Reportaje

DOOM - Análisis retro

Por Javier Parrilla Ruiz
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DOOM tiene previsto volver por todo lo alto este año con su reboot, pero el mito lo creó el juego original lanzado en 1993. Todo un clásico de los videojuegos y referente de los first-person shooter.

DOOM, el primerísimo de todos, fue lanzado en 1993 para el sistema operativo MS-DOS. Desarrollado por id Software, el juego ha tenido numerosos ports para diferentes plataformas como Atari Jaguar, Sega 32X (la primera versión para consolas en Europa), Sega Saturn, PSone, 3DO, Super Nintendo o Game Boy Advance, entre otras revisiones.

DOOM es un clásico dentro de su género y de los videojuegos en general. Uno de esos títulos que permanecen en la memoria colectiva por ser un referente, un punto de inflexión que sentó las bases de los videojuegos de disparos en primera persona, también conocidos como FPS (first-person shooter). El precursor fue Wolfenstein 3D, también desarrollado por id Software, pero DOOM amplió la experiencia y fue el modelo a imitar. Antes de que se extendiera el término FPS, los juegos del mismo género eran definidos como "es un clon de DOOM".

DOOM, un nombre y un logotipo que han hecho historia

DOOM nos presentaba una trama de ciencia ficción de lo más inquietante: Un marine sin nombre, apodado como 'Doomguy', es el único superviviente de la estación espacial de Phobos, una de las lunas de Marte. En el portal interdimensional entre Phobos y Deimos se desata la apertura del mismísimo infierno. Diferentes demonios invaden las instalaciones de la UAC y aniquilan a todos los compañeros del protagonista.

Nuestro objetivo era ayudar a 'Doomguy' a sobrevivir a las hordas infernales. Sin embargo, el personaje no se andaría con chiquitas. El avance por los niveles de DOOM era un derroche de acción pura y dura sin reparar en sangre y casquería. Un gore hecho de píxeles, pero muy explícito y controvertido en plena década de los años 90. Terror, acción y ciencia ficción iban de la mano en una odisea espacial en la que lo importante era la supervivencia a costa de cargarse a todo bicho viviente que se acercara a la pantalla.

En DOOM no había piedad con los enemigos, ni siquiera con nuestros antiguos compañeros

En esta masacre desenfrenada contra diablos y demonios, acompañada de una gran banda sonora, encontrábamos varios enemigos salidos del averno. Cada uno de ellos tenía sus particularidades, como ataques propios según la distancia a la que se encontraran de nosotros o mayor debilidad a un arma en concreto. En primer lugar, en DOOM teníamos a nuestros compañeros marines convertidos en zombis tras la invasión infernal, además de sargentos zombis. Luego estaban los diablillos con sus bolas de fuego, todo un incordio cuando se presentaban en grupo. Por otro lado, las almas perdidas eran cráneos llameantes que levitaban, poniendo a prueba nuestra puntería. Otros que flotaban en el aire eran los cacodemon, los enemigos 'más monos' del juego con su único ojo y su sonrisa profident. También habían unos demonios que destacaban por el gran tamaño de su cabeza, aparte de su versión invisible como espectros.

En cuanto a los enemigos más duros de roer de DOOM, teníamos a unos cuantos que nos ponían las cosas difíciles. Por ejemplo, los barones del infierno, con su representación cual demonio con forma de cabra, daban bastante respeto. Otro era el Cyberdemon, uno de los jefes finales de DOOM. Con su estatura colosal y un lanzacohetes implantado en su brazo izquierdo, la batalla contra esta bestia parda era un estallido de adrenalina. Al vencerle, lo más probable es que recuperáramos la consciencia de volver a pestañear. Por último, estaba Spiderdemon, el jefe final de DOOM, una especie de enorme cerebro montado sobre un aparato cibernético similar en apariencia a una araña.

Cyberdemon, un final boss temible y épico a partes iguales

El arsenal de armas de DOOM estaba compuesto por la típica pistola, la escopeta, la ametralladora y el lanzacohetes. Luego teníamos el rifle de plasma y la BFG 9000, las armas más poderosas del juego, sobre todo esta última, con sus proyectiles de energía y sus bolas verdes de energía, respectivamente. Sin embargo, no todas las posibilidades de ataque eran tan tecnológicas. También podíamos usar una motosierra para deleite de los fans del cuerpo a cuerpo o nuestros propios puños, aparentemente inservibles e inofensivos contra las criaturas del infierno.

Lo gracioso de los puños en DOOM era que podían potenciarse con el ítem adecuado. Si encontrábamos un botiquín negro, entrábamos en modo berserker. Es decir, en un estado de superhombre con la pantalla en color rojo durante unos instantes. Todo un power-up que permitía encararnos de tú a tú contra las hordas enemigas en un breve intervalo de tiempo.

¿Quién da más miedo? ¿Spiderdemon o nosotros con un 26% de vida?

Nuestro paso por los escenarios de DOOM dejaba constancia de las contiendas que habían tenido lugar. Restos de demonios y sangre se repartían por los niveles del juego en un espectáculo dantesco. El gore se mostraba sin complejos. Prueba de ello era que cada tipo de enemigo tenía su animación propia de derrota. Por otro lado, las fases del juego se componían de complejos mapeados con diferentes alturas, secretos y zonas bloqueadas; toda una evolución con respecto a los entornos planos de Wolfenstein 3D. En ellos podíamos surtirnos de armaduras, botiquines y munición, entre otros objetos.

Lo que sí era muy similar entre DOOM y Wolfenstein 3D, su precursor, era la interfaz de la información en pantalla: Una barra inferior con todos los datos y la cara del protagonista en el centro que reaccionaba a nuestras acciones y al ataque enemigo. DOOM tampoco escatimó en detalles gore en este sentido. A menor porcentaje de vida, más sangriento y demacrado estaba el rostro del personaje, dando pavor verle cuando estaba a punto de llegar a cero. Eso sí, nada como un buen botiquín para eliminar toda imperfección de la cara, recuperar el blanco de los ojos y cerrar heridas. ¿Sangre? ¿Dónde? Listo en un santiamén.

Los Barones del Infierno de DOOM en su máximo esplendor

Este primer DOOM tuvo una versión ampliada llamada The Ultimate DOOM. Lanzada en 1995, esta revisión del juego contenía un cuarto episodio con nueve niveles más. A partir de ahí, la saga continuó con DOOM II y DOOM 3, además de varios spin-offs como Final DOOM o DOOM 64, entre otros. Además, las versiones para PC de la franquicia se han nutrido de varios mods como Brutal DOOM. Por si fuera poco, hemos tenido hasta adaptación al cine de DOOM, aunque el largometraje no le hace justicia al juego como suele ocurrir con la mayoría de las películas basadas en videojuegos.

Este año 2016 saldrá el nuevo DOOM, considerado un reboot de la franquicia al llamarse igual que el original de 1993. Recordamos que DOOM 4 fue cancelado y se empezó de cero con el desarrollo de la próxima entrega, presentada el año pasado durante la conferencia de Bethesda en el E3 2015. Este reinicio de la saga saldrá para PS4, Xbox One y PC con intención de mantener la esencia del clásico, pero con la calidad gráfica de los tiempos actuales. Todavía no se ha concretado su fecha de lanzamiento, pero el juego promete recordarnos los motivos por los que DOOM forma parte del olimpo de los videojuegos.

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