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La opinión de
Alberto Lloret

PlayStation Awards y la sonrisa del ganador

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Hay múltiples razones por las que amo este trabajo, y una de ellas es el contacto directo con los desarrolladores. Poder hablar con ellos, intercambiar opiniones sobre su juego o los de otros creadores y conocer su punto de vista sobre ciertos temas que a los jugadores se nos puedan escapar (como las dificultades para conseguir un kit de desarrollo) me parece una de las experiencias más enriquecedoras que se puede tener en este mundillo. Cuando tengo acceso a ellos, procuro también, en la medida de lo posible, escarbar en la parte más personal, en qué supone para ellos desarrollar un juego, qué sacrifican para hacerlo y… siempre lo aviso: soy un “preguntón”.

No lo voy a negar, tengo curiosidad en saber si se puede vivir de esto, hasta que punto son favorables los acuerdos que firman con los editores… En suma, en conocer un poco la “trastienda”, en todo lo que pasa antes de que el juego llegue a nuestras manos. En los últimos meses he podido conecer a algunos desarrolladores españoles que, actualmente, están trabajando en las plataformas de Sony, como los supersimpáticos chicos de STORMBasic (padres del MOBA Invokers Tournament)…

Con todos ellos he podido hablar de forma más o menos informal, off the record, y debo decir que todos, todos, contagian un entusiasmo y una fé en lo que hacen que difícilmente os puedo transmitir. A poco que les “pinches”, se animan y te cuentan su historia, qué habían hecho antes, qué dificultades y ayudas (si las hubiere) han tenido, los desencantos por los que han pasado… Pero siempre, SIEMPRE, en todas historias hay algo común: el entusiasmo y una alegría que te contagia, aunque no quieras.

Suelen ser siempre historias apasionantes, porque al final, son el breve resumen de la vida de una persona o personas que lo han entregado todo para llevar a cabo su sueño: crear un juego. Y ayer, gracias a los PlayStation Awards, tuve el placer de conversar con algunos de estos talentos “emergentes”, hasta ahora desconocidos en muchos casos y volví a sentir una emoción especial. Además, también pude ver, por paradójico que sea, las tres caras de una misma moneda.

Una de esas caras fue la de Darío Ávalos, fundador de Animatoon Indie-Pendent Studios, los creadores de Dogchild (uno de los 12 finalistas de los PlayStation Awards). Pude hablar un rato antes de entrar al recinto donde tuvo lugar la ceremonia, y es un tío que no se olvida fácilmente, Simpático, dicharachero… Comencé mi habitual “bombardeo” y de forma muy ordenada me contó los tumbos qué ha tenido que dar para intentar sacar su juego adelante (como viajar a Vancouver, llamar a la puerta de algunas compañías como EA y que ni siquiera le abrieran la puerta o que en ese momento no le pudieran atender).

Invertir todo su tiempo en el desarrollo del juego –fines de semana incluidos-, arriesgar su propio dinero… y mucho más que no viene al caso. Pero lo realmente sorprendente es la energía, la alegría con que lo cuenta, cómo seguía creyendo en su idea a pesar de todas estas dificultades y sacrificios. No voy a negar que me tocó la “patata” cuando su juego fue elegido como el ganador de los PlayStation Awards y le vi sonreir para, acto seguido, fundirse en un abrazo con su esposa, tan simpática como él. Supongo que tanto esfuerzo tiene que verse recompensado en algún momento… y ese momento fue ayer.

La segunda de estas caras fue la de Jon Cortázar, cabeza visible de Relevo Games, quienes lanzarán Baboon! su primer juego para PS Vita el 28 de enero. Con el mismo entusiasmo estuvimos hablando de su juego, de PS Vita y de otros temas, aunque con Baboon! ya aprobado por la certificación de SCEE, la posición ya era distinta: nerviosismo por ver cómo funciona su juego, agradecimiento por la ayuda recibida por parte de Sony, entusiasmo por todo lo que están aprendiendo… Y, como en el caso de Darío, todo con una pasión y “buen rollo” contagioso.

La tercera y última cara fue la de Arturo Galbete, del estudio Kohda Interactive, los creadores de Cosmic Challenge, otro de los finalistas a los PlayStation Awards. Como en casi todas las historias con un ganador, suele haber un “perdedor” y en este caso él fue uno de ellos. Su juego se fue sin ningún galardón y, a causa de ello, su rostro mostraba una gran preocupación y pena. No lo voy a negar: no intercambié ni una palabra con él porque creí que no era el momento, pero por lo que me comentó mi compañera Sonia, su apuesta con el juego, como la de todos los demás, era total. Pero supongo, o más bien creo, que, como los demás “no-premiados”, o como Darío en su particular historia personal, seguirá creyendo en su título y de un modo y otro lo acabará sacando adelante.

Porque esa es otra de las claves: talento en nuestro país para hacer grandes juegos hay a patadas. Lo que hace falta, como bien dijo ayer Daniel Sánchez Crespo (CEO de Novarama, estudio responsable de Invizimals), es que alguien los escuche y les dé una oportunidad. Si más gente se animara respaldar estos desarrollos, no me cabe la menor duda de que viviríamos una segunda edad de oro del software español. Las ideas y la pasión están ahí, solo hace falta que alguien les tienda una mano.

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