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La opinión de
Daniel Quesada

Akihabara en 10 fotos

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Dicen que si tienes alma friki tienes que visitar Akihabara una vez en tu vida, por lo menos. Yo ya he estado tres veces y os aseguro que no me canso. Así pues, quería inaugurar mi nueva presencia bloguera paseando con vosotros por algunos de sus puntos clave.

Por si sois novatillos en esto, os aclaro que este barrio es uno de los más famosos de Tokio porque concentra prácticamente todas las formas de ocio que nos gustan en esta web: videojuegos de todas las épocas, mangas, películas, electrónica de cualquier tipo... Es como un parque de atracciones geek, un santuario profano en el que disfrutar de la saturación de todo aquello que te ha parecido tan lejano cuando eras un "mico". Puf, qué lírico me he puesto.

Arquitectura de otro mundo

La cuestión es que sales de la estación de tren y en seguida te encuentras con gigantescos edificios llenos de carteles coloridos, logos de tiendas y compañías de software, lucecitas por todos lados... Uno de los primeros en llamar la atención es el del grandísimo salón recreativo de Sega. Sí, amigos, en Japón las máquinas recreativas siguen pegando fuerte, pero luego volveré a eso.

La compañía del erizo azul tiene un par de edificios de este estilo en Akihabara, que compiten en estridencia con los de las tiendas "duty free" llamadas Laox o las de los grandotes centros comerciales. Además de los logos, todas las fachadas lucen carteles con los juegos de rol o las películas de anime de moda. En el de Sega podéis ver una "publi" de Shining Ark, por ejemplo. Si vuestros ojos no se saturan, vuestras orejas lo harán con la música techno que tienta a los paseantes a entrar.

Pero si hay un establecimiento característico del barrio de Akihabara, ese es el maid cafe. Se trata de cafeterías interiores en las que las camareras, normalmente de veinte años "pelaos", van disfrazadas de modosita sirvienta (bueno, sus vestidos no lo son mucho) y te agasajan o preguntan qué tal te ha ido el día.

Para que te animes a entrar, muchas de estas "maid" recorren la calle y reparten panfletos publicitarios. Eso sí, buena suerte intentando hacerles una foto, porque tienen reflejos de jedi y se tapan la cara en cuanto detectan un móvil o una cámara a un kilómetro de distancia.

Ni que decir tiene que este es un espectáculo pensado para los japoneses y, de hecho, estas muchachitas tienen un inglés justito tirando a nefasto. Pero es algo digno de verse, desde luego.

Si continuamos caminando por la calle, seguramente nos encontraremos tenderos anunciando con su megáfono las ofertas del momento o, si tenemos suerte, maniobras publicitarias como las que veis arriba: espectaculares coches cubiertos con anuncios que se quedan durante unos minutos junto a la tienda que los ha contratado. Por supuesto, con música techno o J-Pop a todo trapo.

Larga vida a los "recres"

Cuando finalmente entramos en el salón recreativo Club Sega, la sensación es algo desconcertante. La planta baja siempre está ocupada por los UFO Catcher, las típicas máquinas en las que manejamos una pinza o una plataforma para ganar premios al azar. Más arriba, cada planta suele estar orientada a una temática. Lo que más pega desde hace un par de años son las recreativas con cartas. En vez de la típica ristra de botones y el stick, tienen una especie de paquete sobre el que los jugadores depositan unas cartas con estadísticas (tipo Magic, sí) que han comprado previamente.

Según la zona del tapete donde las coloquen, el transcurso de la partida puede ir variando y ésta puede ser de lo que se os ocurra: hay recreativas de fútbol en las que debemos colocar una buena alineación, otras bélicas en las que distribuimos a nuestros soldados en tiempo real... Puede sonar algo extraño para un occidental, pero allí han sustituido casi por completo a las recreativas tradicionales.

Las otras máquinas que siguen en forma son las que simulan la carlinga de un avión o un mecha. Es una gozada meterse en salas iluminadas por estas cabinas futuristas, en las que se meten los chavales para disfrutar de una pantalla de 180 grados, movimientos reales del mueble y palancas de control que parecen sacadas de un Gundam.

Alumnos a-vintage-ados

Después, toca buscar tiendas de videojuegos retro. No está en la calle principal, pero todo el mundo acaba entrando en la mítica Super Potato. Una musiquilla chiptune en la fachada nos da la bienvenida a cuatro plantas de pura nostalgia, en las que podemos ver cartuchos o discos de prácticamente cualquier consola ordenados escrupulosamente y con el precio marcado en función del embalaje, la calidad de conservación o la rareza del producto.

Por supuesto, también podéis encontrar toda clase de merchandising y consolas, muchas de ellas verdaderamente difíciles de conseguir en nuestro país. Las Atari Jaguar o las 3DO, que no interesan a la mayoría de los coleccionistas nipones, se apilan en las estanterías con precios ridículamente bajos.

A su lado, montones de Saturn, Dreamcast o Super Famicom (Super Nintendo japonesa), custodiadas por 

peluches de Super Mario o máquinas expendedoras de cápsulas con premio aleatorio, las famosas gashapon. A los dos minutos de entrar, tu cabeza sólo puede procesar un pensamiento: "me lo quiero llevar todo".

Cómo no, en Super Potato o en el resto de tiendas retro de la zona también hay hueco para las consolas "piratillas" y clónicas, tan comunmente relacionadas con el mercado asiático. ¿Quieres una Supa Boy? La tienen. ¿Una Poke Fami DX? Venga, también. El resultado es que al final siempre acabas llevándote algo, porque los precios son tan bajos que no puedes dejar escapar la ocasión.

En mi caso, me tentaba especialmente hacerme con la copia que véis abajo de Sweet Home, el precursor de Resident Evil, que se vendía por 1980 yenes (menos de 15 euros)... Y este era uno de los juegos caros, para que os hagáis una idea.

Otro de los grandes protagonistas de Akihabara (y de todo Japón, si me apuráis), es el manga. Edificios de varias plantas ofrecen comics de todos los tipos y colores, ordenados y clasificados para nuestra comodidad... Si es que sabemos japonés, porque no vais a encontrar nada occidental. Lo curioso de estos edificios es que suelen tener un par de plantas de mangas "normales"... Y otras tres de hentai. En serio, ¿qué les pasa con el cómic erótico? Creo que, menos de sexo plantas, allí había de todo. Yo lo miré de refilón, claro. -_-p

Momentos de lectura

En cualquier caso, si queréis visitar tiendas de manga bien organizadas y con una proporción razonable de merchandising, la opción más lógica es Animate, la principal franquicia de venta de cómics. No sólo hay en Akihabara, sino también en otros puntos de Tokio e incluso de Japón.

Ahora bien, a mí me pareció especialmente interesante la tienda Kotobukiya, que lleva años trabajando como juguetería y poco a poco ha ido llenando sus estantes con franquicias muy interesantes. Desde plantas tomadas completamente por la saga Tales of, hasta pequeños "altares" dedicados al Studio Ghibli... O mi favorita, el área dedicada a Dragon Quest y a todas las variantes de limo que se os puedan ocurrir. ¿Un cojín de Rey Limo? ¡Ven con papá!

No entraré a hablar de las tiendas de informática de segunda mano (donde los más curiosones pueden llevarse un portátil con teclado en hiragana) o los establecimientos que te venden útiles de espionaje... Hay mucho por ver y, ciertamente, Akihabara merece una visita cada cierto tiempo. Como se abastece en buena medida de ventas de segunda mano o de las promociones de cada temporada, siempre encuentras algo nuevo que te sorprenda y que no tengas más remedio que llevarte de vuelta a casa. Bueno, os voy dejando ya, que me tengo que echar una partidilla con mi Virtual Boy...

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