Análisis

Análisis de Sacred 3 en PS3, Xbox 360 y PC

Por Borja Abadie
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Versión comentada: PS3

Deep Silver nos trae Sacred 3 a PS3, 360 y PC, la tercera entrega de su serie más sagrada. Un hack and slash que apuesta por la sencillez, algo que puede ser la clave de un gran videojuego. Eso sí, si decimos sencillez como sinónimo de recortes más bestias que los del gobierno, mal asunto.

ACTUALIZADO:1-08-2014. Como venía vaticinando en la propia review, un quinto personaje, el malakhim, se puede añadir al elenco de héroes de Sacred 3 por el módico precio de 2,99€.

Sacred es una serie que siempre ha vivido bajo la sombra de Diablo y otros ilustres del género hack and slash. La primera entrega apareció en 2004 para PC y su continuación, Sacred 2: Fallen Angel (editada también en PS3 y Xbox 360), se convirtió en un reducto hack and slash para los usuarios de consola. Lo bueno de aquellas entregas, que no cosecharon muy buenas críticas que digamos, fue que ofrecían algo distinto a la experiencia de Blizzard.

Y, ¿qué los hacía tan especiales? Pues que ponían a nuestra disposición un mundo abierto en el que ir buscando misiones al más puro estilo rolero. Nuestras andanzas nos llevaban a recorrer un enorme mapeado hablando con personajes controlados por la CPU o a completar misiones que iban más allá de eliminar hordas y hordas de enemigos. Todo eso acercaba la serie un poco más a una aventura de rol que solo a un “simple” mata-mata (con todo el respeto para los mata-mata, vaya por delante).

Comienza el sacrilegio

Esta tercera entrega, editada por Deep Silver, se acerca mucho más a Diablo que al propio Sacred, “gracias” a los numerosos recortes que ha sufrido la serie. En lugar de 6 o 7 héroes a escoger, solo tenemos 4: el safiri, un cachas que lleva una especie de maza y que tiene poderes de luz (básicamente fuego), una bella ancaria equipada con lanza y con poderes terrestres, un khukuri, luchador experto con arco y poderes de hielo (mi elegido para hacer la review) o una seraphim, una de los ángeles guardianes de Ancaria muy diestra con la espada.

Eso sí, seguro que luego llega algún "fantástico" DLC que aumenta esa escueta cifra. Es más, si le echáis un vistazo a la página oficial del juego podréis comprobar que hay un quinto, el malakhim, así que más claro... el agua. 

Otro problema a tener en cuenta es que ya no podremos saquear decenas y decenas de piezas de equipo. Ahora solo contamos con 3 armas y una única armadura por cada personaje, aunque podemos mejorarlas. Para hacerlo basta con subir de nivel, sin necesidad de encontrar materiales para realizar la mejora. El único material que nos piden es el oro, que recibimos al eliminar enemigos o al abrir cofres, por ejemplo.

Y todo esto es un problema porque el "looteo", que decís ahora los jóvenes, es uno de los motivos por los que todo buen hack and slash nos invita a repetir una y otra vez las mismas misiones (cada vez en una dificultad mayor). Todo para conseguir los mejores objetos del juego. Cuando perdemos esa meta de vista, ya no parece tan interesante repetir el juego una vez que lo hemos terminado.

El siguiente recorte que debemos mencionar es el número de habilidades de nuestros héroes. Hay algunas menos que en anteriores entregas pero lo peor es que, aunque tenemos 6 habilidades de ataque distintas, solo podemos equipar 2 al mismo tiempo, lo que simplifica demasiado los combates y la progresión de nuestro héroe. Es cierto que los niveles no son muy largos y que una vez terminada una misión podemos cambiarlas, pero si lo comparamos con otros juegos del género, se queda muy corto en cuanto a opciones estratégicas durante los combates. 

Tijeretazos al mapeado

Pero los recortes no acaban ahí. De hecho, la peor parte se la lleva la exploración, ya que han conseguido que Ancaria (el continente en el que se ambientan todas las entregas de la serie) pase de ser el vasto mapa por el que nos movíamos libremente a una serie de pequeños niveles que escogemos desde un menú. Por supuesto, olvídate de tu montura, porque en Sacred 3 no te va a hacer ninguna falta.

Lo mismo sucede con los niveles, que pierden caminos secundarios. Existen, pero en ningún momento llegamos a tener la sensación de tener la mitad de la libertad que en anteriores entregas. Y hay un motivo: que recorremos un pasillo tras otro. Cabe mencionar también la extraña afición a rellenar algunas zonas de cada nivel con momentos en los que tenemos que esquivar las rocas, lava, etc... que nos lanzan desde el cielo. Que esto tenga algún sentido o no poco importa, porque se vuelve repetitivo muy pronto.

La variedad de las misiones también es escasa. Acabar con enemigos una y otra vez es lo único que haremos. ¡Ah! Y hacer rodar ruedas que activan mecanismo mientras acabamos con otro grupo de enemigos. Al menos, sus creadores se lo toman a broma e incluso se permiten hacer algún chiste al respecto.

La historia también ha sufrido los implacables tijeretazos de estos aprendices de Montoro. Hay un objetivo principal, acabar con el ejército de no sé qué malvado ser oscuro. En realidad, es todo lo que necesitamos saber para empezar a repartir estopa pero, que antes de cada misión principal (de las 15 existentes) veamos una pequeña escena con dibujos estáticos y voces que nos relatan nuestra misión, se antoja un poco escaso. Y poco más, ya que no hablamos con personajes secundarios ni accedemos a tiendas. 

Algo de luz sagrada entre tanta oscuridad

Y entonces... ¿es todo malo en Sacred 3? La verdad es que no. Algunos de los defectos que antes mencionaba pueden llegar a tener sus ventajas. Por ejemplo, los que estén buscando una acción más directa y parecida a lo que ofrece Diablo estarán encantados de saltar directamente a las tollinas y dejarse de leches (bueno, ya me entendéis). Si la base del juego son los combates a veces merece la pena olvidar todos los artificios que acompañan a esa jugabilidad y dejar que ella solita convenza al jugador. Claro, que eso suele funcionar de maravilla cuando la jugabilidad es exquisita, que tampoco es el caso. 

Tampoco podemos olvidarnos de otro de los aciertos de la serie, el multijugador, que sí que vuelve en la tercera entrega. Podemos jugar con un amigo en la misma consola o hasta 4 jugadores si nos conectamos online. El desarrollo consigue ser muy adictivo aunque la desaparición del saqueo de armas y armaduras hace que nos lo pensemos dos veces (y hasta tres) a la hora de repetir misiones en los niveles de dificultad más altos, aunque sea jugando con nuestros colegas.

El control está bastante bien. Tenemos un botón para rodar, otro para atacar, otro para agarrar a los enemigos (una opción a la que no terminamos de encontrarle el sentido) y otro para realizar una acometida. Ésta última, la habilidad que más aporta a los combates, nos sirve para romper las protecciones de los enemigos, interrumpir alguno de sus ataques o detener el mecanismo de algunas trampas.

Además, con los botones superiores del mando (llámalos R1 o RB) activamos los poderes especiales, que resultan indispensables para acabar las pandillas de esbirros o con los jefes finales más duros de nuestra aventura.También podemos ejecutar (léase rematar) a los enemigos derribados pulsando L2 o LT (según la consola) lo que nos reporta más oro y orbes de recuperación de energía y magia que si los matamos sin más.

El apartado gráfico no es precisamente espectacular, pero el frame rate es muy estable y no se producen ralentizaciones, al menos jugando en la misma consola. Es en este tipo de juegos, con una vista isométrica algo alejada y muchas cosas pasando en pantalla, cuando más echamos de menos los 1080p que nos ofrecen las nuevas consolas o el PC. También hay que reconocer que no nos hemos topado con ni un solo “bug” en toda la aventura, no como sucedía en Sacred 2.

Traición o redención

No nos engañemos, en caso de traición tampoco podríamos hablar de alta traición. No es como si cojo un Mario Bros. y lo convierto en un Metal Gear, pero los fans de la serie es muy probable que no se sientan muy cómodos con la nueva dirección que ha tomado la serie con esta tercera entrega. Para los que lleguen de nuevas a Sacred 3 sin haber jugado a los anteriores y anden buscando algo tipo Diablo, seguro que sabrán sacarle partido. 

Cierto es que hay también hay que valorar la entrega de una serie teniendo en cuenta, un poco al menos, las anteriores entregas. Para bien o para mal y, en mi opinión, en este caso es para mal. Esta tercera entrega ha sufrido demasiados recortes y ha perdido buena parte de la magia que la hacía algo único. No era algo increíblemente especial, pero al menos tenía su propia identidad. Si lo único que han querido hacer es un Diablo más, pues tampoco salen muy bien parados, porque la obra de Blizzard supera en todo a Sacred 3. Eso sí, para los amantes del género seguirá siendo tremendamente adictivo, en especial cuando lo jueguen con amigos. Y eso, cuando hablamos de un videojuego, sí que es sagrado.

Valoración

Es mucho más simple que sus antecesores y eso es imperdonable, pero es robusto como hack and slash y muy divertido en cooperativo.

Hobby

73

Bueno

Lo mejor

Pese a lo simplón del desarrollo resulta tremendamente adictivo. El cooperativo.

Lo peor

La serie pierde parte de su esencia y, sobre todo, la libertad de anteriores entregas.

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