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La opinión de
Alberto Lloret

Preservando el legado (digitalmente)

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Hace bien poco, en el número 199 de PlayManía, repasaba algunas de las razones por las que no me termina de entusiasmar el formato digital. La reciente retirada de P.T. representa mejor que nada uno de mis temores, y es que en cualquier momento y sin opción a réplica, alguien puede retirar un contenido que está en mi biblioteca, sin opción a recuperarlo. Pero, no es menos cierto, que el formato digital también abre opciones que me atraen muchísimo, aunque ahora mismo o no se están explotando… o no se está haciendo bien.

Una de estas opciones que abre el mercado digital a las compañías, y que como amante de lo retro es de las que más me atrae a título personal, es algo tan “sencillo” como reeditar todo su catálogo y hacer que sea compatible con las máquinas actuales. Entiendo que, como pasa con las series de TV o las ediciones en blu-ray o dvd, por temas de licencias y derechos –por ejemplo, con las bandas sonoras-, algunas obras no se pueden reeditar tal cual… pero en líneas generales, el grueso, sí se podría recuperar.

Solo hay que echar un vistazo a, por ejemplo, las tiendas digitales de Apple o Android para ver que por allí vuelven a campar rampantes inolvidables juegos de Spectrum, de la Sega que todos añoramos o incluso de recreativas que nos marcaron en nuestra infancia. Pero, no dejan de ser eso, mercados para unas plataformas que en muchos casos no tienen controles físicos y, en mi caso, simplemente por esta razón, pierden buena parte de su atractivo.

Aún con todo, no hay que olvidar otras barreras, como si el dueño original de los derechos se los vendió a otro editor para un territorio específico y otros problemas legales que, al final, tienen su propio reflejo en las diferentes plazas digitales de cada territorio/consola. Solo hace falta echar un vistazo, por ejemplo, al PSN japonés para ver cómo existen cientos de PSone classics para descargar, mientras que en la tienda europea… pues bueno, ya sabéis lo que hay: poco, y menos aún conservan las traducciones al castellano, el doblaje, etc. etc. etc..

Y pienso que se está haciendo mal porque, desde la óptica de las compañías este patrimonio no se está valorando en su justa medida, bien como una fuente de ingresos adicional, bien como forma de dar a conocer IPs o propiedades intelectuales antiguas que hoy en día no tienen continuación. Pondré como ejemplo uno de mis juegos fetiche, Kung-Fu Master, cuya máquina recreativa data de 1984. Es decir, un juego con 30 años de vida y una trayectoria relativamente corta (su secuela no salió de Japón, por ejemplo).

Imagino que tras lanzar las conversiones domésticas de Kung-Fu Master en los años posteriores (incluido un recopilatorio para PlayStation que se quedó como algo exclusivo de Japón), Irem ya no está recibiendo ningún ingreso, rédito, beneficio o royalty por este juego. Ahora, puestos a seguir con mi sueño, supongamos que Irem crea su propio emulador para PS4 y One, uno capaz de reproducir todas sus recreativas de tiempos pasados. Y que, por un módico precio, por ejemplo a 0,99 o 1,49 euros “la unidad”, puedes descargarte a tu PS4 joyas legendarias como R-Type, Vigilante o el más reciente In The Hunt.

Dudo, y mucho, que fuera yo el único que compraría algunos de esos títulos clásicos. Y simplemente por esta razón, ¿no reportaría más beneficios dar esa nueva vida a estos clásicos que ahora mismo están “muertos de risa” en los archivos de Irem? Quien dice Irem dice el resto de compañías. ¿No es al fin y al cabo lo que están haciendo muchos juegos indie, recuperar estos conceptos clásicos y aplicarlos a una nueva idea? ¿No volvería a dar algo de proyección a sagas, géneros y compañías que no están en su mejor momento?

Algunos, como Capcom con su Arcade Cabinet en PS3 y Xbox 360, han probado suerte con este planteamiento… pero de forma muy tímida, incidiendo en lo que yo considero una fórmula errónea. Primero, porque Arcade Cabinet nació como un experimento cerrado a 15 juegos (más uno gratis, el genial Black Tiger, y otro "sorpresa" por comprarlos todos) no a abarcar todo el catálogo de recreativas de Capcom. Por otro, la política de precios tampoco me parece acertada: cada juego suelto cuesta 3,99 euros, precio que se podría justificar alegando que incorporan mejoras, como ránkings online, juego online...

... pero yo hubiera preferido que ofrecieran la obra original tal cual, sin “adulterar” y a un precio más asequible. Solo así se podría competir con otras iniciativas que hoy en día se pueden encontrar por Internet, como los 2400 juegos gratuitos de MS-Dos que ofrece archive.org para jugar desde el navegador (donde incluso está Street Fighter II), la tienda GOG o Good Old Games (que aparte de las novedades del momento rescata clásicos de PC) o, por qué no, M.A.M.E. el emulador de recreativas que inició el programador Nicola Salmoria.

Este último ejemplo es, quizá una de las claves: el emulador M.A.M.E., compatible con miles de placas recreativas de todos los tiempos, no es ilegal en sí mismo. Lo que lo es, es la posesión de las roms, archívos e imágenes necesarios para que un determinado juego funcione, siempre y cuando no se tenga la placa original. Para cubrir este hueco, son las propias compañías las que deberían dar esta misma opción, de forma legal, al jugador. Porque, si ahora mismo me apetece jugar a Bad Dudes vs Dragon Ninja de Data East en su versión Coin Op, ¿dónde tendría que ir? ¿Al Arcade Vintage de la Comunidad Valenciana?

Como en otros muchos campos, están siendo los propios usuarios con sus medios, su pasión y su trabajo, los que están consiguiendo realmente preservar, de forma digital, el legado de muchas compañías... y eso sin entrar a mencionar las que ya han desaparecido. Entiendo que para muchas compañías no debe ser una tarea sencilla, pero quizá ese esfuerzo que les supondría mirar atrás, les facilitaría poder seguir mirando hacia delante.Y, a los usuarios, acceder de forma legal a ciertos contenidos que hoy en día no es posible.

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