Ganadores: Skyrim y NVIDIA

Algunos de vosotros ya disfrutáis de los premios que corresponden a los ganadores del concurso de Skyrim y NVIDIA. Esperamos fotos, para ver cómo encajan en vuestras vidas de aventureros. Pero, como no hay mejor reconocimiento que mostrar el trabajo de los ganadores, a continuación tenéis la relación de estos y cómo lo consiguieron:

1º puesto

MarcComemucho
Me he despertado descansado. No sé cuantas horas habré dormido... la verdad, no me importa demasiado. J’zargo, un misterioso Khajiit con el que estuve charlando anoche, me observa desde la butaca de la cámara envuelta en penumbras, en la escuela de magos de Winterhold, acariciándose sus largos bigotes negros. Me llamo Sensebanya ('sin cuerno' en la lengua de mi pueblo) y soy un alto elfo. No recuerdo nada de mi pasado. Mi primer recuerdo de Tamriel pudo ser también el último, pero eso carece igualmente de importancia...
J'zargo propone que lo ayude probando unos pergaminos de fuego que él mismo ha creado. Su habilidad en las artes de la Destrucción supera con creces la mía. Le doy mi palabra que lo haré, cuando me cruce con alguno de los innumerables no muertos que habitan estas tierras. Le pido, a cambio, que vigile los valiosos huesos y escamas de dragón que guardo en el armario.

Encuentro el patio del colegio cubierto de brumas, con este frío glacial al que por fuerza debo acostumbrarme. Me pregunto hacia donde iré ahora. Es todo tan confuso. El mundo tan vasto. Pero sé que ahí fuera está la respuesta que anhelo profundamente. Los greybeards -o 'barbas grises'- del templo de High Hrothgar hablaron de un tesoro, el de Jurgen Windcaller, sito en Ustengrav, hacia el oeste...

Mientras andaba sumido en estos pensamientos, un grito desconsolado me golpeó desde el cielo. La silueta de un dragón volando entre las briznas de nieve y el viento tempestuoso agarrotó mis músculos entumecidos. No era el primero que mataba, pero sin duda el más bello. Cuando se posó sobre la torre de la Sala de los Elementos y desplegó sus amenazadoras y blancas alas, de pronto comprendí... supe por qué los dragones habían resurgido de nuevo desde las tinieblas.

Segundos puestos

Cloud Strife FF7
Mi hora en Skyrim perfecta sería en una fría noche de invierno, mientras estoy tumbado en mi cama con varias mantas y con un chocolate caliente acompañándome.

Me maravilla observar los escenarios de los videojuegos, no en vano me pasé horas y horas curioseando por todo Cyrodiil en Oblivion. Por ello, durante toda la hora me dedicaría a recorrer el inmenso mapeado de Skyrim, observando la flora y la fauna (probablemente lidiando con esta última) y viendo el hermoso paso del día a la noche o los cambios climáticos.

Mi personaje sería un mago, vestido con ropa que proporcione una protección nula, ya que estaría centrada en embellecer su figura.

Durante mi paseo, me gustaría ver desde praderas verdes a plena luz del día, hasta auroras boreales en una zona nevada de noche. Cuanta mayor diversidad de situaciones sea capaz de plasmar en mi retina, mayor será mi gozo al terminar de jugar.

Para ayudarme a completar mi objetivo, querría estar acompañado del caballo más rápido y hermoso de Skyrim. Un caballo de color blanco como la nieve sería perfecto.

Faltaría añadir algún elemento sorpresa. Me conformo con la belleza que desprende cada rincón del juego, pero si además me encuentro con situaciones gloriosas como el ver a un dragón dorado legendario volando y posándose en algún lugar cercano, o una batalla entre varios dragones, tanto en tierra como por el aire, me llegaría a producir unas sensaciones que sólo algo épico podría producir en mí.

Para poner la guinda a mi breve aventura, en los últimos minutos me gustaría encontrar a la chica de mis sueños, aquella que conozco desde que éramos unos zagales. Entonces terminaría de enamorarla con mi labia demostrándole mis sentimientos y nos fundiríamos en un apasionado beso.

En ese momento acabaría mi hora en Skyrim.


Kayugh
“He visto mi tierra, Skyrim, teñida de color rojo sangre. He visto mi condena casi cumplirse, y como me sentí eternamente condenado cuando escuché aquel grito. He visto como ese monstruo me miraba a los ojos, y escuchado como gritaba mi nombre. He visto como me quedaba sólo en este mundo y sentido como me hierve mi sangre. Sin rumbo ni dirección, ¿soy libre? He visto como me atacaban más dragones, bandidos, vampiros, renegados y gigantes. ¡Por Thalos, que exquisitez! He hundido el acero de mi espada uno por uno, probaron la dureza de mi escudo y el calor de mis hechizos. Los he visto caer, ensangrentados, ¡ellos se lo buscaron! ¿O los busqué yo? No sé lo que soy, pero me siento libre.

He viajado, y caminado bajo el Sol, y bajo las estrellas. He nadado por los ríos, escalado montañas, y atravesado cuevas. Me gustaría quedarme allí, en aquella ciudad que se ve al fondo. He sentido la fría atmósfera de la noche estrellada de Skyrim al entrar en aquella ciudad, el dulce calor de la posada, el sabor de una buena comida y la comodidad de una cama, de no dormir en el suelo. Mis pesadillas se repiten, ese dragón me persigue en sueños… Me desperté de un sobresalto, por un grito, otra vez aquel grito desgarrador que decía me reclamaba: ¡¡¡Do-vah-kiin!!! He vuelto a verlo, me persigue allá donde vaya. Siento la necesidad de clavar mi espada en el duro corazón de aquel dragón. Necesito calmar mi sed. Le estaré haciendo un favor al matarlo, ¿o a mi? Mi voz está cambiando, todo el mundo me señala. Unos me persiguen, otros me temen y unos pocos me admiran. Debo averiguar que soy, encontrar mi singular destino. He visto mi tierra, Skyrim, teñida de color rojo sangre."


Margaruga
-La vida contemplativa es mejor que guerrear-, repetía nuestro héroe cada vez que alguien le reclamaba para acometer alguna misión suicida, -¿Dragones?¿Mazmorras?, Ni hablar-

Era un día estupendo, perfecto para ir a pescar, cerca de unas cataratas que están al suroeste de Carrera Blanca, le gustaba esa zona, no había lobos ni bandidos, de vez en cuando un cangrejo de fango pero nada preocupante.

A lo lejos se escuchaba el gruñido de un oso, Olrad no estaba dispuesto a compartir el salmón que pescó, así que se encaminó por el camino de vuelta a su casa, el hogar de la brisa, en Carrera Blanca.

Gigantes y mamuts fueron compañeros de travesía, a Olrad le gusta tenerlos cerca hasta un Dragón se lo pensaría dos veces ante enemigos tan formidables, de todas formas tenía que tener mucho cuidado, tienen un sentido del humor un tanto difícil. Se separaron cerca de la entrada al camino que va hacia las puertas de la muralla.

Erik, uno de los guardias de la ciudad, estaba adormecido, la mañana había sido muy aburrida. En cuanto vio a Olrad supo que era su momento y empezó a relatar una de sus historias favoritas, cuando era un joven aventurero al que una flecha en la rodilla truncó lo que sin duda sería
una vida llena de éxitos y merecedora de las mejores canciones de los bardos de todo Skyrim.

Bostezando, Olrad continuó el camino a su casa, saludando a Adrianne y a su marido. Adrianne forjó su espada, que sigue como el primer día, en el baúl de su habitación con su armadura de acero.

-¡Por fin!-Rugió al cruzar la puerta de su pequeña casa, algún día iría a hablar con el administrador para amueblarla, pero eso lo dejamos para otro día, por hoy ya tuvo suficientes aventuras.

MarcComemucho II
Me he despertado descansado. No sé cuantas horas habré dormido... la verdad, no me importa demasiado. J’zargo, un misterioso Khajiit con el que estuve charlando anoche, me observa desde la butaca de la cámara envuelta en penumbras, en la escuela de magos de Winterhold, acariciándose sus largos bigotes negros. Me llamo Sensebanya ('sin cuerno' en la lengua de mi pueblo) y soy un alto elfo. No recuerdo nada de mi pasado. Mi primer recuerdo de Tamriel pudo ser también el último, pero eso carece igualmente de importancia...
J'zargo propone que lo ayude probando unos pergaminos de fuego que él mismo ha creado. Su habilidad en las artes de la Destrucción supera con creces la mía. Le doy mi palabra que lo haré, cuando me cruce con alguno de los innumerables no muertos que habitan estas tierras. Le pido, a cambio, que vigile los valiosos huesos y escamas de dragón que guardo en el armario.

Encuentro el patio del colegio cubierto de brumas, con este frío glacial al que por fuerza debo acostumbrarme. Me pregunto hacia donde iré ahora. Es todo tan confuso. El mundo tan vasto. Pero sé que ahí fuera está la respuesta que anhelo profundamente. Los greybeards -o 'barbas grises'- del templo de High Hrothgar hablaron de un tesoro, el de Jurgen Windcaller, sito en Ustengrav, hacia el oeste...

Mientras andaba sumido en estos pensamientos, un grito desconsolado me golpeó desde el cielo. La silueta de un dragón volando entre las briznas de nieve y el viento tempestuoso agarrotó mis músculos entumecidos. No era el primero que mataba, pero sin duda el más bello. Cuando se posó sobre la torre de la Sala de los Elementos y desplegó sus amenazadoras y blancas alas, de pronto comprendí... supe por qué los dragones habían resurgido de nuevo desde las tinieblas.

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