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La opinión de
Óscar Díaz

Sir Peter 'Batidora' Molyneux de Microsoft (RIP)

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Vamos a conquistar mundos. A llamar aldea por aldea hasta tener fuerzas suficientes. A elevar montañas y crear mares. Volemos sobre alfombras mágicas. Apoyemos corporaciones. Seamos dioses, reyes, mendigos y bestias gigantes. Bajemos al infierno. Subamos a la noria. Hagamos milagros. Contemos con los amigos. Traicionemos a quienes nos ayudaron. Lloremos a los perdidos...


Peter, como sé que me lees, te voy a decir que la semana pasada en San Francisco parecías más distante de lo habitual. Que tu iPad no brillaba como hace un año. Cuando llegaste al buffet, te dijeron que sólo tomaras comida fría o bollería fina. Que los platos calientes no entraban en el menú. ¿Cuánto hacía que no te sucedía algo así? Eras el capo, el jefe, el mandamás, quien partía el bacalao, el de las ideas que todos escuchaban, el que decidía lo que valía y quien decía lo que sobraba. Menudo eras, Molyneux.


Altivo, de mirada lejana, con acento peculiar, pausado, estirado, sencillo, con pinta de distraído... siempre pensando, ¿verdad que era eso lo que te pasaba? Que tu cerebro necesitaba toda la energía que podía conseguir y por eso te comportabas así. Pero no siempre fue de esa manera. Yo lo vi.

Un personaje de 'Fable'

Con Fable 3, casi no estabas. Ni te acercaste a Madrid para presentárnoslo. Te habían abducido. Tenías una misión. Todos los talentos trabajaban para ti. Pero te olvidaste del juego en que podías ser rey. Llegó y se fue. Con sus errores sin solucionar. Como tú, que te vas sin avisar. Dejas platos sin llenar y parches sin lanzar.


Nos presentaste a Milo o Dimitri... qué más da ahora. Con esa señora que podía ser su madre. ¿Una proyección de complejos infantiles o la demostración de un futuro que aún no ha llegado? Un vídeo, teatro y recursos desperdiciados. Al menos, antes de irte, parece que Fable The Journey nos dará un poco de esa receta fantástica. La que iba a cambiar la forma en que nos enfrentamos a la consola. Ahora es un juego y no una simulación de lo que podemos hacer cada día, sin esfuerzo y sin gastar electricidad. ¿De verdad querías que nos evadiéramos del mundo y replicarlo en la pantalla? ¿Acaso no son los videojuegos la expresión de lo que no podemos conseguir? Los libros y películas que cuentan lo cotidiano, sin más, son los que muchos encuentran baladí. ¿Acaso no te valían las comparaciones? ¿No en este caso? Literatura, cine y juegos... si al final va a resultar que se parecen.


Hace cinco años te desvivías por un perro. Uno callejero del que contabas maravillas. La montaste buena en tu cocina. Buen té, por cierto. En eso espero que no cambies. Te pusiste serio, condescendiente, con aire de personaje de tus juegos. ¿Te creías un dios? Un can... un animal que muchos tienen en casa. A todos nos gustan los perros, dijiste. Mal comienzo, se escuchó a mi espalda. Había otras opciones, pero por aclamación popular se quedó ahí la cosa. Ahora, sabemos que lo siguiente es un caballo... ¿Llegaremos pronto al mono, Peter? De serlo, será sin ti, supongo.

Prometiste un Fable 2 con la mejor simulación de amigo canino jamás vista. Vale, a nadie parecía importarle. Queríamos rol, un mundo abierto. Un título mucho más grande que el de la primera generación de Xbox. Pero tú estabas a lo tuyo. Tampoco es que saliera mal la cosa, pero, ¿por qué te distraías tanto?

También me acuerdo de cierta Games Convention. Una en la que el tinglado de EA fue colosal. Ellos llevaban tus juegos. Te arropaban y confiaban en tus ideas. Fue antes de que Microsoft te hiciera su estrella. Tú mirabas al techo y yo caminaba a tu encuentro, pero también distraido. Mi frase al percatarme de tu presencia, "¡Hi, Peter, nice to see you again!". Menudo susto te llevaste. Pocas palabras lanzaste, hasta que llegaron los dos de seguridad y te despediste con una sonrisa que mezclaba algo más que alivio. ¿Tan lejos empezabas a estar del mundo que te arropó? ¿Era eso? Que ya no sabías si querías ser tu propio personaje, quizá...

En el 91 me convenciste de comprar una disquetera para Amiga 2000. Fue en Londres, en un Novotel. Buena elección, aunque era la más cara del stand. Le gané buenas pesetas un año más tarde. Pero tú eras otro. Un programador de ilusiones. Un jugador de Dungeons & Dragons. Uno más, con túnica de mago a la espera del master. ¿Es eso lo que buscas ahora? Volver a ser tú mismo, quizá. ¿Llamarás a tus amigos de siempre para la partida de los viernes? ¿Estará contigo Steve Jackson (no confundir con el de Munchkin, que yo lo hice una vez...)? Volverás con EA y, con la ayuda de tus 22 Cans nos traerás un Populous Online, un Powermonger, un Theme Park, un Dungeon Keeper, un Black & White...


Sea como fuere, me gustaría presentar mis respetos ante una muerte anunciada. La de los gurús que se topan con los accionistas. Está claro que una cosa es hacer juegos con un equipo pequeño, con respeto por las ideas, mientras que otra muy distinta es mantener una gran compañía en la cima. Un puesto tan importante como el de director creativo de Microsoft Games Studios, quizá no sea el idóneo para un soñador. Para eso está el de asesor externo de quita y pon, ¿no?

Ahora, aprovecharé para lanzar una teoría, un cuento o una fábula, como quieras. La de un chaval que intentó ser rey, pero se tuvo que bajar de la carroza un día que salió de palacio. De alguien que todavía mantenía su MoJo a punto. Que era capaz de programarse un Sindicate o un Populous para iPad sin tener que molestar a los que tenía por debajo. Uno que intentó hacer malabares para que un gigante diera pasos como tal. Pero que se encontró con algo infranqueable. Intereses que poco tenían que ver con la nostalgia, con querer divertir o con esa idea de que con otra, por pequeña que sea, se pueden crear mundos.

Ahora, con un estudio pequeño, quizá te sea más sencillo hacer esas versiones de juegos que queremos jugar de nuevo, en PS Vita, tablets, Facebook o SmartTVs... en Xbox LIVE Arcade, PSN o la eShop. ¿Qué más da? El caso es que lleguen. Porque es para eso por lo que has dejado tu trono, ¿verdad Peter? Para empezar una nueva vida en el ambiente húmedo de la campiña inglesa, después de perder un crédito en la máquina de la vida. ¿Es por eso? ¿Lo es, Peter? Es por eso. No hay nada que lamentar, a diferencia de lo que dice David Martínez en su blog, ¿eh? Descansa en paz un rato, pero no te pases, por favor. Que el reloj no se detiene y aquí no hay magias que valgan.

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