Crítica de La isla olvidada, una imaginativa y divertidísima exaltación de la amistad

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Crítica de La isla olvidada, la nueva película de animación de DreamWorks repleta de energía y dirigida por Joel Crawford y Januel Mercado. Estreno el 25 septiembre.
¡Menuda bocanada de aire fresco! La isla olvidada es la película más dinámica y más loca de DreamWorks: una cinta que se desarrolla a una velocidad bestial y que bebe de un montón de películas previas sin la necesidad de quedar varada en conceptos ya conocidos y demasiado manoseados.
De ella destaca su espíritu iconoclasta, su estética punk y su capacidad de que todo sea maleable y ecléctico. Desde los tiros de cámara, con exagerados escorzos hasta el estilo de animación, que pasa de la animación en 3D al lenguaje del anime o a la introducción de fragmentos de imagen real con pasajes en 2D. Todo cabe en una película de desborda imaginación y amor por el cine sin perder nunca el foco de sus personajes principales.
Best Friends Forever
Jo y Raissa se conocen cuando están esperando una reprimenda en la puerta del director del colegio. A partir de ese momento se volverán inseparables y pasarán todo su tiempo libre juntas, disfrutando de las historias de la abuela de Jo sobre Nakali, la "isla olvidada", un lugar mágico en el que residen demonios, duendes, sirénidos y espíritus protectores de la naturaleza.
A medida que van creciendo, el vínculo que las une se fortalece y van creando toda una serie de recuerdos juntas que atesoran en las pulseras que intercambiaron el primer día con charms que les sirven de recordatorio.
Ya siendo adultas, sus caminos empiezan a separarse: Raissa consigue plaza en Caltech y decide emigrar a Estados Unidos mientras que Jo prefiere evitar la presión y vivir al día. Cuando deciden pasar la noche más memorable de su vida justo antes de que salga el vuelo de Raissa, descubren el portal mágico que las transportará a Nakali. Pero al despertar sus recuerdos se han desvanecido y tendrán que descubrir cómo volver a su mundo reconstruyendo su periplo nocturno.

Hay películas de animación que han supuesto un cambio radical, un punto de inflexión y no retorno que ha hecho posible el nuevo salto que supone La isla olvidada. Hablamos de Spider-Man: Un nuevo universo, Ninja Turtles: Caos mutante, Los Mitchell contra las máquinas o Nimona. No es lo que cuentan sino cómo lo cuentan: hasta qué punto ponen sobre la mesa nuevas estrategias narrativas, mezclan técnicas de animación y buscan formas de expresión que les permitan vehicular sus mensajes. De todas ellas bebe esta película pero sin renunciar tampoco a una estructura más clásica de trasfondo que recuerda a clásicos de siempre de Disney de viajes iniciáticos o aclamadas cintas más recientes como Vaiana o Coco. Si en aquellas se homenajeaba a los ancestros y a los muertos y había un túnel de acceso a su mundo, aquí lo hay al de la mitología filipina, terreno fértil y muy versátil en el que arraigar el relato.
Ambas comparten unos rasgos identitarios muy fuertes aunque hablen de temas universales: en este caso, la amistad. Hasta comparten el guiño al equipo de producción en los títulos de crédito finales. En Coco estaban los seres queridos que habían fallecido, aquí los mejores amigos de las personas que han ideado y confeccionado una película tan especial: un toque humano precioso y emotivo.

Redundamos en la humanidad porque a esto se suma una nueva advertencia final que probablemente se convertirá en tendencia: La isla olvidada no se podrá utilizar para entrenar a la IA. Celebremos que los creadores protejan sus obras y el fruto de un arduo y laborioso trabajo, sobre todo cuando tiene un carácter disruptor y suponen una vuelta de tuerca para el género como es el caso.
Valoración
Nota 85
Tan potente en el plano de la inventiva visual como enérgica y repleta de humor, La isla olvidada es una película con personalidad propia que sabe sorprender y explotar con atino la mitología filipina. ¡Menudo viaje!
Lo mejor
El humor, el festival de referencias y la apuesta tan bonita por la amistad que se plasma incluso en los créditos finales.
Lo peor
Quienes no estén acostumbrados al ritmo implacable de la película pueden salir al borde de la epilepsia o aburrirse por terminar desconectando.

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