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La opinión de
Sonia Herranz

¡¡Playmanía cumple 15 años!!

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En 1999 entró el vigor el euro, aunque la nueva moneda tardaría 3 años en llegar a nuestros bolsillos. Michael Jordan se retiró de la NBA, juzgaron a Bill Clinton por el caso Lewinsky y Hugo Chávez subió al poder en Venezuela. Mientras en Columbia se comete una de la mayores masacres de historia americana, Nickelodeon estrena Bob Esponja. En el mundo de los videojuegos, Sega pone a la venta la que sería su última consola, Dreamcast. Resident Evil nos presenta a Némesis y Lara Croft “muere” en The Last Revelations. En 1999 se puso a la venta en número 1 de Playmanía...

Han pasado 15 años y aunque a veces tengo la sensación de que fue ayer, otra veces siento que hace una vida. Fue a finales de 1998 cuando mi jefe dejó caer un “habría que hacer una revista PlayStation…”. Yo, que por aquel entonces trabajaba en Hobby Consolas, me subí al carro sin pensarlo. Necesitaba un cambio, quería hacer otra cosa. Tenía varias ideas en mente por lo que hubiera un porrón de revistas PlayStation en el quiosco me impresionaba menos a mí que a mis jefes. Y conste que me… acongojaba.

PlayStation estaba en plena madurez, Sony había arrinconado a Nintendo y a Sega y había conseguido extender los videojuegos más allá de su fachada de cosa de niños. Igual que nos sonamos los mocos con clines (sean de la marca que sean), la gente jugaba a la pley… Aprovechando el tirón, había en los quioscos montones de revistas PlayStation (no recuerdo exactamente cuántas, me vienen a la memoria la Revista Oficial PlayStation, PlanetStation, PSM, PlayStation Max, PlayStation Power, PlayTop…) y nosotros llegábamos tarde. Las mejores posiciones ya estaba cogidas y parecía imposible hacerse un hueco en un mercado dominado por la revista oficial y su disco de demos…

Pero había que intentarlo (y sin demos). Me puse a trabajar en el concepto de la nueva revista (que en principio iba a llamarse Play The Game) con una idea en mente: pensar en los jugadores. A mí, como jugadora, me podía interesar saber que seis meses después iba a salir un nuevo Resident Evil, pero lo que de verdad quería era saber qué juegos había ahora parecidos a Resident Evil. O cuál era el mejor juego de fútbol para mí de los 10 o 12 que había en el mercado. Quería saber cómo conectar la consola a un equipo de música o cómo resolver el puzzle del piano para seguir avanzando… Quería saber qué juego podía interesarme según mis gustos y no porque me lo dijera el redactor de turno.

Los análisis se reducían a la mínima expresión, se añadían comparativas y 32 páginas del total de 100 de la revista se dedicaban en exclusiva a guías y trucos, colocadas en un pliego central que era posible separar de la revista (Y que se terminaría convirtiendo en una revista independiente llamada Playmanía Guías & Trucos). Se analizaban periféricos, se incluía una guía de compras con la mayor cantidad de juegos posibles y se abría un consultorio, limitado a una pregunta por carta (sí, correo tradicional, del de sobre y sello). Nacía una revista práctica, muy distinta a todas las demás. El número 1, en febrero del 99, llevaba de portada un juego que había salido a la venta en noviembre del 98: la guía de Tomb Raider III. En el número 2 la portada era una comparativa de juegos de fútbol y en el 3 otra comparativa, juegos de lucha. Nuestro primer suplemento fue una Guía de Compras con todos los juegos que estaban a la venta en PlayStation y el suplemento del número 2 fueron 32 páginas de trucos (de esos de pulsar botones)… Era, sin duda, una revista práctica.

La estructura era importante, pero el tono también. Decidimos escribir textos en los que se pudiera sentir cómodo un chaval y un adulto. Decidimos unificar estilos y quitarle importancia a quién los escribía para que fuera la información lo que mandara y no una firma. Decidimos que no teníamos que demostrar cuánto sabíamos nosotros de juegos, sino que lo importante era que el que nos leyera lo entendiera. Dejamos que los juegos y vuestras necesidades se llevaran el protagonismo. Si os fijáis veréis que en Playmanía se escribe desde el “nosotros” hacia el “vosotros”, porque queríamos que nuestra relación fuera de amigo a amigo, no de profesor a alumno.

Mientras nos dejábamos las noches cerrando el número 2, mi jefe me dijo que quizá no hubiera número tres. Que la cosa estaba difícil, que el mercado era muy duro y que si no se conseguía un resultado digno con el primer número ya no se sacarían más. Me calle como una… y no dije nada al resto del equipo, mientras cruzaba los deditos esperando los sondeos de ese primer número en el que se me había ido un pellizquito de vida.

El número 1 agotó y nuestro director de distribución decidió no reimprimir para dejar con “ganas de más”. Se aumentó la tirada para el número 2, que volvió a agotar y esta vez sí se reimprimió. A finales de año éramos la revista de PlayStation más vendida, superando a la todopoderosa revista oficial y su disco de demos. No sólo nos habíamos hecho hueco, sino que nos habíamos colocado líderes. Para mi sorpresa (Alberto Lloret, que estaba ahí también, lo tenía muy claro desde el primer minuto). Creo que tengo un problemilla de autoestima…

No recuerdo una etapa de mi vida en la que haya trabajado tanto, y os aseguro que he trabajado mucho. Llevaba las llaves del edificio de la empresa en el llavero. Total, las tenía que pedir continuamente, así que me hice una copia. Eso sí, tenía la ilusión por las nubes y el entusiasmo desatado. Cuando curras mucho pero ves resultados no sientes el cansancio… A la gente le gustaba la revista y con eso a mí me valía. Además, las compañías de videojuegos también empezaron a tomarnos en serio. Al principio, me consta que colaboraron con Playmanía porque ya nos conocían, porque yo seguía siendo Sonia de Hobby y estaban acostumbrados a que les diera el coñazo pidiéndoles betas. Al final me cambiaron el apellido, ya era Sonia de Play y hacían caso a la revista por lo que era.

Han pasado 15 años y muchas, muchísimas cosas han cambiado. A veces creo que demasiadas, otras veces pienso que no las suficientes (si yo os contara...). El caso es que aquí sigue Playmanía que, aunque la considero una hija, ya tiene una edad y los adolescentes son difíciles de controlar. Buscan su camino y no siempre escuchan a mamá (los padres siempre son un poco retro, ¿verdad).  Pero no puedo evitar sentirme orgullosa de ella, de todo lo que ha conseguido, de que supiera mantener su humildad cuando era la reina del mambo y de que mantenga su dignidad ahora que las cosas ya no son lo que eran en el mercado editorial. Su personalidad la han forjado docenas de personas y de toda esa familia ha aprendido cosas, aunque espero que se le haya grabada a fuego la idea de que lo que importa sois vosotros, los lectores: que se informen y se diviertan.

De momento, a la niña bonita le hemos preparado una fiesta de cumpleaños en la que han participado las distribuidoras de videojuegos de este país (una variable de la ecuación de su éxito) y espero que participéis vosotros, los lectores (la otra variable que despeja la incógnita). Con la compañía de unos y otros esta anciana adolescente de papel seguirá en los quioscos 15 años más. O eso deseo (aunque yo no soplo velas). Mientras tanto, estad atentos a la fiesta: hay un montón de regalos esperándoos a partir del lunes. Eso sí, son todos PlayStation, estáis avisados ;-)

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