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La opinión de
Alberto Lloret

John Carmack y el futuro de Oculus Rift

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El mes pasado, en Hobby Consolas, dedicamos un reportaje al que, probablemente, ha sido uno de los grandes éxitos de Kickstarter: Oculus Rift. Para arrancar el proyecto, su visionario creador Palmer Luckey (que por aquel entonces tenía 19 años) “solo” necesitaba $250.000 y acabó reuniendo casi 10 veces esa cantidad. Para aquellos que aún no sepan qué es Oculus Rift, se trata de un visor/gafas que han devuelto al presente uno de los fenómenos clave de la década de los 90, la realidad virtual.

Y como con todo fenómeno que se precie, ya hay una parte de “agoreros” que piensan que no tiene futuro, que no va realmente a suponer nada de aquí a unos años. Algunos piensan que sí, que las sensaciones están bien, pero que te aisla demasiado de la realidad (no vemos nada fuera del visor, y si nos ponemos cascos…). Otros piensan que fracasará porque solo llegará a una pequeña parte de los jugadores, que no ven al usuario menos “hardcore” con un casco así en casa. Otros pocos, porque el cacharro trae muchos problemas nuevos al desarrollo de videojuegos, como por ejemplo de control…

Pero yo, iluso, optmista o simplemente bobo, pienso que sí va a suponer un cambio muy importante en la forma en que jugamos, tanto, que incluso puede ser lo que “salve” esta nueva generación de consolas, a la que por el momento solo veo como una simple extensión de la actual, pero más bonita y social. No estamos hablando de un cutre efecto 3D como el que hemos visto con los actuales juegos y paneles HD. No. Estamos hablando de que, miremos donde miremos, veremos un mundo poligonal que nos rodeará, con todo lo que ello conlleva. Imagina un shooter subjetivo como Battlefield. O un juego de rol como Skyrim. Puestos a soñar, imagina con un nuevo páramo en Fallout.

Mejor no sueñes, porque la intención del CEO de Oculus VR, Brandon Iribe, es que el visor acabe funcionando también en las consolas de nueva generación, tanto PS4 como Xbox One. En el caso de PlayStation 4, Shuhei Yoshida, el presidente de los WorldWide Studios de Sony Computer Entertainment, ya ha demostrado su interés en varias ocasiones, sobre todo vía Twitter, por lo que no me extrañaría nada de nada que veamos un anuncio oficial en un futuro E3, quizá el del año que viene (este era el año para mostrar la consola). Y asociado al nuevo Kinect, Oculus Rift tampoco pinta mal…

En cualquier caso, está claro que no todos los juegos podrán encajar en esta fórmula, que seguiremos necesitando una tele para disfrutar de ciertas experiencias (juegos deportivos, aventuras en tercera persona, J-RPG…), pero en el fondo, en el concepto que pone sobre la mesa, sí que puede suponer un verdadero salto respecto a lo que conocemos y jugamos hoy en día. En las emociones y sensaciones que puede transmitir un juego. Si miramos las cosas con cierta perspectiva, en sus más de 30 años de vida, los videojuegos han sufrido pocos fenómenos tan disruptivos como el salto de las 2D a los polígonos… y Oculus Rift puede llegar a convertirse en algo de ese calibre.

Lo “bueno” ha empezado no hace ni dos meses. Oculus Rift ha recibido una fuerte inversión (16 millones de dólares) para impulsar su desarrollo, para que comercialmente esté a la venta en menos de un año. Parte de este dinero se emplearía, como dijo literalmente Brandon Iribe, para “contratar a más gente inteligente, la mejor y la más lista que podamos encontrar”.  Y para sorpresa de propios y extraños, el nuevo fichaje del equipo de Oculus no ha hecho sino aumentar aún más mi fe en el cacharro. Ni más ni menos que John Carmack, el cofundador de iD Software.

Carmack fue uno de los principales impulsores del visor de realidad virtual en el E3 de 2012 y también es uno de los principales “cerebritos” de esta industria, que a partir de ahora compaginará su trabajo en iD con su nuevo puesto como Jefe de Tecnología de Oculus Rift. Para aquellos que no lo conozcan, Carmack es el “padre” del shooter tal y como lo conocemos hoy en día, que parió inolvidables títulos y sagas como Wolfenstein 3D, Doom, Quake y Rage. Títulos que, en muchos casos compartieron una cosa: ser unos adelantados a su tiempo tanto en concepto como en tecnología.

Muchos tachan a Carmack de ser más ingeniero que desarrollador de juegos, de ser un tipo más orientado a la programación y a crear motores que a diseñar juegos. Pues bien, de ser así (que yo tampoco lo tengo muy claro), este nuevo papel le va a ir como anillo al dedo y, para mi, ha sido el empujón final para demostrarme que Oculus Rift va en serio. Deseando estoy ya de ver el diseño final…

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