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La opinión de
Sonia Herranz

¿Qué pasa con los juegos Triple A?

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Está claro que me gusta llevar la contraria y meterme en camisas de once varas. Me va la marcha, que dirían algunos. El caso es que últimamente oigo mucho y muchas veces que el problema de esta ya-no-tan-nueva generación es que no hay “Triples A”. Vaya por dios, pues no estoy de acuerdo. Y tampoco coincido con los que dicen que no hay juegos, así, en genérico… Que algo falla es verdad. Que algo raro hay en todo esto, también, pero el problema no está en la escasez de juegos. Y menos aún, de juegos “AAA”.

El problema es, precisamente, que todo el mundo quiere hacer “Triples A”. Nadie desarrolla simplemente “juegos”, sin letras detrás. Con el dineral que cuesta desarrollar un juego para las actuales consolas, no hay sitio para los experimentos, para las pruebas. Hay que producir un juegazo (o al menos, que lo parezca) o nada. Es más, ese desarrollo tiene que poder ser una franquicia, para amortizar. Y ser capaz de absorber mucho DLC, de la forma que sea. Y cuanto más, mejor. Pero, claro, pocos estudios tienen capacidad para hacer desarrollo “AAA” y menos compañías pueden mantener varios desarrollos “AAA” al mismo tiempo. Incluso varios estudios pequeños se unen para culminar un desarrollo grande. No, no faltan “Triple A”, seguramente haya los mismos que siempre… Lo que no hay son juegos de “Doble A” o de “A a secas. Y eso es lo que echamos de menos sin saberlo. Los juegos “normales”. Juegos de clase media. Esos juegos a los que agarrarte cuando el bombazo del momento no es santo de tu devoción, esos juegos que al final se rememoran con cariño y añoranza y que son los que consiguieron que el catálogo de PS2 se recuerde como el mejor de todos los tiempos, por su variedad y capacidad para sorprender.

Ese espacio en blanco que han dejado a la fuerza los buenos juegos, lo han llenado los juegos digitales. Los desarrollos pequeños, de pequeños estudios que sí se arriesgan y prueban a hacer cosas distintas, más que nada porque tampoco tienen capacidad para competir contra las inversiones millonarias de las grandes editoras ni para tratar de hacer un Call of Duty mejor que Call of Duty o un GTA mejor que GTA. Y ahí está Slightly Mad Studios y su Project CARS como excepción que confirma la regla… El juego ha terminado saliendo en formato físico por su alianza con Namco Bandai, pero es un “juego indie” y en principio sólo digital…

Hemos pasado de un equilibrado sistema en el que una misma editora movía varios desarrollos con distintos niveles de inversión y dirigidos a públicos diversos, a tratar de agradar a todo el mundo con un único juego, que además de caro tiene que ser grande y espectacular (o al menos parecerlo). Tiene que ser divertido, profundo y asequible. Todo al mismo tiempo y con gráficos de infarto. Y se termina retrasando. Y es que no se pueden contar los mismos plazos de desarrollo para un “juego normal” de PS3 que para un “Triple A” de PS4, aunque han tardado en darse cuenta… El hueco se está intentando llenar, no con desarrollos más asequibles y menos ambiciosos, si no con lo que se tiene maás a mano, sale más barato y se amortiza: las reediciones y remasterizacios (que sigo sin saber si me gustan o no). Y esa falta de previsión es la que está provocando la sensación de carencia que tenemos ahora. Y es que, si lo pensamos un momento, los juegazos que tenemos la suerte de disfrutar ahora mismo (o muy pronto), como The Witcher III, Project CARS, Bloodborne o Batman Arkham Knight son retrasos del año pasado…

Los que pasen de los juegos de rol, no quieran ver un coche ni en pintura y los superhéroes les pongan los pelos de punta tendrán la sensación de que no hay más, de que ya no hay juegos. No es verdad, hay muchísimos juegos. Desordenado, acumulados en el batiburrillo de los bazares digitales, amontonados esperando que alguien por accidente los descubra. Juegos de los que nadie habla porque no llaman la atención y que no llaman la atención porque nadie habla de ellos. Un perverso círculo vicioso, alimentado con prejuicios e ignorancia y condenado a tender al infinito…

Lo que no hay son juegos de la parte media de la tabla, juegos con el discreto encanto de la clase media. Eso es lo que nos falta. Eso es lo que echamos de menos, aunque no nos demos cuenta. Nos llenamos la boca con lo de los “Triple AAA”. Esto de las “aes” no es más que una calificación. Un juego sobresaliente es un “A” y se le añaden “aes” cuanto “más mejor” sea. Como las estrellas Michelín. Lo gracioso es que es la propia editora la que califica. Originariamente lo usaba para saber en qué juegos de su catálogo hacer una inversión más fuerte en marketing. Ahora esa calificación, antes interna, se ha convertido en si misma en un argumento de venta y los jugadores hablamos de ella como de los 1080 p y los 60 fps, como si significara algo… Significa, básicamente, que hay mucho dinero detrás y no siempre en el desarrollo. Significa que cuantas más “aes” tenga, menos juegos habrá ejerciendo de teloneros. Significa que la clase media ha perdido la partida. Los ricos son más ricos y los pobres son más pobres… Ay, no, que eso es de otra película…

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