Imagen de perfil de David Martínez
La opinión de
David Martínez

En el fondo del vaso

imagen por defecto contenido opinión

Durante los últimos días he leído unos cuantos alegatos en contra de Max Payne. No hablan de si se trata de un buen juego o no (a mí, me parece brillante) sino de la posibilidad de que los usuarios se identifiquen con un tipo que casi bebe más que dispara. No les voy a quitar la razón, a lo mejor el retrato de Max, todo el día abrazado a la botella (o a los analgésicos) no es el mejor ejemplo de héroe. Pero desde luego, parece muy humano. Max ha perdido ha su familia, y vive en un mundo de apariencias, en que la vida tiene poco valor, y cualquier niño que quiera unas zapatillas de marca puede convertirse en mercenario. Bebe para destruirse a sí mismo. Pero debajo de todo, hay un personaje abnegado, que quiere impartir justicia aunque sea lo último que haga. En cierto modo Max es Clint Eastwood en Sin Perdón, es Nick Cage en Leaving Las Vegas… ha perdido la esperanza en sí mismo, pero es capaz de un último acto de redención por los demás.

No es el primer perdedor que se convierte en un héroe de videojuego. No hace tanto que veíamos a Solid Snake, anciano, a un paso de la muerte, lamentándose de cómo ha cambiado la guerra. Y haciendo gala de otro mal hábito como el fumar. En pocos juegos se refleja el sacrificio de un modo tan dramático y conmovedor como en Metal Gear Solid 4. ¿Y qué me decís de Sam Fisher? El agente creado por Tom Clancy se fue degradando poco a poco: comenzó trabajando para la NSA, perdió a su hija, se hizo agente doble y casi acaba muerto en una esquina, durante Splinter Cell Conviction.

Los videojuegos han madurado; ya no basta con caballeros de brillante armadura, necesitamos héroes con varias dimensiones, aunque, de vez en cuando también nos valga un fontanero rescatador de princesas. Es verdad que Max bebe, pero creo que cuaquiera puede sentirse identificado con él (recordad que es un juego para mayores de 18 años) y que eso le da más valor aún a su forma de actuar. Si acaso, sólo me ha emocionado más la forma de actuar de Nariko, la protagonista de Heavenly Sword, que sabía que estaba condenada a morir, y aún así no tenía reparos en luchar para salvar a su pueblo.

Lecturas recomendadas