Análisis

Cine de ciencia ficción: Contact

Por Gustavo Acero
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ARGUMENTO: Ellie Arroway es una científica que perdió la fe tras la muerte prematura de su padre y consigue contactar con vida extraterrestre mediante señales de radio en el observatorio SETI, una misión que se ganará el descrédito de sus superiores, a menos que logre demostrar que está en lo cierto. 1997 - DIRIGIDA POR: Robert Zemeckis. POTAGONIZADA POR: Jodie Foster, Matthew McConaughey, James Woods, John Hurt, Tom Skerrit.

Después de tocar techo con Regreso al Futuro o la soberbia Forest Gumpel discípulo de Spielberg y oscarizado Robert Zemeckis se atrevió a adaptar al cine la novela homónima (y la única) escrita por Carl Sagan, carismático astrónomo y divulgador científico que en estos días vuelve a ser noticia por el regreso no exento de polémica de su mítica serie Cosmos, y que falleció inesperadamente durante el rodaje la película, truncando su cameo previsto y la supervisión final del film que rendiría homenaje a toda su obra.

Partiendo de un material inmejorable, el director de ¿Quién Engañó a Roger Rabbit? se atrevió a desafiar esa regla básica de las relaciones sociales que se resume en la frase "nunca discutas de política o religión en una reunión", mezclando ambos temas con la ciencia en un arriesgado cóctel filosófico que le costó su primer aluvión de palos por parte de la crítica, inconsciente de que el tiempo convertiría a Contact en una de las pocas películas capaces de compatibilizar el anhelo metafísico de contactar con vida inteligente en otros planetas con el racionalismo escéptico de la ciencia.

La discusión más antigua del mundo

Para ello, personifica ambas posturas (ciencia y creencia) en sus dos personajes principales: Ellie Arroway, una científica que trabaja para el SETI en busca de señales de vida extraterrestre, interpetrada por Jodie Foster en uno de los mejores papeles de su carrera, y un lozano Mathew Mconaughey a años luz del Oscar, en el papel de Palmer Joss, un pedante "sacerdote sin sotana" con pelos de Bisbal que le hace replantearse su ateísmo a base de... acostarse con ella. Curiosa indirecta hacia los nihilistas.

La película arranca a lo grande con una majestuosa secuencia de tres minutos a través del espacio que pasa por la Vía Láctea y desemboca en el ojo azul de la pequeña Ellie, como si de la Nebulosa Helix (el famoso "Ojo de Dios") se tratase. Una acertada metáfora que equipara la complejidad del ser humano con el infinito que le rodea, a la que sigue una primera escena que presenta a Ellie tratando de sintonizar frecuencias de otros países desde su modesto sistema radiofónico, y que pasa de pronunciar la frase "necesito otra antena", a un flashforward a la Ellie adulta, que contempla con orgullo el radiotelescopio de Arecibo, el observatorio que hará realidad su platónico sueño.

A partir de ahí, comienza un intenso relato que toca temas tan profundos como el sentido de la vida, la pérdida de nuestros seres queridos, el sentimiento de culpa, la rivalidad profesional, el deseo de trascendencia, la existencia del alma y por encima de todo, el poder de la fe. Zemeckis se atreve con tantos temas de tal calado existencial que apenas alcanza a profundizar en ninguno, y aunque el incesante ritmo narrativo mantiene el interés de principio a fin, es en la resolución final donde la ciencia deja sola a la ficción, tanto como Ellie en el interior de su cápsula espacio-temporal.

La historia focaliza esa fe no tanto en Dios como en la propia ciencia, que es la vía que Sagan, ateo reconocido pero siempre abierto a formularse preguntas, utiliza para llevarnos a Vega, supuesta estrella de donde provienen las señales extraterrestres en forma de ondas sonoras que se traducen en secuencias de números primos. Estos códigos, a su vez, esconden la información de los planos para construir una Máquina teletransportadora con la que viajar a la estrella, tras lo que se inicia una pugna por elegir al candidato más idóneo para tripular la cápsula.

La Máquina de la verdad

De aquí en adelante, la trama inicia un discruso irregular excesivamente centrado en el baile de recortes presupuestarios y subvenciones gubernamentales (ausentes en la novela) que Ellie necesita para sacar adelante su proyecto, pero que, sin embargo, resulta necesario para mantener viva la tensión dramática y expresar el verdadero motivo por el que no estamos preparados para el "contacto": la mezquindad humana, reflejada en la competitividad profesional, la traición personal y la cerrazón de un amplio sector de la ciencia a investigar lo que aún desconoce.

Todo ello constituye un denso viaje en el tiempo (dos horacas y media de politiqueo) que culmina en (SPOILER) el controvertido viaje al centro de la galaxia, cuya pesía visual queda aún más reforzada por la espléndida banda sonora de Alan Silvestri. Tras años de construcción y billones de dólares invertidos, Ellie se adentra en La Máquina cual Felix Baumgartner en su cápsula de Red Bull para crear un psicodélico agujero de gusano y llegar hasta Vega, donde descubrirá si realmente existe vida inteligente más allá del Sistema Solar, en un maravilloso recurso que recuerda al desenlace de Inteligencia Artificial, en cuanto a la materialización física de nuestros seres queridos por parte de los extraterrestres para ayudarnos a sobrellevar mejor el impacto emocional del contacto, lo que abre un camino a una interesante reflexión sobre la existencia del más allá.

Al margen de nuestras creencias individuales, este desenlace se puede tildar de excesivamente sensiblero, en tanto que simplifica todo el esfuerzo cientificista que ha ido enhebrando el guión desde el principio a una mera cuestión de fe, y es aquí donde la película divide a su audiencia: el escéptico pierde su vínculo psicológico con la protagonista y el creyente se identifica aún más con ella. De ahí que un mensaje de estas características nunca logre la unanimidad receptiva del público, porque toca directamente los temas que nos dividen ideológicamente, por mucho que se intenten conciliar sin éxito mediante la forzada relación entre Ellie y Palmer.

Hasta el infinito... y más acá

Zemeckis se toma ciertas licencias y desecha varios aspectos de la novela para dinamizar el ritmo cinematográfico. En primer lugar, la película no refleja el concepto de "alianza de civilizaciones" que transmite la novela, sino que se centra en la ruindad del ser humano y la señala como el motivo de nuestra incapacidad comunicativa para entablar relación alguna con el exterior. Una idea que parece más realista que el sentimiento utópico de cooperación universal que defiende Sagan, más cercano a la ciencia ficción que la propia película, con ejemplos tan reveladores como el numerito de rivalidad tecnológica y cultural que protagonizaron EEUU y la Unión Soviética durante la Guerra Fría.

Para transmitir esta idea de mezquindad, entra en juego otra licencia que no aparece en la novela: la destrucción de la Máquina a manos de un fundamentalista religioso, interpretado magistralmente por Jake Busey, cuyo padre no podía ser otro que Gary Busey, uno de los actores más rematadamente chalados de Hollywood. Sin embargo, pese a constituir la escena más memorable de todo el metraje, aquí es donde la película incurre en su mayor despropósito: ¿cómo narices pudo un tío con esa "cara loco" saltarse los controles de seguirdad de la mismísima NASA?

Una excursión especialmente efectiva

O efectivamente especial. El caso es que la trama gana credibilidad gracias a los fantásticos efectos especiales, que al igual que en Forest Gump, están al servicio de la historia y no al revés; curiosamente, lo contrario a lo que ha hecho Zemeckis en su decadente etapa de cine CGI (Polar Express, Beowulf y Cuento de Navidad). Para ello, el ex presidente Bill Clinton se toma como argumento de autoridad para dotar de credibilidad al relato mediante inserciones de imágenes de archivo oportunamente descontextualizadas, junto a apariciones de Jay Leno o el ya clásico Larry King, que casi ha salido en más películas que en su propio programa de la CNN. No menos manidas son las imágenes de Adolf Hitler en los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936, devueltas seis décadas después por los extraterrestres a la Tierra como prueba de su inteligencia.

Con sus numerosas virtudes y no pocos defectos, cuesta pensar en otras películas que traten temas tan trascendentales con tal sensibilidad, rigor científico (a excepción del final) y respeto a la inteligencia del espectador, al que deja la puerta abierta de creer en Ellie (y por tanto en la vida extraterrestre) o atribuir su viaje cósmico a una simple ilusión. Pero entonces, ¿qué ocurre durante las 18 horas de ruido blanco que capta la videocámara de la cápsula? Paradójicamente, es en esa cinta y no en las estrellas donde reside la auténtica respuesta a nuestra soledad en el universo: quizá sólo cuando comprendamos los límites de nuestro propio progreso tecnológico estemos realmente preparados para el Contacto. Pero de momento tendrá que ser por WhatsApp.

Como dijo Freud, "la prueba más clara de que existe vida inteligente en otros planetas es que nunca han venido a visitarnos". Amén, viejo Sigmund.

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Valoración

Zemeckis se apoya en el maestro Sagan para abordar un tema tan delicado como la fe desde el rigor científico y, a pesar del excesivo metraje y su controvertido desenlace, logra el Contacto con el espectador en escenas de enorme impacto emocional.

Hobby

76

Bueno

Lo mejor

Jodie Foster parece nacida para el papel. Su mensaje de esperanza. La fuerza narrativa del final...

Lo peor

...que peca de sensiblero. Le sobran subtramas innecesarias e incongruencias argumentales.

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