Análisis

Análisis de The Order 1886

Por Rafael Aznar
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Versión comentada: PS4

El análisis de The Order 1886, la primera gran exclusiva de PS4 para 2015, llega con puntualidad británica. El juego de Ready at Dawn era uno de los que más expectativas habían generado en los últimos tiempos, en especial por sus brutales gráficos de influencia cinematográfica. Esa premisa se ha cumplido con todas las de la ley artúrica, pero no es oro todo lo que reluce en el Londres del siglo XIX: también hay sombras, y muy oscuras…

Se ha hecho de rogar, pero, por fin, ve la luz el análisis de The Order 1886. Desarrollado por Ready at Dawn, estudio que se ganó la confianza de Sony con sus adaptaciones para PSP de algunas de las sagas de la compañía (Daxter, God of War: Chains of Olympus y God of War: Ghost of Sparta), el juego estaba llamado a marcar un punto de inflexión en el catálogo de exclusivas de PS4. ¿Se han cumplido las expectativas que había a su alrededor? Por desgracia, sólo algunas. Vayamos por partes, porque estamos ante un juego polémico, concebido con problemas de los que, seguramente, el propio estudio era muy consciente.

El juego nos traslada al Londres del siglo XIX, a una versión neovictoriana en la que la revolución industrial ha avanzado a pasos agigantados, lo que se traduce en la presencia de tecnología muy avanzada para la época, sobre todo en materia armamentística. No es una ambientación ‘steampunk’ propiamente dicha, pues casi todo resulta verídico, sin estridencias.

En ese contexto, se pone el foco sobre una orden de caballeros que es una continuación de la que fundara el Rey Arturo, cuya razón de ser es hacer frente a los híbridos (o licanos), una especie de licántropos nacidos hace muchos siglos como consecuencia de una mutación del genoma humano. Sin embargo, con el auge de la revolución industrial, se desata también la lucha de clases y se produce una rebelión obrera, por lo que la orden se ve inmersa en una guerra a dos bandas. El protagonista es Grayson, alias Sir Galahad, un experimentado caballero al que acompañan otros tres personajes: Sebastien Malory (Sir Perceval), Isobel d’Argyll (Lady Igraine) y el marqués de Lafayette. Poco a poco, el cuarteto va descubriendo una serie de intrigas y conspiraciones.

El shooter que escatimaba en balas

The Order 1886 es un juego de acción en tercera persona, con ciertas reminiscencias de Gears of War, saga de la que sus creadores se declaran fans. Como curiosidad, hace unos meses, estuvimos en las oficinas de Ready at Dawn y, en su sala de asueto, tenían una Xbox 360 con Gears of War 3, para que os hagáis una idea. Así, el ingrediente principal de la aventura son los tiroteos con coberturas, aunque en menor proporción de lo que pudiera pensarse en un principio. El porcentaje de tiempo que pasamos disparando no llega, seguramente, ni a un tercio del total.

Se ha preferido apostar por una fórmula más polifacética, en la que también tienen mucha presencia los QTE, es decir, secuencias consistentes en pulsar los botones que aparecen en pantalla. A diferencia de lo que sucede en otros juegos, no se trata sólo de tocar o aporrear un botón, sino que, a menudo, entra en juego el llamado ‘punto de inflexión’, que nos obliga a rotar la cámara en busca de algún elemento del escenario con el que interactuar, como, por ejemplo, un poste contra el que estampar a un enemigo. También hay zonas de sigilo, en las que hay que esquivar o apuñalar a los guardias a traición. Asimismo, hay zonas de escalada en las que hay que encaramarse a cajas o moverse por cornisas, aunque todo está muy encorsetado.

En ese sentido, los escenarios son auténticos pasillos, de modo que, a menudo, lo único que tenemos que hacer es caminar por ellos, sin siquiera poder correr. Eso sí, de vez en cuando, hay ‘minijuegos’ que, pese a su sencillez, resultan entretenidos, como usar una ganzúa para abrir puertas cerradas (rotando el joystick derecho y atendiendo a la vibración del Dual Shock 4) o un convertidor-rectificador para sabotear paneles eléctricos (pulsando L3 y R3 en el momento exacto para detener dos barras que fluctúan). Hay también un pasaje en el que hay que enviar un mensaje en código morse mediante el panel táctil, pero no pasa de anecdótico.

Volviendo a los disparos, el arsenal es bastante clásico. Hay pistolas, escopetas, fusiles, carabinas, cañones, ballestas, granadas… Eso sí, hay algunas armas especiales, como una escopeta con carga eléctrica o una ametralladora que permite crear una cortina que, a continuación, se puede incendiar disparando una bengala. La acción transcurre de forma muy ágil, con movimientos semiautomáticos para cambiar de parapeto, si bien el sistema de apuntado de algunas armas no es del todo preciso y las coberturas no siempre son destructibles. En situaciones de apuro, podemos activar la vista negra, una especie de tiempo bala que va a asociado a una barra y que permite liarse a pistoletazo limpio durante unos segundos. En cuanto a la salud, se recupera automáticamente y, en caso, de caer, tenemos unos segundos para tratar de resguardarnos y beber un vial de agua negra, un líquido que cura las heridas. Pese a todo, el conjunto resulta demasiado estándar. Por ejemplo, no se puede rodar, salvo para esquivar granadas o embestidas de los híbridos.

Nuestra impresión es que se ha errado en el equilibrio de conceptos jugables. Estamos ante un shooter que racanea en cuanto a tiroteos, y eso es sorprendente, como poco. El control  en esas refriegas responde muy bien, y es una lástima que no se le saque partido. Llama la atención también el hecho de que los híbridos, siendo la principal amenaza, aparezcan de Pascuas a Ramos. No hay jefes finales como tal, aunque sí un par de enfrentamientos con varios de esos licántropos que hay que resolver a base de cuchilladas con un formato cercano al QTE. Tampoco hay fases a bordo de vehículos (lo más parecido que hay es un nivel que transcurre a bordo de un zepelín).

Cuando se anunció el juego, muchos se preguntaron por qué no se incluía un modo cooperativo. Es cierto que, por lo general, Sir Galahad va acompañado de un segundo personaje, pero, tras haber jugado, no parece que eso hubiese aportado mucho. Directamente, no habría habido ni espacio vital para dos usuarios.

Ambientación de postín

Un elemento esencial de The Order 1886 es, lógicamente, su ambientación en el Londrés del siglo XIX. Ahí, Ready at Dawn ha hecho un gran trabajo. No llega a los límites de un Assassin’s Creed, en parte porque no es un mundo abierto, pero la recreación de la capital inglesa es excelente. Así, pasamos por el puente de Westminster, el barrio de Whitechapel, el metro, un hospital, un astillero… Quizás se podría haber sacado más partido a los escenarios interiores, pero insistimos en que todo es muy ‘pasillero’.

Otro punto clave de la ambientación es que los sucesos del juego se han interrelacionado con algunos acontecimientos históricos, como los asesinatos de Jack ‘el Destripador’ o el incendio del Crystal Palace. Esos hechos no sucedieron en 1886, pero, al tratarse de una reinterpretación, se han querido aprovechar, y nos parece un acierto. En ese sentido, mientras nos movemos por los escenarios, nos topamos con numerosos periódicos y folletos que podemos coger, para consultarlos. Así, podemos leer extensas noticias, pues no se ha usado el típico truco de hacer que esos documentos se vean borrosos. Eso sí, los textos sólo están en inglés, al contrario que en The Last of Us, donde se usó un recurso parecido y, para contentar a todo el mundo, se añadió una traducción que se abría en un menú secundario.

Se han incluido también personajes históricos, entre los que destaca Nikola Tesla, el famoso inventor, que hace de suministrador de armas de la orden. Sin ir más lejos, el marqués de Lafayette que nos acompaña es el mismo que participó en las revoluciones norteamericana y francesa. Muy de pasada, también aparecen Charles Darwin o el elementalmente ficticio Sherlock Holmes. Como curiosidad, en algunos de los folletos que hay desperdigados por la ciudad, encontramos referencias a obras culturales como Historia de dos ciudades, de Charles Dickens, o El anillo de los Nibelungos, de Richard Wagner.

Un diamante audiovisual

Hasta ahora, pocos juegos habían explotado realmente las posibilidades de la nueva generación, entre tanto título intergeneracional y tanta remasterización. Sin embargo, parece que la situación empieza a tocar a su fin. Como se preveía, The Order 1886 es una auténtica bestia en materia técnica, sin bajón gráfico respecto a lo que se había ido mostrando, algo que muchos otros títulos no pueden decir. Aquí, no había ni trampa ni cartón. Si alguien tiene una PS4 y quiere ver en ella un juego que le saque jugo al hardware, es éste.

Con su propio motor gráfico, desarrollado para la ocasión, Ready at Dawn ha cumplido con creces su propósito de hacer que el juego se asemejara a una película. Todo está hecho con el propio motor, de modo que las transiciones visuales entre vídeos y acción propiamente dicha son casi inapreciables. De hecho, en plena faena, pueden producirse cambios de plano muy cinematográficos, por ejemplo, al rematar a un enemigo o realizar un salto largo. Para que la sensación de película sea mayor, hay bandas negras, como ya sucedió en The Evil Within, lo que tal vez moleste a algunos, pero, a la hora de jugar, lo cierto es que quedan bien.

El modelado de los personajes está realmente trabajado. Las facciones de las caras están muy detalladas, y no sólo las del cuarteto protagonista, sino también las de los personajes secundarios, cuya expresividad es más que convincente. Eso sí, por lo general, los enemigos resultan un poco clónicos. Por otro lado, las vestimentas de los caballeros son muy vistosas y se agitan de forma realista con cada paso o se empapan con la sangre.

Sin embargo, la palma se la llevan los escenarios. Favorecidos por el hecho de que sean lineales, está realizados con un nivel de detalle asombroso. Particularmente, lo que más nos ha deslumbrado es la iluminación y cómo afecta al entorno de muy diversas formas: los contraluces que se producen en un callejón, los rayos que se filtran por una ventana, los atardeceres, la tenue luz de un farol en la oscuridad del metro… Los escenarios interiores están plagados de detalles, con una gran dirección artística.

The Order 1886 sabe que tiene unos gráficos de infarto y, por eso, a menudo, se recrea en ellos, por ejemplo, con la posibilidad de permitir coger algunos objetos para examinarlos con atención. Ese detalle no aporta nada en lo jugable, pero fijarse en los propios objetos o en la mano de Sir Galahad, con las correas que tiene sujetas a la muñeca, deja los ojos como platos. La nueva generación es esto, y bienvenida sea. No se prodigan mucho, pero también hay algunos efectos de lluvia que quitan el hipo. Además, salvo un pequeño ‘bug’ que sufrimos, que dejó al personaje bloqueado en medio de una escalada, no hemos visto ningún fallo: ni ‘clipping’, ni ‘popping’, ni caídas de la tasa de imágenes (corre a 30 fps y 1080p)…

El apartado sonoro brilla también con luz propia. La música orquestada, cuyos responsables han sido Austin Wintory (nominado al Grammy por Journey) y Jason Graves (Tomb Raider, Dead Space o Murdered), tiene momentos épicos y se amolda perfectamente a lo que se ve en pantalla en cada momento. Por su parte, el doblaje al español, dirigido por el cineasta Álex de la Iglesia, es también muy bueno, con voces como las de Carlos Kaniowski y Antonio Esquivias, que interpretan a Sir Perceval y Lord Hastings, respectivamente. Las voces de Sir Galahad, Lady Igraine y Lafayette son también notables, aunque no son del todo redondas: la del primero se siente demasiado ‘joven’ y tiene algunos altibajos, la de la segunda sí tiene mucho carácter y la del marqués no tiene ningún deje francés, pese a que, a menudo, suelta expresiones en su idioma natal. En todo caso, todas las interpretaciones están bien ponderadas y el conjunto resulta muy sólido.

Prisas por ir a no se sabe dónde

Habiendo leído los últimos párrafos del análisis, podría pensarse que The Order 1886 tiene mimbres para ser una obra maestra. Sin embargo, cuenta con varias rémoras que logran empañar lo que hace bien. La más importante es la duración: se acaba en siete horas y media, y no ofrece ningún motivo para rejugarlo, pues no hay multijugador, no hay misiones secundarias y sólo cuenta con unos pocos coleccionables, en forma de cilindros de fonógrafo y documentos. En los tiempos que corren, en los que incluso algunos juegos descargables duran más, esa fugacidad se antoja insultante. En total, hay dieciséis capítulos, sin contar el prólogo y el epílogo, pero varios de esos episodios se reducen a un par de escenas de vídeo y ni siquiera son jugables.

Adosado a la duración, hay otro problema serio: el argumento y el ritmo de la narración dejan mucho que desear. El juego tarda muchísimo en arrancar y, para cuando parece que ya está remontando y empieza a captar nuestro interés… aparecen súbitamente los títulos de crédito. El abrupto final, del que no vamos a revelar nada, por supuesto, deja infinidad de cabos sueltos y, lo que es peor, la sensación de que se remató todo con prisas o de que, incluso, no se sabía adónde se quería llegar. Argumentalmente, todo resulta muy atropellado, lo que es una losa para un juego con enfoque narrativo.

Para dar la puntilla a la historia, nos encontramos con que algunos personajes están desaprovechados, en especial los caballeros que acompañan a Grayson: Sir Perceval, Lady Igraine y Lafayette. Sus motivaciones y su relación con el protagonista apenas se explotan. Por suerte, hay unos cuantos personajes secundarios que sí dan más juego, como Lakshmi, Sir Lucan y Lord Hastings. Como película, The Order se podría llevar muchos de los Óscar 'técnicos' o de atrezo, pero, desde luego, nunca se llevaría los principales: ni mejor filme, ni mejor guión, ni mejores actores…

El nuevo Gears of War Judgment

The Order 1886 pretendía ser una especie de Gears of War para PS4 y, en parte, lo ha conseguido. Lo malo es que no lo ha hecho siguiendo el ejemplo de los tres primeros, sino el de Judgment, que también era una joya visual y un tropiezo en su concepto general. Un servidor es el primero que esperaba grandes cosas del juego de Ready at Dawn, pero la decepción ha sido de las que hacen época. Técnicamente, es uno de los mejores juegos que se hayan visto nunca, la ambientación es fantástica y el control es bueno, pero, bajo la despampanante fachada, se oculta una aventura efímera, desequilibrada en lo jugable y desnortada en lo argumental. Queríamos creer en ella, pero, contra todo pronóstico, nos lo ha puesto demasiado difícil. Cuesta hacerse a la idea de que no sea el Grial, pero es así.

Valoración

Una inesperada decepción. Su exhibición de músculo técnico es salvaje, pero su desequilibrada fórmula jugable, su atropellado argumento y su efímera duración son losas muy pesadas.

Hobby

78

Bueno

Lo mejor

Los gráficos son brutales. La ambientación geográfica e histórica. La banda sonora.

Lo peor

Dura 7-8 horas. La historia es floja y acaba de manera súbita. Es un shooter con pocos tiros…

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