Reportaje

Gamescom 2015: Avance de Homefront The Revolution

Por Rafael Aznar
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Desde que supimos que Homefront: The Revolution estaría en la Gamescom 2015, pensamos que sería uno de los juegos más destacados de la feria. Tanto es así que incluso tuvo su hueco en la conferencia de Microsoft. Sin embargo, tras haber probado una demo de la versión de Xbox One, parece que aún le quedan muchos efectivos que reclutar si de verdad quiere sorprender y no quedarse en una simple declaración de intenciones.

Homefront: The Revolution es uno de los juegos que más ruido han hecho en la Gamescom 2015, pues estuvo en la conferencia de Microsoft, cuando, hasta ese mismo día, no se había visto demasiado de él. Por eso, cuando supimos que se pasaría por Colonia, no dudamos en fijar una cita para poder catarlo de primera mano. Sin embargo, aunque tiene muy buenas ideas, a día de hoy el proyecto dista mucho de ser lo que se espera de él, y es una opinión que comparten con nosotros otros periodistas que lo han podido probar.

El juego llegará a PS4, Xbox One y PC en 2016, a priori a principios de año, aunque no sería de extrañar que sufra un nuevo retraso, pues ya decimos que le queda mucho por pulir. No sabemos hasta qué punto pueden haber influido en el desarrollo los vaivenes que ha habido. Hay que recordar que Deep Silver adquirió la IP tras el cierre de THQ y que la puso en manos de Crytek UK, un estudio que ha sufrido algunas reestructuraciones y que, a día de hoy, se llama Dambuster, aunque, en principio, los miembros siguen siendo los mismos en su mayoría.

Corea ataca de nuevo donde más duele

Homefront: The Revolution estará ambientado en 2029, cuatro años después de los sucesos de la primera entrega, en la que se presentaba un futuro hipotético en el que Estados Unidos había sufrido una invasión de la Corea del Norte de Kim Jong-un. Como curiosidad, cuando se desarrolló el juego, éste aún no había sido nombrado siquiera líder supremo del país, por lo que fue profético en cierto modo. Esta vez, se ha optado por llevar la acción a Filadelfia, por ser la cuna de la independencia estadounidense y, según nos contaron sus responsables, por las posibilidades que ofrece en cuanto a arquitectura o diversidad cultural.

La gran novedad de esta secuela es que será un juego de mundo abierto y que tendrá un modo cooperativo, en contraste con la campaña lineal y el multijugador competitivo que caracterizaron a la primera entrega. Así, en lugar de vivir el típico enfrentamiento entre dos ejércitos, viviremos una guerra de guerrillas, en la que encarnaremos a un miembro de la resistencia. Por tanto, estarán a la orden del día las emboscadas, la infiltración o las huidas. A eso, hay que añadir el hecho de que podremos reclutar a nuevos miembros y recabar recursos para construir nuevo equipamiento o personalizar el que tengamos.

Partiendo de esa premisa, la demo que nosotros pudimos probar, en su versión para Xbox One, se correspondía con lo que se mostró en la conferencia de Microsoft. El control es el típico de un shooter en primera persona, bastante básico. A diferencias de otros juegos de tiros, apuesta por el realismo al máximo, sin trajes voladores o parkour. Eso sí, habrá algunos objetos especiales que darán mucho juego, como granadas para piratear los drones del enemigo o coches por radiocontrol que podremos hacer estallar ante una patrulla. Quizás lo más llamativo es que podremos recoger materiales del entorno para modificar nuestras armas, de modo que, por ejemplo, una simple escopeta podrá transformarse en un lanzagranadas.

Dado que el juego será de mundo abierto, habrá múltiples zonas que visitar. Más concretamente, Filadelfia se dividirá en tres grandes áreas: verde (donde prevalecerá el control del ejército coreano), amarilla (el gueto donde vivirá la población oprimida) y la roja (el área de más peligro, donde los soldados enemigos no dudarán en atacarnos en cuanto nos vean). A medida que conquistemos zonas, veremos cómo éstas se van llenando de civiles. De momento, podemos corroborar que se podrán manejar motos, aunque, si nos atenemos a la demo, no parece que los escenarios vayan a dar mucho de sí para correr, pues estarán llenos de barricadas y, realmente, no habrá grandes espacios abiertos para dar rienda suelta al acelerador.

El CryEngine 3, una bestia tímida

A priori, uno de los puntos fuertes del juego será el uso del CryEngine 3, el motor gráfico que tan buen resultado dio en Crysis 3. Gracias a él, habrá ciclo día-noche y climatología dinámica. Según sus responsables, el juego no habría sido posible con otro motor.

Pues bien, es cierto que hay buenos mimbres (como, por ejemplo, la linterna de las armas y el modelado de algunos personajes), pero el grado de detalle general nos ha dejado tremendamente fríos, al menos si nos atenemos a la versión de Xbox One, que fue la que nosotros pudimos probar. Puede que fuera por ser una pre-alpha o porque las condiciones del nivel que jugamos no fueran muy vistosas, pero lo que vimos nos pareció flojísimo y poco inspirado, con muchos tonos grisáceos y marrones que, desde luego, no entraban por la vista. Esperemos que esto sólo sea un espejismo y la versión final del juego sea digna del motor que utiliza.

Por lo general, tendemos a ser muy optimistas con los juegos nuevos que probamos o vemos. De hecho, la Gamescom 2015 ha dejado un puñado de ellos que nos han maravillado (Metal Gear Solid V, Scalebound, Quantum Break, Mafia III, Just Cause 3, Mad Max, Star Wars Battlefront, Dark Souls III, Rainbow Six Siege, Mirror’s Edge), pero, desde luego, Homefront: The Revolution es uno de los títulos que más nos han decepcionado, sin ningún tipo de duda. El planteamiento de abrir la saga hacia un mundo abierto nos gusta, igual que la presencia de un modo cooperativo paralelo a la campaña, pero la primera demo jugable nos ha dejado muy desencantados. Ojalá que la versión final esté mucho más rematada en todos los sentidos, aunque ello implique encadenar un nuevo retraso.

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