Imagen de perfil de Esli
Análisis de Metal Gear Solid
Esli

Hay dos clases de gamer


los que han jugado a Metal Gear Solid, y los que sólo han oído hablar de él.
Esta review es para ambos.

 

 

A
veces somos capaces de abrazar un instante, siendo más o menos conscientes de
su repercusión. Puede ocurrir con casi cualquier cosa, desde un momento
compartido con alguien querido, hasta el disfrute de un buen libro, película, o
videojuego. Mientras lo vives, sabes que más adelante recordarás ese instante
con cariño. Y al mismo tiempo, no quieres que termine, porque sabes que aunque
puedas repetir o recordar, no será lo mismo. Sólo hay una primera vez.

 

Otras
veces, jugamos acompañados de una ilusión extra, acumulada mientras esperábamos
impacientemente una novedad, o construida por la nostalgia que conserva intacto
el recuerdo de aquél clásico que marcó nuestra infancia. En esos momentos un
gamer corre el riesgo de valorar un juego bajo los efectos del hype, incapaz de
hacerle justicia a la realidad, exagerándola. Por eso, tal vez no me tomes en
serio cuando te diga que Metal Gear Solid marcó un antes y un después cuando
apareció en 1999. Y puede que te cause indiferencia leerme decir que es uno de
los mejores videojuegos de todos los tiempos. Tales elogios se han usado a la
ligera en tantas ocasiones, enalteciendo títulos que finalmente no lo
merecieron, que ahora ya somos inmunes. La etiqueta de Obra Maestra se ha
prostituido y ya no significa nada.

 

Si
tú también lo jugaste, casi seguro te pasó como a mí y desde la primera partida
comprendiste que estabas ante algo grande. Ni hype, ni nostalgia, ni hostias.
Sino pura verdad: la reputación de MGS lo ha convertido en leyenda, porque lo
merece.

 

 

Tactical Espionage
Action

 

El
subtítulo de MGS sugería muchas cosas, y todas resultaron ser ciertas.
Controlando al legendario Solid Snake, el jugador debe infiltrarse en una base
militar de Alaska para neutralizar una amenaza terrorista, rescatar a unos
valiosos rehenes, y descubrir qué narices tiene que ver Metal Gear con todo
eso.

 

Tal
hazaña se lleva a cabo manejando a Snake desde una perspectiva en tercera
persona, y adoptando un modus operandi basado en dos puntos clave: pasar
desapercibido, y enfrentarte a los enemigos sólo si es necesario. Lo primero se
logra gracias a una interfaz y un control claramente orientados al sigilo. Lo
segundo, la acción directa, la aplicaremos cuando el enemigo se percate de
nuestra presencia o cuando toque enfrentarse a uno de sus numerosos jefes.
Estos te sorprenderán por lo emocionante que es luchar con ellos, por lo
variopintos que son, y también por su carisma, una característica poco común en
los personajes virtuales del milenio pasado.

 

Además,
en todo momento tenemos a nuestra disposición un canal de comunicación con los
personajes de apoyo: el Codec. Mediante este dispositivo seremos testigos de
muchísimos diálogos, necesarios u opcionales, en los que recibimos pistas o se
desarrolla una trama llena de misterio, giros, y respuestas.

 

 

“¿Pero qué coño…?”

 

El
desarrollo de MGS es continuamente variado. Tanto, que desearías poder repetir
muchas situaciones que sólo ocurren una única vez. En parte por eso está
considerado como uno de los títulos más rejugables que existen. En ese sentido,
la relativamente escasa duración juega a su favor, haciendo que la pregunta
“¿Eso ha sido todo?” que nos podría asaltar al acabar otros juegos cortos, aquí
se vea remplazada por un “¿Repetimos?”.

 

Es
cierto que algunas de sus sorpresas podrían ser menos sorprendentes hoy, porque
casi seguro has visto cosas similares en títulos más modernos. Pero la mayoría
se conservan intactas, esperando nuevos usuarios a los que dejar alucinados,
para hacerles exclamar lo mismo que diría su protagonista. “¿Pero qué coño…?”.

 

 

Cuando Kojima casó
los videojuegos con el cine

 

Hubo
un tiempo en el que comparar videojuegos con películas todavía no me provocaba
náuseas. Amo el cine casi tanto como amo los videojuegos, pero no me considero
un fan de los híbridos y por lo general prefiero disfrutarlos por separado. MGS
es distinto, la excepción que rompe la regla y el único videojuego peliculero
que de verdad me apasiona.

 

Revolucionó
el medio y nuestra percepción del mismo, al implementar con maestría la
espectacularidad del cine dentro de una jugabilidad que seguía haciendo sentir libre
al gamer más purista. Así, podíamos flipar tanto viendo como jugando, y el ser
espectador de su trama no lastró, sino que acentuó, la intensidad de su
jugabilidad. Y es que en una época en la que muchos todavía nos conformábamos
con que el antagonista dijera “Yo soy EL MALO” (si es que decía algo) para
querer vencerle, es fácil entender por qué el elaborado guión de MGS desencajó
tantas mandíbulas. El argumento añadía motivos para jugar, y ya no lo hacíamos
sólo para divertirnos, sino porque nos habíamos convertido en Solid Snake. Su
misión es nuestra misión.

 

 

El inigualable
encanto de un fósil. Digo, de un clásico

 

Es
inevitable que una opinión ajena pueda sembrar en nosotros ideas preconcebidas
o expectativas con las que luego no pueda medirse la realidad. Y más cuando el
público clama de manera tan unánime las bondades de un juegazo como éste. Pero
no temas, nadie pretende ocultar la ineludible verdad que hace de MGS un título
que para muchos podría ser prehistórico. Llámalo fósil o llámalo vintage, pero
un clásico es un clásico.

 

Habituados
a ver pixeles de la talla XL, estos todavía no se clavaban en las retinas de
ningún usuario de PlayStation a finales del milenio pasado, porque lo cierto es
que hasta entonces no los habíamos visto tan bien puestos como los de MGS. Y a
pesar de haber mantenido el tipo sorprendentemente bien, su apartado visual
contrasta con los graficazos HD a los que hoy ya nos hemos malacostumbrado.
Forma parte de la condición de clásico, el ser superado por productos modernos
obsesionados con el foto realismo, capaces de sortear las limitaciones de
tiempos pasados en los que se cuidaban otros aspectos menos bonitos pero más
importantes.

 

 

Lo mejor está aún por
llegar

 

Experiencias.
Ahora hablamos de ellas en los juegos con total normalidad, trivializando su
significado, porque eso es lo que creemos que nos proporcionan. Cualquiera
puede vendernos un videojuego que nos haga disfrutar, e incluso pensar. Pero no
todos son capaces de hacernos sentir. MGS supuso una de las primeras aventuras
interactivas que de verdad podía llegar a considerarse una experiencia, que
divertía como el mejor videojuego y al mismo tiempo te invitaba a implicarte
como si te fuera la vida en ello. Porque el peligro, la rivalidad, incluso la
tensión sexual, y el resto de elementos diseñados para tocar nuestras
emociones, todo puede llegar a sentirse como algo propio, que llega a
importarnos y nos mueve a seguir adelante.

 

Por
todo lo aquí expuesto (y todas las cosas que me he dejado en el tintero,
algunas de manera intencional), considero que jugarlo es un deber para todo
gamer que sepa apreciar el arte de este hobby más allá de su objetivo de
entretener. Puedes tomártelo como un ejercicio de peregrinación, para entender
mejor los juegos que le siguieron y se vieron influenciados por él. Para
conocer un poco mejor nuestra cultura jugona. Y, en esencia, para disfrutarlo.

 

Existe
un puñado de juegos que me gustan (un poco) más que éste, es cierto. Pero no
hay otro en mi ranking personal que me atreva a recomendar con más seguridad. Y
llegados a este punto, ahora ya puedo decirte lo que realmente vine a decir. Si
no lo has jugado todavía, ya tardas. Porque créeme, no quieres
seguir formando parte de la segunda clase de gamer.

 

 

VIRTUDES: ¿Por dónde empiezo?
Su planteamiento supone una equilibrada balanza en la que jugabilidad y
argumento pesan lo mismo. Y la fórmula funciona mejor que en ningún otro juego
con tendencias cinematográficas, gracias a que sabe aunar los ingredientes de
ambos lados de manera que se potencian el uno al otro, acabando por impactar
más de lo que lo harían por separado. De este modo, su profunda jugabilidad
resulta más satisfactoria gracias al marco argumental, a su épica banda sonora,
y al que me sigue pareciendo el mejor doblaje que se ha hecho en un juego hasta
la fecha. Y su historia es más apasionante gracias a que se ve correspondida
por una interactividad que cumple su función con excelencia, y que sólo a veces
parece olvidar que no es una película, sino un videojuego.

 

DEFECTOS: Su trabajado guión
se recrea en unas cinemáticas que en ocasiones resultan excesivas. Aunque lo
notes, es probable que en la primera partida no te parezca un defecto debido a
su elevada calidad narrativa, y también a que la necesidad de buscarte la vida
ocasiona sesiones de juego que cunden y disimulan su descarada inclinación
peliculera, a pesar de las interrupciones frecuentes.

 

 

VEREDICTO: 5 / 5  >>> Obra Maestra <<<  (Equivalencia HobbyConsolas: 99 aprox.)

 

 

El
videojuego que popularizó el sigilo y se ha mantenido como su referente, que
cogió lo mejor del cine y lo mejor de los videojuegos para hacer algo único y
revolucionario, Metal Gear Solid rompe las barreras del hype y de la nostalgia
y se alza como un juego atemporal. Una obra maestra.

 

Una
leyenda.

 

 

Blog  |  Nexo Gamer  |  Más reviews

 

 

-
Esli

 

Dedicado a mis amigos del Nexo, quienes aman
este juego tanto como yo (o deberían). En especial a Isra, él sabe por qué.

99

Obra maestra

Lo mejor

Lo peor

Análisis de HobbyConsolas

Más análisis de usuarios