Reportaje

Así es la demo de Metal Gear Rising

Por David Martínez
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Hideo Kojima sí que sabe cómo aumentar el atractivo de los juegos. Este mes aparece Zone of the Enders HD Collection para PS3, Xbox 360 y Vita, y para hacerlo aún más irresistible, incluye una demo jugable de Metal Gear Rising Revengeance (en consolas de sobremesa) cuyo lanzamiento está previsto para febrero del año próximo.

Puede que no sea uno de los Metal Gear canónicos (la serie numerada, y protagonizada por Solid Snake), pero este juego de acción, fruto de la colaboración entre Konami y Platinum Games (creadores de Vanquish o Bayonetta) se está convirtiendo, poco a poco, en uno de los juegos más prometedores de los próximos meses. Ya os hemos mostrado algunas imágenes del juego en movimiento y ahora llega el turno de hablaros de esta demo.

La guerra del futuro

El juego está ambientado cuatro años después de MGS 4: Guns of the Patriots, cuando la guerra está controlada por Corporaciones Militares Privadas. Como sabéis, nosotros encarnamos a Raiden, convertido completamente en un cyborg (organismo cibernético humano) que trabaja para Maverick Security Consulting. Raiden forma equipo con Boris, el coordinador de operaciones, con un médico (al que llama Doktor) y con dos encargados de logística: Courtney y Kev Washington. Este grupo se enfrenta a la organización Desperado Enforcement, que ha respaldado una revolución en Sukhumi, capital del país africano de Abjasia, y ha acabado con su gobierno.  La demo comienza en cuanto Raiden llega a la costa de Abjasia (tripulando un dron volador).

La poesía de la violencia

Metal Gear Rising Revengeance es un juego de combate. El título cuenta con un sistema de batalla básico, con dos tipos de ataque y salto, que se desarrolla con una fluidez pasmosa. Para detener los ataques enemigos, basta con presionar el botón de ataque básico mientras nos movemos con el stick derecho, lo que consigue que la acción en pantalla sea casi como un ballet, adornado con  múltiples efectos de distorsión, salpicaduras,  chispas... y una física contundente. Se nota la herencia de Platinum Games en Bayonetta.

Ya en los primeros enfrentamientos podemos hacer uso del modo katana. Congelamos la acción durante un tiempo limitado, mientras que controlamos los cortes que hacemos con el stick derecho (el ángulo es variable, pero la fuerza es constante). Con los primeros enemigos, podemos enlazar una veintena de golpes, que les hacen cientos de pedazos; menos mal que se trata de cyborgs, por lo que el juego no es demasiado "gore".

A medida que practicamos con el modo katana, los cuerpos de nuestros adversarios se convierten en un lienzo, sobre el que podemos "crear arte" con nuestra espada, como si fuese un pincel. No es sólo cuestión de escoger los ataques más efectivos, sino de aprovechar la física para que los combos sean más largos. Hay pocos juegos de lucha tan satisfactorios, ¡desde el primer minuto de juego!

Si presionamos un botón en el momento adecuado, arrancamos la médula espinal de nuestros rivales (para recuperar energía) y si les quitamos la mano izquierda, donde se guarda un módulo de memoria, aprendemos nuevas habilidades.

 Algo de infiltración

No podemos olvidarnos de las raíces de Metal Gear. Tras acabar con los primeros centinelas, atravesamos una zona interior, donde pillamos a uno de los guardias desprevenido. Basta con colocarse cerca de él y presionar un botón para ejecutarlo de manera silenciosa, y conservar la sorpresa. Por cierto, si nos descubren, sonará la misma alerta que en la saga original, y también se activará una alarma con cuenta atrás.

Otro de los elementos que nos ayudan a infiltrarnos es la realidad aumentada: una visión especial que destaca la presencia de enemigos y cajas de suministros en el escenario, y que podemos activar en cualquier momento. Con apenas 10 minutos de juego (contando los vídeos de introducción y las conversaciones por CODEC, estamos en la zona más abierta (y complicada) del primer nivel.

Nosotros podemos elegir la forma de jugar: combates rápidos, ataques en profundidad (utilizando el modo katana) o "tirar" de armas secundarias, como las granadas y el lanzacohetes RPG. Los escenarios en varias alturas, con obstáculos destructibles y otros fijos nos otorgan un buen abanico de opciones. Y será mejor que las tengáis todas presentes para hacer frente a los tanques tipo Gekko (los mismos bípedos de MGS 4) con los que vamos a enfrentarnos.

Estos enemigos no son los únicos que conservan el sensacional estilo visual de Yoji Shinkawa. Aunque los soldados  comunes están concebidos por el equipo de Platinum Games, todos los jefes finales son responsabilidad de Kojima Productions, lo que garantiza la coherencia de Rising Revengeance con toda la saga (e incluso apariciones estelares, como la de Metal Gear Ray). La demo termina con un combate contra el primer "miniboss".

El primer desafío

Los Gekko no son las únicas bestias mecánicas que nos van a poner las cosas difíciles. Este robot de cuatro patas es el LQ84i, una especie de felino acorazado, programado para acabar con Raiden y armado con dagas voladoras y  una sierra mecánica en el extremo de su cola. LQ84i es capaz de apoyarse en las paredes y lanzarse contra nosotros a toda velocidad, y además puede convocar oleadas de enemigos con un rugido.

Sin embargo, después de 20 minutos de juego, hemos ganado cierta experiencia  con la espada y no resulta muy difícil deshacerse de él. La clave está en usar el modo katana en el momento justo, y mantener su cuerpo en el aire mientras le asestamos decenas de cortes.

Primera impresión

Metal Gear Rising Revengeance arrastra tras de sí cierta polémica. El cambio de desarrollador, su planteamiento como spin-off o el protagonista no hacían augurar nada bueno. Sin embargo, las tres demos que se han publicado hasta el momento (el E3, el pasado Tokyo Game Show y ésta, la primera pública) han conseguido despejar las dudas. Es verdad, no se trata de un Metal Gear al uso, y técnicamente, aunque sólido, aún requiere bastante trabajo. Pero nos ha encantado: vamos por nuestra "tercera vuelta" y cada vez disfrutamos más de los combates.  

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