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La opinión de
Sonia Herranz

Hoy es mi cumpleaños: ¿tiene precio?

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Me he dado cuenta cuando he encendido el ordenador y me ha recordado, muy amable él, que también es el cumpleaños de Paco Delgado. ¡Cómo pasa el tiempo! Cuando hace como una semana mi familia me preguntaba que qué quería para mi cumple me daban ganas de decirles que eran unos cagaprisas… Y es que estaba ahí, a la vuelta de la esquina.

Está claro que cumplir años no me hace ilusión. Y no por hacerme vieja, no penséis. Simplemente, no me hace ilusión. Parece que últimamente nada me hace ilusión. ¿Qué quiero para mi cumple? Nada. No se me ocurre nada que me ilusione. Ni tan siquiera que necesite… Si pudiera elegir, pediría cosas de esas que no se compran con dinero. Pero yo creo que no me podrían ayudar ni la Master Card ni el genio de la lámpara, porque puestos a pedir…

Pediría cosas que ya os podéis imaginar, que ya he pedido muchas veces y no he conseguido que nadie me regale. Los que leéis con cierta frecuencia sabéis a qué me refiero…

Pero mira, esto de darle vueltas a las cosas tiene su lado bueno. He decidido dos cosas que sí me harían ilusión. Una es tener un petauro del azúcar (no, no me lo he inventado) y la otra es que bajaran el precio de los juegos. Sobre el petauro, no me parece el lugar adecuado para hablar, pero de los precios, no hay sitio mejor.

Si miramos atrás en el tiempo veremos que los juegos siempre han sido caros. No debemos olvidar que son un objeto de lujo y como tal no tienen precios baratos. Además, desarrollar un juego tiene un coste elevado y no tienen (en general) más fuentes de ingresos que la venta directa. Por ejemplo, el cine recauda en taquilla y después en la venta en vídeo.

Obviamente, en un entorno de crisis como el que estamos viviendo de lo primero que nos privamos es de lo superfluo, del “lujo”. Las compañías de videojuegos no están viviendo precisamente su mejor momento y la industria se contrae con cierres de estudios, cancelación de proyectos y reducciones de plantilla.

La respuesta en muchos casos ha sido subir a 70 euros el precio de las novedades de PS3. El razonamiento es fácil de seguir: si vendo lo mismo e ingreso 10 euros más… ¿Pero quién te ha dicho que vas a vender lo mismo? Lo más fácil es que vendas menos. ¿Alguien sabe por dónde va ya la cifra de parados? Le he perdido la pista.

Y cuando, finalmente, descubren con estupor que es verdad que han vendido menos, no se les ocurre pensar que es que a lo mejor es precio es elevado para los tiempos que corren. O que a lo mejor el juego no era buena o que lo han vendido mal. No. Hay que buscar otros culpables… Y ahí está: la segunda mano. No, no quiero entrar ahora en esa polémica, porque Manuel del Campo la tiene en todo lo alto. Más adelante.

Sólo una consideración. ¿Cuántos compran ahora de segunda mano juegos de PS3? Yo lo he dejado de hacer. Resulta que se lanza un juego a 70 euros, a los 2 meses baja a 50 a los 3 meses está a 40 y a la vuelta de seis meses, dependiendo de la calidad o la demanda, lo podemos encontrar entre 15 o 20 euros. Personalmente me he encontrado con juegos de segunda mano que marcaban un precio más alto que el juego nuevo.

Vamos a ver, oiga, ¿no sería más lógico y responsable lanzar los juegos a 50 euros directamente y no tocar los precios en muuuuucho tiempo? A lo mejor a 50 me lo pienso, pero si sé que de 70 van a bajar a 50 en unas semanas me espero, tampoco hay tanta prisa… Y ya puestos, me espero un poco más. Es de lógica y de sentido común. ¿Y quién revienta así el mercado? Los mismos que se quejan de que la gente compra de segunda mano…

O que se van y compran por ahí, por online, en otros países que, no se sabe muy bien porqué, tienen los precios más baratos… Incluso sumando gastos de envío.

Mi deseo para el día de mi cumpleaños es que las distribuidoras piensen un poco más su política de precios, sus estrategias de venta, y dejen de utilizar fórmulas conservadoras y antiguas. Que dejen de mirarse el ombligo. Que muevan un poco la cabeza para cambiar de perspectiva y reestructuren sus prioridades, adaptándolas a las de un mercado que ha cambiado, a la de una situación que es diferente y que, le duela a quien le duela (incluida a mí), nunca va a ser igual que era antes.

Tenemos que cambiar. Todos. Como usuarios, como profesionales, como creadores, como vendedores, como compradores. Todas las industrias tienen que cambiar, moverse y evolucionar. Espero que en el día de mi cumpleaños se me ocurra a mí cómo debo cambiar yo. Cómo debo adecuarme a un momento y un lugar en el que las cosas van tan deprisa que ya estás en la versión 3.0 antes de aprender a manejar la 1.0.

Espero que la edad no sea un hándicap… La alternativa es mucho peor :-)

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