¿No hay ganas de crear cultura en forma de videojuegos? Me niego a pensar que no.

Yo no tengo la solución a cómo cambiar esto, si es que realmente se quiere cambiar, pero está claro que ha de haber detrás una voluntad de todos, pero sobre todo de los de arriba, de los que gobiernan, de los que deciden en que gastarse el dinero, cómo invertirlo en nuevas tecnologías, en nuevas expresiones artísticas, y personalmente creo que el problema que hay allí en mi tierra con ellos, es que desconocen la industria y no se hacen una idea de los beneficios que puede ofrecer un tejido industrial asentado en Cantabria dedicado al desarrollo de videojuegos.

Es necesario, incluso antes de engrasar la cadena, forjar esa cadena creando centros docentes donde enseñar a crear videojuegos. Implicar a la universidad ofreciendo carreras universitarias. Ayudar a implantar academias y centros que enseñen a crear gráficos para videojuegos, que enseñen a usar herramientas, en definitiva, que enseñen el oficio, porque es así como hay que verlo, como un oficio. Son necesarias jornadas divulgativas, concursos, ferias donde los irreductibles cántabros puedan descubrir las posibilidades que ofrece la industria, sin necesidad emigrar, sin necesidad de irse a las comunidades vecinas o a la capital. Todas esas iniciativas serán las que forjen a los primeros profesionales cántabros que a su vez, serán los que creen los primeros estudios de desarrollo.

Santiago Cobo nos cuenta cómo abrir Cantabria al videojuego

Ese es el camino, pero para andarlo, es necesario ser conocedor de que existe ese camino, de que existe una industria del videojuego que puede ser un caballo más que tire en el carro de la modernización y la prosperidad. Para ello, primero es necesaria una voluntad política por parte de las instituciones de entender la industria y los beneficios que puede aportar y segundo, poner en marcha los mecanismos para forjar esa cadena que bien engrasada empiece a crear tejido industrial.

A principios de diciembre fui invitado por los amigos de Concano Games a dar una charla a un pequeño grupo de estudiantes de la universidad de Cantabria que están haciendo un módulo en creación y desarrollo de videojuegos. Ellos son los primeros, son la punta de lanza, pero no es suficiente. La inercia no va en la dirección correcta. Ahora, son ellos, con su voluntad y sus ganas de asentar la industria en Cantabria los que tiran del carro, medio suplicando ayuda a las instituciones para organizar eventos y abrir estudios de desarrollo. La inercia ha de ir en dirección contraria, son las instituciones y los políticos, que han de pensar en alternativas tecnológicas y modernas (que para se les ha puesto ahí), los que tomen la iniciativa y se apoyen en estas personas para empezar a crear y alentar este movimiento.

Tenemos que dejar de ser esa aldea irreductible en la que nunca pasa nada. Me gustaría ver algún día al ilustre presidente Revilla (o al político de turno que toque) con una lata de anchoas bajo un brazo y un videojuego, desarrollado en Cantabria, bajo el otro… ¿porqué no?

Santiago Cobo Roldán