Análisis

Cine de ciencia ficción: Crítica de Brazil

Por Jesús Delgado
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ARGUMENTO: Brazil es la visión distópica de Terry Gilliam de un futuro no tan lejano. En ella, un burócrata embutido en el sistema se ve arrastrado involuntariamente a una lucha contra el Estado debido a su relación con un activista clandestino y una extraña pero hermosa mujer. Sin saberlo, el funcionario acabará desafiando a la propia maquinaria tecnocrática de la que es parte y cómplice.  1982 - DIRIGIDA POR: Terry Gilliam. - PROTAGONIZADA POR: Jonathan Pryce, Bob Hoskins, Robert DeNiro, Kim Greist, Michael Palin, Katherine Helmond, Ian Holm. 

Para hablar de Brazil, primero hemos de hablar de Terry Gilliam, un cineasta de culto. La mayor parte de nosotros lo conocemos por películas famosas como El Rey Pescador, 12 Monos e incluso El Secreto de los Hermanos Grimm. Pero hay que recordar que el director salido de los Monty Python también tiene una buena selección de titulos oscuros. Y no nos referimos precisamente a su eternamente postergada The Man Who Killed Don Quixote. Más bien, nos referimos a una larga serie de películas bastante difíciles de tragar para el gran público, como Tideland, Miedo y Asco en las Vegas, o el título que nos ocupa: Brazil.

No es que digamos que Brazil sea una película mala, todo lo contrario, sino que se trata de una cinta algo complicada. Aunque no es la primera vez que el director se metía en faena con una obra de ciencia ficción, con Brazil sí se iniciaba en el dibujo de futuro imperfecto que preveía para nuestra sociedad en los albores del siglo XXI.

Brazil narra la historia de un burócrata, un funcionario del Estado, llamado Sam Lowry (Jonathan Price). Lowry vive una vida anodina y gris todos los días, encerrado en su departamento de facturación e incidencias. Pero de noche sueña que es un guerrero alado, que lucha contra hordas de demonios para salvar a su amor, una hermosa mujer de pelo rojo, cuyo nombre ni siquiera conoce.

Sin embargo, un día su vida da un giro de 180 grados cuando, por error, el sistema confunde a un padre de familia con un activista contrario a él (Robert DeNiro) sobre el que pesa una orden de busca y captura. Lowry intenta, a su particular manera, arreglar el embrollo y esto lo conduce a conocer a la mujer con la que sueña (Kim Gresit). Lo que Sam no sabe es que sus sueños no se van a hacer realidad, precisamente, ya que su pesadilla no ha hecho sino comenzar...

Y hasta aquí la sinopsis de la película, ahora pasamos a contaros algunos detalles acerca de ella. Seguramente a muchos os llame la atención el título de esta película, que resulta cuanto menos críptico. El motivo es que Brazil hace referencia a la canción Aquarela do Brasil, que fue popularizada durante la dictadura militar en Brasil como una suerte de himno popular que exaltaba las virtudes del país.

En este sentido, la película habla precisamente de eso, de un sistema y una sociedad que se retroalimenta, ajena a la deshumanización que vive inmersa en su propia samba mental. Esto a su vez, da continuidad a un régimen tecnócrata burocratizado en el que los errores informáticos pueden mandar a una persona inocente a un agujero (o al cadalso) mucho tiempo antes de que nadie recaiga en el tremendo malentendido. 

Terry Gilliam plantea pues en esta obra su propio futuro orwelliano al más puro estilo de 1984, mezclado con El Proceso de Kafka. Para este fin nos dibuja un mañana de estética futurista (imitando los escenarios películas de ciencia ficción de los años 30 y 40), mezclando elementos del siglo XX: ordenadores con aspecto de máquinas de escribir, coches monoplazas de techo bajo, tranvías que circulan entre rascacielos, grandes salones y pasillos que recuerdan a la Alemania de Hitler...  Con ello, nos logra generar la sensación de agobio y claustrofobia que busca, empatizando con los habitantes del mundo.

También, en medio esta oscura ambientación, el humor característico de Gilliam está presente: los guiños en segundo plano para indignar y sorprender al espectador son una constante en toda la cinta. Además, las secuencias oníricas, en la que se desarrollan los sueños del personaje, es un terreno en el que el director se mueve muy bien, y es que en parte ese es el objetivo de la película. 

Después de todo, Brazil es la segunda tres películas que conforman la trilogía destinada a la imaginación. Las otras dos son Los Héroes del Tiempo (1981) y Las Aventuras del Barón Munchaussen (1988). En las tres películas, Gilliam juega con la fuga de sus protagonistas del mundo material y frívolo, usando la imaginación y los sueños como válvula de escape. Sin embargo, donde Los Héroes es una película de aventuras infantil y fantástica y El Barón, una reinterpretación del personaje de la literatura alemana, Brazil bucea en las simas más oscuras y frías de lo que podría ser nuestra sociedad en pocos años. 

De hecho, Brazil es tan oscura que su productora, Universal Pictures, obligó a Terry Gilliam a hacer otra versión con un final feliz y más dulce. ¿El motivo? que el desenlace de Brazil era cuanto menos anticlimático para los canones de los años ochenta. Incluso aunque el terror de un futuro dominado por la burocracia y las grandes corporaciones fuera una constante en las producciones de ciencia ficción: Robocop y Blade Runner, por citar dos ejemplos. 

Por ello, podemos decir que Brazil es una película de su tiempo, una película ochentera, que, siendo justos, ha envejecido un poco mal. Los 124 minutos que dura pueden hacerse extremadamente largos y lentos. Aunque, en esencia, no sobran minutos de metraje tampoco, un espectador poco paciente puede llegar a aburrirse con ella. Sin embargo, hay que hacer notar que revistas como Time o Empire la sitúan entre las 100 mejores películas de la historia. Por algo será, ¿no? ¿O acaso será otro sueño del protagonista?

¿Os habéis quedado con más ganas de ciencia ficción?

Si la respuesta es un rotundo sí, tranquilos, que os lo ponemos fácil. Lo unico que tenéis que hacer es visitar el índice de nuestro recopilatorio de cine de Ciencia Ficción y elegir las otras críticas que ya tenemos diponibles. 

Valoración

Interesante película ochentera que gravita hacia la crítica del futuro imperfecto que nos puede aguardar, en donde la burocracia y la tecnología embrutecen a la raza humana. Da que pensar.

Hobby

76

Bueno

Lo mejor

El humor ácido y negro de Terry Gilliam, tan presente en toda su obra.

Lo peor

El tiempo no perdona. Y más a una película de Terry Gilliam, cuyo público suele ser algo selecto.

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