Reportaje

Los mejores futuros desoladores

Por Raquel Hernández Luján
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Queremos compartir contigo un viaje a los futuros más desoladores que nos ha planteado el cine, ya sea adaptando grandes novelas o produciendo guiones que nos sitúan en escenarios tan amargos como creíbles. ¿Te atreves a ponerte en lo peor?

Hace muy poco que os ofrecimos la crítica de Elysium la última película de Matt Damon y Jodie Foster, que se estrena el próximo 16 de agosto en nuestro país. Lo que nos ha dado pie a investigar un poco sobre los futuros más desoladores que nos ha ofrecido el cine. Hay mucho donde elegir. Tanto es así, que este reportaje da para una segunda, una tercera parte, un reboot y hasta un par de sagas, pero vamos a centrarnos en algunas joyitas que tienen ese "je ne se quoi" que las hace únicas...

Ya os advertimos que en mayoría de las ocasiones los peores futuros que encontramos en la cinematografía son directamente causados por el hombre, así que será cuestión de planteárselo como una advertencia de hacia dónde NO debemos ir.

Vamos allá, introduzcámonos de lleno en nuestras peores pesadillas y hagámoslo para aprender algo de las procelosas aguas en las que nos sumergiremos:

La naranja mecánica: cuando para la orgía

"La naranja mecánica", la novela de Anthony Burgess publicada en 1962, fue adaptada por Stanley Kubrick en la película homónima en 1971. Se trata de una de las distopías más célebres del mundo del cine y creedme si os digo que sigue sobrecogiendo como el primer día.

 


 

Tan original como perturbadora, la cinta del cineasta nos arrastra a contemplar escenas de ultraviolencia protagonizadas por una serie de individuos cuya historia es narrada por Alex DeLarge (el inolvidable Malcolm McDowell) al que posteriormente se introducirá en un programa de reeducación cruel y efectivo.

 

Kubrick recurre a todo tipo de elementos narrativos para subrayar las brutales imágenes: ralentizados, cámara en mano, collages... Rompedora en cuanto a su concepción formal y a su desafiante contenido, es una de esas películas de obligado visionado que también nos enfrenta a una realidad asfixiante: la destrucción que genera la violencia desmedida y la reflexión final: ¿quién vigila a quien nos vigila? ¿Abandonar la violencia conduce a la indefensión?

1984: ellos tienen el control

A finales de la década de los 40 George Orwell escribió "1984", una novela que todos deberíamos leer (junto con "Rebelión en la granja", otra obra alumbrada en los últimos años de su vida). Sin lugar a dudas es el icono de la brutalidad totalitarista de la literatura que tuvo su plasmación en una película dirigida por Michael Radford en ¡1984! 

Winston Smith (John Hurt) es el personaje principal de la cinta, un hombre que trabaja en el Ministerio de la Verdad reescribiendo la historia e ironizando así el ideal declarado en el nombre del Ministerio. En férreo control de la información, la dominación de las libertades de los individuos y su sometimiento al Gran Hermano, cuyas prácticas podrían compararse con las del comunismo y el fascismo, son los ejes centrales de una película que nos pone frente a frente del peor enemigo del hombre: el propio hombre.

Fahrenheit 451: el trágico destino de los libros

La excelente novela del 53 escrita por Ray Bradbury también nos presenta un mundo distópico en el que un régimen totalitario trata de eliminar la angustia que experimentan los individuos al leer libros. En términos de eficiencia rinden más y se concentran mejor en sus tareas si son felices y no se cuestionan sus pasos.

La versión cinematográfica del muy recomendable libro que hace alusión a la temperatura a la que arde el papel es obra de uno de los grandes del cine: François Truffaut, que traslada uno de los pasajes esenciales de la novela de tal forma que hace que se te salten las lágrimas: aquel en el que se muestra a los hombres-libro que vagan por los bosques recintando de memoria sus libros para no perder la literatura aunque sea por medio de la tradición oral.


La trama gira en torno a Montag, un bombero encargado de quemarlos que comienza a cambiar cuando conoce a Clarisse, una joven tachada de "antisocial" por el gobierno.

Gattaca: la selección genética

No hay mayor forma de control sobre la población que la selección genética... Probablemente es uno de los fantasmas que atormentan la imaginación humana desde que mucho antes de la Segunda Guerra Mundial aparecieran los primeros tratados sobre la eugenesia, aunque digamos que la eclosión de esa línea de pensamiento estuviese íntimamente relacionada con el Tercer Reich.

El título de la película es una secuencia de ADN y la simbología genética es omnipresente a lo largo de la cinta en la simbólica escalera espiral del apartamento del protagonista o el segundo nombre de Jerome, Eugene con la misma raíz griega que eugenesia.

 

La película, escrita y dirigida en 1997 por Andrew Niccol crea una atmósfera y un mundo muy particular que se relaciona en cierta forma con otro clásico de la literatura: "Un mundo feliz" de Aldous Huxley y que viene a poner en valor la forteza de la inteligencia y la pasión de la voluntad por encima de la segregación.

12 monos: presas de la enfermedad

Un clásico que hay que revisitar y que nos introduce de lleno en el laberinto de la mente humana. El juguetón Terry Gilliam, autor de los libretos de las películas más desternillantes de los Monty Pyton y director de cintas como Brazil, El rey pescador o Miedo y asco en Las Vegas nos sorprenderá a finales de año con Zero Theorem, una película de corte fantástico de la que os hablaremos en breve.

En el año 2035 y tras la epidemia provocada por un virus asesino que ha matado a millones de personas, los supervivientes se refugian en comunidades subterráneas. El prisionero James Cole se ofrece como voluntario para viajar al pasado y conseguir una muestra del virus, gracias a la cual los científicos podrán elaborar un antídoto. Durante el viaje conoce a Jeffrey Goines, un enfermo mental muy peculiar. Cole tratará de encontrar al ”ejército de los 12 monos”, un grupo radical vinculado a la mortal enfermedad.

 

El sello del estilo de Gilliam es bárbaro, arrancando una interpretación memorable tanto a Bruce Willis como a Brad Pitt y mostrando imágenes asombrosas como la del león en la azotea, tan original como impactante.

Terminator: apocalipsis robótico

¿Qué sería del ser humano si las máquinas se volvieran contra nosotros? Terminator indaga en esta posibilidad poniendo de manifiesto otro de los grandes miedos del ser humano: ser superado por su propia tecnología.

James Cameron nos sitúa en el año 2029 cuando las máquinas, gobernadas por la inteligencia artificial conocida como Skynet, están a punto de perder la guerra contra la resistencia humana liderada por John Connor. Su estrategia para darle un vuelco a esta situación será enviar a un cyborg al pasado para exterminar a Sarah Connor (Linda Hamilton) antes de que de a luz al líder.


Una de las películas que consolidaron la carrera cinematográfica del musculado Arnold Schwarzenegger, ideal para encarnar a su personaje, y el incio de una saga que tendrá un reboot que espera estrenarse en 2015. Como curiosidad hay que señalar que el argumento esta basado en varios relatos e ideas de Harlan Ellison, que no fue acreditado hasta muchos años más tarde.

Los efectos especiales de Stan Winston, productor y diseñador de robots, marcaron un antes y un después que le llevó a formar parte del equipo en la 2ª, 3ª y 4ª parte de Terminator, además de diseñar los robots para Parque Jurásico, Doom, Eduardo Manostijeras, Inteligencia artificial y un largo etcétera.

Blade Runner: androides más humanos que nosotros

Otra vuelta de tuerca al asunto de la creación de inteligencia artificial: la posibilidad de crear seres más perfectos que el ser humano. Aunque originalmente Ridley Scott bebía de la novela de Philip K. Dick "¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?" estuvo lo suficientemente loco como para dejarse llevar por el proyecto e incorporar buena parte de las aportaciones de su fabuloso elenco, en el que destacan, además de Harrison Ford, Sean Young y Edward James Olmos, Daryl Hannah y Rutger Hauer.

Rick Deckard es designado para localizar y "retirar" a cuatro replicantes, que es el nombre que se le da a los androides fabricados por la Tyrell Corporation para realizar trabajos peligrosos o ser utilizados como esclavos en las colonias exteriores a la Tierra. De nuevo nos encontramos ante el dominio de la ingeniería genética y con problemas que se desarrollan en diferentes planos dramáticos: la paternidad, la finitud de la vida o la moralidad de un héroe que, francamente, deja mucho que desear.

Por si no fuera suficiente su reverso tenebroso a nivel argumental, esta sociedad del 2019 tiene unas claras deficiencias ambientales: la urbe individualista absorbe toda la atmósfera (deudora sin duda del cine negro) aunque con claros toques que derivarán en el cyberpunk. Aunque desde luego lo que a mí me da más miedo es que ya se haya anunciado una secuela de la cinta...

Matrix: si ves pasar dos veces un gato, mosquéate

Clara deudora de otras distopías como Dark City, la trilogía de los hermanos Wachowski plantea que, en el futuro, casi todos los seres humanos han sido esclavizados, tras una dura guerra, por las máquinas y las inteligencias artificiales creadas.

 

 

Éstas los tienen en suspensión, y con sus mentes conectadas a una simulación social que representa el final del siglo XX, Matrix. Los seres humanos son usados por las máquinas para obtener energía, y los pocos humanos descendientes de los que no cayeron en las redes de los robots o que han sido liberados de Matrix, viven en la ciudad Zion.

 

Se trata de una de las películas más emblemáticas que muestra el miedo a vivir una ilusión... de ahí que solo algunos individuos sean capaces de darse cuenta de su situación, cuando se producen fallos en Matrix. 

Hijos de los hombres: subsistir a la esterilidad

Alfonso Cuarón nos propone un futuro devastador para el futuro de la humanidad en su conjunto: 

Nos encontramos en el Londres de 2027 y el mundo está siendo arrasado por guerras, la contaminación y el terrorismo nuclear. Sin que se conozca el motivo los hombres han perdido la capacidad de procrear y se ignora por qué razón todas las mujeres del planeta se han vuelto estériles.

 

 

Todas las naciones se hallan en un desorden social absoluto o han caído y Gran Bretaña, regida por un gobierno autoritario, recluye a todos los inmigrantes en ciudades miserables y ghettos apartados del resto de la población. Para colmo de males reparten Quietus, un medicamento para suicidarse sin dolor. En medio de semejante percal, Theo Faron (Clive Owen) encontrará un motivo para vivir y para tener esperanza.

 

Julianne Moore y Michael Cane comparten cartel con el actor inglés cuya misión será la de encontrar al grupo Proyecto humano, la clave para la salvación de la humanidad.

 

La película no podría ser más estremecedora si tenemos en cuenta su reflejo en la realidad: las mujeres hoy en día encuentran más dificultades para concebir, el medioambiente se deteriora inexorablemente y el envejecimiento de la población es un problema que nos está afectando ya de forma directa.

The Road: manteniendo vivo el fuego interior

Si has tenido ocasión de tener entre las manos la novela de Cormac McCarthy, sabrás hasta qué punto la película estrenada en 2009, dirigida por John Hillcoat y escrita por Joe Penhall consigue recrear la atmósfera postapocalíptica que nos lleva a emprender un viaje imposible. Es el de un padre y su hijo, obligados a sobrevivir en una especie de peregrinaje forzoso en el que solo hay una premisa: mantener vivo el fuego interior.


Viggo Mortensen y Kodi Smit-McPhee son los dos caminantes y su objetivo es llegar a la costa. El padre lucha durante todo el metraje por inculcar a su hijo unos valores mínimos mientras le enseña a sobrevivir y a mantenerse en un entorno hostil y decadente. Qué ha sucedido es lo de menos, lo importante es conseguir salir adelante sin perder su humanidad.

La fotografía acompaña a la perfección el estado anímico de los personajes y la hostilidad de un entorno que solo puede ir a peor.

En fin, son muchísimas las películas que nos han transportado a pesadillas futuras, unas son más creíbles que otras, pero todas ellas han conseguido hacernos pensar y vernos en esa incómoda tesitura. Dicen que nos gusta soñar mundos desoladores para entrenarnos antes de que suceda una catástrofe o puede ser que busquemos la katarsis del final, una redención que nos permita salir a flote...

El caso es que las carteleras y las televisiones no dejan de ofrecernos cada vez con mayor asiduidad mundos en los que no queremos vernos jamás: a la vista Snowpiercer, la serie Utopía, Autómata y muchísimos otros títulos. ¿Nos gusta sufrir o nos preparamos para cualquier clase de hecatombe? Quién sabe...