Reportaje

The Legend of Zelda - Análisis retro

Por Javier Parrilla Ruiz
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The Legend of Zelda, el primer juego de la saga de Nintendo, cumple treinta años este 2016 desde su lanzamiento en Japón para Famicom Disk System. La primera aventura de Link revolucionó el mercado por su concepto no lineal.

The Legend of Zelda es una de las sagas más emblemáticas del mundo de los videojuegos y uno de los buques insignia de la factoría Nintendo. Protagonizada por Link, a lo largo de estos treinta años hemos visto al héroe hyliano con diversos aspectos: Desde sus edades más tempranas hasta su etapa como adulto, usando máscaras, transformado en lobo, con gráficos cel-shading, haciendo cameos en otros videojuegos e, incluso, su versión femenina, denominada Linkle.

Los orígenes de la saga The Legend of Zelda se remontan al año 1986 con el lanzamiento del primer videojuego de la franquicia el 21 de febrero de aquel año en Japón para Famicom Disk System, un periférico para NES que empleaba disquetes para almacenar datos, en vez de los clásicos cartuchos de la época. Sin embargo, nosotros pudimos disfrutarlo en Europa a partir del 27 de noviembre de 1987 para NES, la consola de sobremesa de 8 bits de Nintendo, en cartucho y siendo este el primero que incluía una batería interna para salvar la partida.

Puro amor retro

El primer videojuego de The Legend of Zelda nos presentaba el mundo de Hyrule, un reino repleto de regiones muy diferenciadas, como bosques o desiertos, de ambientación medieval fantástica. Hyrule no solo sería el escenario de los videojuegos de la saga The Legend of Zelda, sino que también supondría un universo de fantasía virtual que revolucionaría el concepto de los videojuegos por su dinámica y por la experiencia que daba al jugador. Todo un adelantado por su planteamiento no lineal.

Diseñado por Shigeru Miyamoto y Takashi Tezuka, el primer juego de The Legend of Zelda combinaba aventura, acción, puzles y exploración en una perspectiva top-down. Esta fusión de géneros otorgaba al jugador una libertad inusitada para la época en la que podíamos avanzar a nuestro antojo. Si es cierto que para completar algunas mazmorras necesitábamos algún objeto especial que se encontraba en otra distinta, por lo que tal vez teníamos que retroceder sobre nuestros pasos. Esta situación de "¿a dónde voy?" o "voy a ir por aquí" presentaba una nueva experiencia para los jugadores por aquel entonces, siendo el primer The Legend of Zelda un precursor de lo que entendemos actualmente como videojuegos de mundo abierto.

Link recogiendo uno de los fragmentos de la Trifuerza de la Sabiduría

La historia del primer The Legend of Zelda también tenía a una princesa custodiada por ur ser malvado. Exactamente, la Princesa Zelda estaba presa en la Montaña de la Muerte por culpa de Ganon, Príncipe de la Oscuridad y villano absoluto del videojuego. Aparte, nuestro enemigo tenía en su poder la Trifuerza del Poder, una de las tres piezas de la Trifuerza, reliquia dorada compuesta por tres triángulos equiláteros y símbolo de la franquicia. Nuestra misión era rescatar a Zelda. Para ello, teníamos que recorrer Hyrule en busca de los ocho fragmentos de la Trifuerza de la Sabiduría, otra de las piezas de la Trifuerza.

Los ocho fragmentos de la Trifuerza de la Sabiduría se encontraban repartidos en ocho mazmorras distribuidas por todo el reino de Hyrule. Cada mazmorra del primer The Legend of Zelda era un conjunto de habitaciones y estancias conectadas de forma laberíntica. En ellas luchábamos contra monstruos distintos a los habituales de los parajes exteriores, aparte del enfrentamiento final contra un jefe guardián para obtener el fragmento en cuestión. Con todos los trozos de la Trifuerza de la Sabiduría recopilados, ya estábamos preparados para acudir a la Montaña de la Muerte y enfrentarnos a Ganon en su forma de cerdo antropomorfo para vencerlo con las fechas de plata.

Una de las hadas que encontrábamos en The Legend of Zelda

Además, en cada mazmorra del primer The Legend of Zelda íbamos consiguiendo nuevas armas y objetos de utilidad para volvernos más fuertes. Otros, se obtenían a cambio de rupias, la moneda de la saga, en otros lugares concretos de Hyrule. Link usaba, aparte de su espada y escudo, un arco, un bumerán y su versión mágica, el cetro mágico, bombas, la flauta, la vela azul o la roja y el anillo azul o rojo, entre otros utensilios para resolver los acertijos y atacar a nuestros enemigos para proteger nuestros corazones, la salud del videojuego.

Cuando terminábamos el primer The Legend of Zelda, teníamos la posibilidad de volver a pasarnos el juego en su Second Quest. Esta segunda vuelta al mundo de Hyrule con el mismo cometido convertía a todos los enemigos del videojuego en seres más fuertes. Además, las ubicaciones de las mazmorras estaban cambiadas. Por ello, aparte del incremento de la dificultad, volvíamos a sentir la sensación de libertad (o de confusión) para avanzar en nuestra odisea.

La batalla final contra Ganon

Con todos estos ingredientes, el primer The Legend of Zelda era una aventura completa y rejugable, con variedad de objetos y armas para emplear a lo largo del juego, y un mundo sorprendente por descubrir. Tres décadas después de su lanzamiento, el fulgor de su Trifuerza no se ha apagado y este juego sigue rebosante de poder por considerarse precursor de los juegos de mundo abierto y de género RPG, repleto de valor por arriesgar en su época con su concepto no lineal y exultante de sabiduría por ser un clásico del catálogo de NES y un ejemplo de la historia de los videojuegos.

El trigésimo aniversario de la saga The Legend of Zelda nos tiene preparados dos grandes lanzamientos este año. En primer lugar, el más próximo, The Legend of Zelda: Twilight Princess HD para Wii U, la remasterización en alta definición del videojuego lanzado en GameCube y Wii en el año 2006. En segundo lugar, el nuevo The Legend of Zelda, del que todavía se desconoce su subtítulo y si saldrá, aparte de en Wii U, para Nintendo NX, el próximo sistema de entretenimiento de Nintendo. El regreso de Link con el universo de Hyrule será uno de los platos fuertes del presente 2016. Disfrutemos de su llegada.

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