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La opinión de
Sonia Herranz

El intrigante fenómeno de Pokémon

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Ayer fue el cumpleaños de mi hijo y el regalo que él quería, el que deseaba por encima de todo, era Pokémon (y aunque al principio pedía el X, al final cambió al Y, que al parecer oculta un Pokémon que le gusta más…). Está castigado y no puede jugar con la consola, pero ayer hicimos una excepción, por aquello de ser su cumple, y le dejamos estrenar su regalo doble: Pokémon Y y 2DS.

Él siempre da saltitos cuando está contento, pero los de ayer le podían haber llevado a la luna si hubiera querido. Decir que estaba emocionado es poco y mientras jugaba no hacía más que contarme cosas de los nuevos Pokémon y venir a enseñarme las evoluciones, aunque fueran de Pokémon que ya había evolucionado mil veces en anteriores ediciones… No quería soltar la consola ni para comer (él, que merienda tres veces y cena dos).

Estaba tan emocionado que no mencionó ni una sola vez la pérdida de Pokémon Plata… Todos los días, desde primeros de septiembre, se le escapa alguna lagrimita pensando en el juego perdido y que en teoría debería estar en mi coche, pero que no aparece aunque ya sólo me falte desmontar los asientos…

Está claro que le gustan los Pokémon por encima de todo lo demás. Le he visto devorar las guías oficiales, leyéndose hasta las tablas de ataques, esas impresas en cuerpo 5 y que mis ojos cansados sólo atinan a intuir… Las traslada en su mochila cuando se va a casa de una abuela (y pesan un quintal) y hasta ha dormido con ellas debajo de la almohada. Y qué queréis que os diga, si lee, me da igual lo que lea.

Y lo que le gusta de Pokémon, más allá de las historias, del sistema de combate, de los gráficos y de la musiquita (que antes me sacaba de quicio y ahora hasta tarareo) son los bichos en sí mismos. Tenerlos, mimarlos, entrenarlos, coleccionarlos… Su disgusto con la pérdida de Pokémon Plata no es el juego, son los Pokémon que habría entrenado “con todo mi amor”, dice él. Y me parte el corazón no poder hacer nada para remediarlo, le había echado tantas horas… De hecho, todavía va por ahí con la Pokewalker colgando del cuello. Le encontré otro Pokémon Plata, pero no estaban sus Pokémon…

Le gustan tanto que me pregunta insistentemente cosas de Rojo y Azul, porque cometí el error de contarle que me jugué Azul… Y siempre le contesto lo mismo: que no me acuerdo, que hace muuuchos años. Cerca de 15, más o menos. Y luego me pregunta por Verde Hoja y Rojo Fuego...

 

No sé qué tiene Pokémon, cuál es su magia. Me lo puedo imaginar y viéndole a él jugar sospecho que se les coge cariño a los bichos. Cuando está castigado sin consola juega con los muñequitos de plástico y lee una y otra vez las guías, incluso la de Pokémon Esmeralda que salió a la venta cuando él tenía 1 añito y que se ha jugado aprovechando que la DS sí tenía ranura para cartuchos. Me ha hecho descargarle la Pokedex de iPad y me paga las actualizaciones de a 5 euros…

Le gustan otros juegos, por supuesto, y en su bolsa pasea los Zeldas de DS, que se ha jugado él solito varias veces. Y también le gusta Skylander. Y, como con los Pokémon, lo que le gusta de Skylanders es tenerlos y subirlos de nivel. De hecho, a veces juega con las figuras de Skylander que luchan contra las de Pokémon… Aunque los Pokémon siempre ganan. Estuvo enganchado a Invizimals también, pero no es lo mismo.

Es tanto su entusiasmo, y lo pesadito que se pone al explicarme las diferencias entre la Pokéball y la Ultraball, que ahora mismo no sé si odiar los Pokémon con todas mi ganas o coger Pokémon Plata y empezarlo yo misma, a ver si le consigo algún Pokémon de esos que ha perdido (aunque nunca será lo mismo) y de paso refresco los recuerdos y le entiendo un poco mejor. ¿Sería capaz de engancharme yo a Pokémon ahora, a mi edad?

Recuerdo que Azul me gustó y me lo acabé, pero no debió pegarme tan fuerte cuando no jugué ninguno más… Y me pregunto si Pokémon es un fenómeno de “edad” o trasciende a todas las edades. Me pregunto si sería capaz de engancharme igual que lo hacen los Gran Turismo, que me obsesionan sólo por el hecho de hacerme con todos… los coches.

¿Los Pokémon enganchan sólo a los niños (fijad vosotros mismos la edad) o enganchan básicamente a los “coleccionistas”? ¿Qué tiene Pokémon que hace tres lustros que es un fenómeno mundial? Voy a tener que desempolvar mi DSi XL (con la otra ya no me atrevo) y comprobarlo. Quién sabe, lo mismo me vuelvo tan pesadita como mi hijo. Lo bueno es que al fin nos entenderemos y seré capaz de seguirle la conversación cuando me habla de los universos de Palkia y Giratina, de qué maravillas hacen las piedras de nosécuantintos y eso de que los Pokémon nacen de huevos...

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