La guerra moderna apesta

El título original, Modern Warfare sucks, está sacado de un artículo de The Guardian, que criticaba el género de los FPS. En mi blog defiendo que el shooter en primera persona no sólo no está en crisis, sino que es uno de los géneros que atraviesa una renovación.   

Un rápido recordatorio, como indica el encabezado, este contenido es un blog. Se trata de un artículo de opinión basado en mi experiencia, mi afición por el género del FPS y el clima de agitación que se ha levantado últimamente alrededor de juegos como Call of Duty Infinite Warfare, Battlefield 1, Doom u Overwatch.

Antes de seguir leyendo, quizá os apetezca echar un vistazo a la noticia Modern Warfare sucks, de The Guardian, en que se criticaba al género por distintos motivos: falta de ideas, falta de madurez e incluso porque "la gente está harta de ver los conflictos que ven en las noticias convertidos en una pantomima de honor y del deber".

No es un mal artículo. No estoy de acuerdo con él, pero hay que reconocer que no vuelve a las viejas acusaciones: no se detiene en que el juego sea muy violento, o que sirva como elemento de reclutamiento de jóvenes para que se alisten en el ejército. En su lugar, habla de cierto estancamiento en los shooter, algo que, por otra parte, se podría trasladar a cualquier género e incluso a cualquier manifestación artística.

Para ver si es verdad, basta con que nos traslademos en el tiempo. Hasta 2011. Aquel fue el año en que coincidieron Battlefield 3, ambientado en la guerra moderna, y Call of Duty Modern Warfare 3 (con el mismo contexto). También fue el año de Homefront (que acaba de estrenar secuela) y Operation Flashpoint Red River, dos FPS bélicos en que el enemigo venía de Oriente. Y no hace falta que extendamos el radio de búsqueda con elementos de ciencia ficción...

Aquel año, el género empezó a agotarse. No había nuevas ideas, y comparar un juego con sus rivales, era casi como ponerlo frente al espejo. La tendencia alcanzó un punto de inflexión dos años más tarde, con el lanzamiento de Call of Duty Ghosts (el peor juego de la saga en mucho tiempo) y Battlefield 4, cuyas ideas estaban agotadas. Pero a partir de ese momento, las cosas  empezaron a mejorar.

Es fácil subirse al carro de la crítica. Pero este 2016 está lleno de motivos para el optimismo. En primer lugar, los dos grandes del género han apostado por ambientaciones radicalmente opuestas, que atraerán a usuarios muy dispares: Call of Duty Infinite Warfare es un juego futurista, con combates orbitales, y Battlefield 1 recupera las batallas de la Primera Guerra Mundial. Además, el hecho de que se vaya a lanzar Call of Duty Modern Warfare Remasterizado (y Call of Duty Modern Warfare Trilogy para PS3 y Xbox 360) es todo un homenaje a la saga que comenzó hace 9 años, y que muchos jugadores no pudieron probar en su momento. Aquí podéis leer la comparativa Infinite Warfare vs Battlefield 1

Pero ahí no acaba la cosa. Doom es el homenaje definitivo a un estilo de shooter diferente, más desenfadado, que sigue el camino marcado por Wolfenstein The New Order y Wolfenstein The Old Blood. Y además de eso, Battleborn y Overwatch han retorcido el género de los MOBA y los FPS y han conseguido una nueva categoría para los eSports. Y aún nos queda descubrir que será lo que nos ofrezca Titanfall 2, esta vez con modo campaña, o Sniper Elite 4. La verdad es que no hay otro género que se haya diversificado más en tan poco tiempo. Lo que hace cinco años era un empacho de guerra moderna, ahora es un enorme abanico: desde la Guerra Mundial al futuro, del multijugador cooperativo a los combates frenéticos de mechas, pasando por el sabor más clásico.

Por mucho que dijera aquel artículo de The Guardian, nos sigue gustando el olor a pólvora, sentir el poder de las armas y ver nuestro contador de bajas subiendo sin parar en los enfrentamientos online.  Y el género aún tiene mucho que decir (y además las ventas lo respaldan). Aquí podéis repasar los mejores FPS de 2016