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Análisis de Journey
Esli

El destino de todo viaje

Me encuentro
en medio de la nada. O, lo que es lo mismo, rodeado de un vasto desierto.
¿Quién soy? ¿Qué hago aquí? ¿Dónde está exactamente “aquí”? Son tantas las
preguntas que, finalmente, decido avanzar. Simplemente camino y, al poco rato,
cualquier motivación se vuelve irrelevante.


A cada paso,
mis pies se hunden levemente en la arena. Es fina, cálida, y reluciente. Y
algunos granos, golpeados por la luz de un espléndido sol, incluso logran
deslumbrarme. Me asombra que algo tan sencillo pueda maravillarme de este modo,
y mientras pienso en ello, ya he llegado a lo alto de una pequeña duna. Una de
las muchas que perfilan el horizonte y dan relieve a la inmensidad que me
envuelve. Y a lo lejos, vislumbro algo parecido a una columna de luz que emerge
de lo alto de una gran montaña. Es en ese momento cuando lo comprendo, o creo
comprenderlo. Debo emprender un viaje.

 

 

Toda obra
tiene un valor intangible, cuya calidad es imposible de medir. El significada
que tenga para cada uno dependerá de su situación personal, sus influencias, y
su sentido perceptivo. Aun así, y teniendo en cuenta lo ridículo que podría
parecer el intento de otorgar una puntuación que represente cuanto nos gusta
algo a nosotros mismos, nos empeñamos en creer que podemos valorar cuán bueno o
malo va a ser un juego para los demás. De todos modos, las reglas son éstas,
cada usuario es libre de puntuar como más cómodo se sienta, y así he hecho yo.
Pero haz el favor de ignorar el número que acompaña a esta opinión, porque no
te va a decir que compres el juego ni que lo ignores. Nada ni nadie va a tomar
esa decisión por ti. Pero, si me dejas, intentaré contarte por qué Journey me
ha maravillado tanto como me ha aburrido, con la esperanza de que al coincidir
o discrepar conmigo puedas llegar a tu propia conclusión.

 

 

Un buen
videojuego impacta desde el primer momento, y Journey lo logra. A pesar de la
sencillez que desprende tanto en su apartado visual como en el control, pronto
descubres que hay mucho detrás. La capa de minimalismo conceptual esconde un
torrente de sensaciones tan profundas como memorables, pero dependerá mucho de
cada jugador y de la actitud con la que afronte su viaje particular. Y ésta es
una de sus principales bazas, ya que al insinuar su planteamiento con cierta
ambigüedad, indirectamente está estimulando la imaginación del jugador.


Desde muy
pronto, prácticamente desde los primeros minutos, el juego invita a dejarse
llevar. Acompañado y reconfortado por la hermosa música, y mientras contemplas
el bello paisaje, comprenderás por qué Journey es un deleite para los sentidos.
Pero no hay mucho más que hacer aparte de caminar, emitir unos tímidos pero
bonitos sonidos, y dar algún que otro salto. Aunque los descensos, por ejemplo,
ofrecen algo de emoción dentro de la monotonía del solitario periplo, muy pocas
cosas requieren algún tipo de esfuerzo en este título, donde el desafío es
prácticamente inexistente. Parece que ha sido diseñado con el objetivo de ser
una experiencia relajante, lo que en gran medida lo hace tan especial.

 

A pesar del
destino incierto que nos aguarda, y a pesar de estar constantemente navegando
por un mar de arena y de dudas, una extraña paz nos impulsa a continuar
adelante y desvelar el secreto, si lo hay, o simplemente convivir con el
misterio. Rendirse a lo inexplicable es el primer requisito para disfrutar de
este viaje, y al hacerlo, te sentirás ligero. Te sentirás libre.

 

En caso de
jugar online, en ocasiones es posible que distingas una figura en la distancia.
Y al acercarte, descubrirás un nómada que te recordará a ti mismo. La
inesperada compañía puede parecer poco útil, y casi seguro vuestros caminos no
tardarán en separarse, tal vez para siempre. Pero el compartir ese breve
instante con alguien, cuando creías estar completamente solo, resulta muy
agradable.

 

Aunque tanto
la crítica como el público se han rendido a la magia de Journey, hay algo que
se ha criticado con la misma unanimidad: su duración. Precisamente, es una de
las cosas que considero más acertadas. Éste viaje se puede comenzar y acabar en
una sentada de dos horas, pero eso no lo hace la mitad de bueno que un juego el
doble de largo. En mi opinión, éste es un viaje que dura lo que tiene que
durar, porque a pesar de ser relativamente breve, yo no lo sentí así, me
cundió. Y alargarlo tal vez no hubiera sido la mejor de las ideas, ya que con
ello se podría haber corrido el riesgo de rozar el tedio. Pero Journey no
comete ese error, no, y ofrece un desarrollo que se ajusta a sus posibilidades,
ni más ni menos.

 

El aclamado
título de thatgamecompany logra que algo tan simple y llano como caminar se
vuelva algo emotivo, casi espiritual. Y al desprenderse de toda complicación
argumental y jugable, consigue que el jugador se dé cuenta de cuán importante
es el recorrido. Y es que a veces, el destino no es otro que el viaje en sí
mismo. Y en este sentido, los demás desarrolladores deberían tomar buena nota.
A veces desearía que no hubiera destino y que el objetivo fuera perseguirlo. Es
una extraña contradicción que no sé expresar de otro modo.

 

 

Journey es un
buen juego. Una pequeña obra de arte, hermosa en lo visual y en lo sonoro.
Pero, ¿es divertido? Sin duda es la característica más valorada en este hobby,
porque jugamos para eso mismo, para divertirnos. Pero si ya es complicado
describir este aspecto en casi cualquier juego, más todavía cuando hablamos de
una rareza como ésta. Aun así, puedo asegurar que  Journey divierte
mientras su apartado artístico fascine al jugador, o éste sea capaz de conectar
emocionalmente con el nómada al que encarna. Por lo tanto, la diversión que
puedas encontrar aquí dependerá de cuán dispuesto estés a probar algo
diferente, y de cuánto te dejes cautivar por los encantos de esta sencilla pero
inolvidable aventura.

 

 

VEREDICTO: 3 / 5  >>> BUEN JUEGO <<<  (Equivalencia HobbyConsolas: 80 aprox.)

 

 

- Esli

 

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80

Muy bueno

Lo mejor

Lo peor

Análisis de HobbyConsolas

    Análisis de Journey para PS4

    Parece mentira, pero ya han pasado casi 3 años desde que Sony y ThatGameCompany lanzaran en PSN –y en exclusiva para PS3- una obra tan atípica como Journey, una poética aventura sin textos ni voces, que deja su bello mensaje a la libre interpretación del jugador. Un título en el que solo intuimos una cosa: debemos alcanzar la cima de una montaña. El resto, queda al descubrimiento del jugador. Explorar, tocar objetos, saltar… esa es la base de su jugabilidad. Un estilo distinto que incluso se notó en su multijugador, en el que otros jugadores entran y salen sin que podamos comunicarnos con ellos, salvo emitiendo sonidos. Un título que

    Hobby

    89

    Muy bueno

    Lo mejor

    La experiencia a 1080p y 60 fps es aún mejor. La BSO.

    Lo peor

    Sigue siendo muy breve. Sin contenido ni trofeos nuevos.

    Journey viaja en este análisis

    Imaginad un enorme desierto, en el que no hay nada más que vosotros mismos y mares de arena. Sois un misterioso nómada, del que no sabéis nada, salvo que puede caminar si movéis el stick de vuestra PlayStation 3. Tras unos pasos, subís una duna y descubrís una lejana montaña de la que surge una llamativa columna de luz. Parece que ese es, precisamente, el objetivo que debemos alcanzar en Journey... El viaje interior Esta aventura parece sencilla desde todos los puntos de vista. El apartado gráfico se limita a desplegar duna tras duna con el goteo de algún edificio ruinoso y nuestro personaje como único protagonista. Colores planos y cálidos

    Hobby

    89

    Muy bueno

    Lo mejor

    La experiencia sensorial que ofrece.

    Lo peor

    Comparado con la mayoría de juegos, es algo corto. Pero no nos importa demasiado...

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