Análisis

Cine de ciencia ficción: 2013, Rescate en L.A.

Por Adrián Álvarez
-

Argumento: Los Estados Unidos de América están gobernados por un fanático religioso, que trata a criminales e inmorales con dureza: pueden elegir entre la silla eléctrica... o la deportación a Los Ángeles, convertida en ciudad prisión tras su escisión del continente. Cuando la hija del presidente termina en Los Ángeles con un dispositivo capaz de acabar con el mundo tal y como lo conocemos, sólo hay un hombre capaz de entrar y de salir con vida. Llámale Serpiente. 1996 - Dirigida por: John Carpenter - Protagonizada por Kurt Russell, Stacy Keach, Steve Buscemi, George Corraface, Cliff Robertson, Peter Fonda y Pam Grier.

Es difícil de entender por qué 2013: Rescate en L.A. fue un fracaso de taquilla. O quizá no, si tenemos en cuenta la consideración que sigue teniendo hoy en día. Tiene que ver con expectativas: después de 1997: Rescate en Nueva York, fans de Serpiente Plissken, John Carpenter o de la ciencia ficción en general esperaban otro relato sombrío, una versión corregida y aumentada del original, como el paso que hubo entre Mad Max y Mad Max 2. En su lugar, obtuvieron una envenenada sátira de la sociedad moderna y de un modelo de película de acción exhausto después de El último gran héroe (aunque sería Con Air quien le daría la puntilla).  

Porque lo que queda claro es que 2013: Rescate en L.A. muerde con veneno y lo hace con un poder de anticipación asombroso: que en 1996 se rodara una película cuyas críticas a la propaganda del gobierno y su poder de manipulación, la mojigatería religiosa, la industria del espectáculo, ¡las citas por Internet! y el propio cine de acción, siguen hoy vigentes e incluso reforzadas me deja sin palabras. Sólo un detalle: el presidente encarnado por Cliff Robertson (del que, al igual que Donald Pleasence en la anterior, nunca conocemos su nombre) parece una parodia de George W. Bush… cinco años antes de que fuera elegido.

Infiltración en la Gran Naranja

La historia tiene una plantilla similar a la original, un truco de los guionistas John Carpenter, Debra Hill y Kurt Russell para la parodia. Serpiente Plissken vuelve a ser requerido por el gobierno de los Estados Unidos, convertido ahora en una dictadura religiosa y moral, para recuperar el arma definitiva de las manos de Utopía (A.J. Langer), la hija díscola del Presidente. Detrás de los ideales revolucionarios de Utopía se encuentra Cuervo Jones (George Corraface), parodia pop del Ché Guevara y máxima autoridad dentro de Los Ángeles, convertida ahora en una cárcel a raíz de su desprendimiento del continente por culpa de un terremoto.

Lo que sigue es una historia llena de acción y secuencias memorables, que sustituye y potencia tanto los puntos flacos como los aciertos de la aventura neoyorquina. Así, al taxista de aquella le sustituye Mapa de las Estrellas Eddie, con la arrolladora personalidad de Steve Buscemi, y el antiguo compañero de Snake al que se encuentra por casualidad en la cárcel es el transexual Hershe Las Palmas (Pam Grier). Aunque uno de los que roban la función es Cliff Robertson (el tío Ben de las películas buenas de Spider-man) como presidente tiránico, ultrarreligioso y pagado de sí mismo. El único desacierto en el reparto es George Corraface, al que le falta algo de carisma como líder revolucionario.

La aventura definitiva de Serpiente

Ya lo comenté en mi anterior crítica: el rescate de Nueva York sufría constantes cambios de ritmo que lastraban la acción. Por eso esta película decide darle un plazo menor, de diez horas, a Serpiente y colmar de aventuras su viaje. La película está llena de cuentas regresivas: el tiempo de actuación del virus, un ataque de disidentes sudamericanos, el lanzamiento del submarino, el duelo estilo Bangkok, la gran ola, el ataque en Reino Feliz…. pero la mejor tiene que ver con un reto planteado al protagonista. En la primera película se enfrentó a Snake contra un gigantón en una desangelada pelea, que era interrumpida constantemente, y cuando aquí parece que van a hacer lo mismo, se sacan un desafío en una pista de baloncesto. Se trata de una secuencia que dan ganas de ver una y otra vez, inmejorablemente rodada y muy acertada con el tono general.

Se nota por tanto que, para cuando John Carpenter hizo esta película a petición de Kurt Russell, ya había depurado su estilo y comprendido sus virtudes; ya no era el treinteañero siempre en la cuerda floja, sino un hombre de vuelta de todo. El fracaso de La Cosa y las continuas injerencias de los ejecutivos cuando manejaba grandes presupuestos le hicieron sacrificar su popularidad para mantener cierta independencia. Por eso se nota que esta saga es especial, tanto para Russell como para él: Carpenter volvió al redil con un presupuesto de cincuenta millones de dólares, volvió a soportar a los ejecutivos y la presión de hacer una buena taquilla, sólo para que Serpiente tuviera una segunda aventura.

Una aventura mucho más luminosa en lo superficial, pero que en el fondo sigue siendo una aventura de Serpiente Plissken: en el universo de Carpenter, nadie es de fiar, ni siquiera el propio protagonista, algo que se lleva hasta sus últimas consecuencias en la memorable escena final, que resuelve la aventura con mejor tino que 1997: Rescate en Nueva York. Las palabras de Plissken sobre la situación mundial y el equilibrio de poder resumen a la perfección sus motivaciones y sus acciones, convirtiéndole en uno de los mejores antihéroes de la gran pantalla.  

Esto no quiere decir que la película no tenga ciertos defectos que, en lo personal, soy incapaz de juzgar con dureza. Lo primero que salta a la vista es que los efectos especiales por ordenador se han quedado bastante anticuados, demostrando una vez más que los efectos tradicionales, aunque más caros, pueden alargar la vida de una película. Ya para la época eran un poco caducos, pero son perdonables si tu protagonista, subido en un tsunami, asalta un coche en movimiento. Habrá quien considere un fallo el salto de thriller oscuro a delirio de acción, pero como el tono general de la película es consistente, me niego a hacerlo.

Lo que no quiero es aceptar la película con condescendencia, porque “Es tan mala que es buena” no me parece un argumento aceptable, menos aún en este caso. 2013: Rescate en L.A. hay que valorarla como lo que es: una historia de anticipación que no duda en ridiculizar lo que para la época (y aún hoy) era la moda, con una vitalidad más propia de treinteañeros que del equipo de cincuentones que se encargó de hacerla. Una película con el arrojo de poner a su protagonista en situaciones inverosímiles y aún así, hacerlo con un gran uso de la imagen y la música. A ver cuántas películas se atreven a hacer un antihéroe como Plissken, o a terminar como lo hace ésta: motivos de sobra para forjar un clásico.  

Aún más clásicos de la ciencia ficción

Tener a uno de los protagonistas más carismáticos del cine se lo pone difícil al resto, pero aún nos quedan muchos clásicos que repasar en nuestro recopilatorio especial de ciencia ficción

Valoración

Puede que los efectos especiales se hayan quedado anticuados, pero sigue siendo muy actual. Además, es mucho más divertida que su predecesora y Serpiente Plissken es uno de los grandes antihéroes del cine.

Hobby

91

Excelente

Lo mejor

Kurt Russell y John Carpenter. Sus críticas siguen vigentes. El final. El personaje del Presidente.

Lo peor

Su sátira puede parecer exceso innecesario. George Corraface. Efectos visuales malos para entonces.

Lecturas recomendadas