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La opinión de
José Luis Sanz

¿Qué tienen en común Sega y Pearl Harbor?

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¿Tiene algo que ver el ataque japonés a Pearl Harbor del 7 de diciembre de 1941 con los videojuegos? Así, a bote pronto, alguien respondería que no. Aunque sólo sea por una simple cuestión cronológica ya que hasta los años 70 no comenzaron a ver la luz aquellos Pongs de todo a cien. Pero por suerte, la historia de Sega se remonta bastantes años atrás...

Y es que en aquellos años 40 del siglo XX existía una empresa llamada Sega (abreviatura de SErvice GAmes), americana 100% y que se encargaba de explotar el negocio de las máquinas tragaperras (o slot machines) y los jukebox por todo el mapa de bases americanas. Uno de esos lugares, bastante alejado del continente por cierto, era la isla de Hawaii y, más concretamente, la base aeronaval de Pearl Harbor.

Allí, además de estar destacado el grueso de la llamada Flota del Pacífico que Japón quería destruir para afianzar su expansión por China y otras colonias europeas, Sega tenía parte de su negocio y por eso había una buena cantidad de slot machines dispuestas a recaudar unos buenos dólares en todas las instalaciones de la base. Y es que el ocio de los soldados allí destacados era un reclamo más que poderoso para engordar las arcas de la, todavía por aquel entonces, compañía americana.

Pearl Harbor era un lugar idílico hasta esa mañana del 7 de diciembre cuando empezaron a caer las bombas japonesas. En el ataque, que desde entonces se conoce en EE.UU. como 'el día de la infamia', se destruyeron muchas embarcaciones entre cruceros, acorazados y destructores. Algunos se hundieron por completo, otros quedaron dañados y pudieron repararse y otros tantos no sufrieron excesivos daños.

La anécdota, contada a mediados de los 90 por un antiguo miembro de Sega Amusements, coleccionista de máquinas recreativas clásicas (tiene una nave industrial muy cerca de Madrid llenita de Pac Man, Space Invaders y demás joyas) e hijo de un alto ejecutivo de Bally-Midway en los tiempos dorados de los pinball y la coin-op culture de principios de los 80 (ya sabéis, Tron, Juegos de Guerra, The Last Starfighter, etc.), era que todos los días, los trabajadores de Sega en Hawaii visitaban cada barco a bordo de una lancha para recoger la recaudación: subían al barco, cogían el dinero de las cajas y volvían a su embarcación para ir al siguiente crucero, destructor, acorazado, minador o lo que fuera.

¿Pero qué ocurrió tras el fatídico bombardeo japonés del 7 de diciembre de 1941 y el desastre que supuso para los Estados Unidos?, pues que Sega mantuvo puntualmente las visitas a los barcos que sobrevivieron al ataque para recoger lo recaudado.

La anécdota viene de una de las visitas a uno de los barcos que sobrevivieron al ataque. Cuando el operario de Sega abrió la caja para llevarse el dinero recaudado, un marinero, visiblemente cabreado, se acercó hasta él para increparle: "¡¡es más fácil que nos caiga una bomba japonesa a que una de vuestras máquinas dé un premio!!".

Es curioso que apenas 24 años después, en 1965, Sega acabara siendo una compañía japonesa 100% con estos precedentes. ¿No os parece?

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