Análisis

Cine para gamers: El rey del mando

Por Jesús Delgado
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Argumento: Un game tester de 35 años, el mejor y más veterano de su empresa, ve como su vida da un vuelco cuando su casero le echa de casa por impago de alquiler. Nuestro "héroe" tendrá que irse a vivir con su abuela y sus amigas, propiciando un choque generacional con previsibles, aunque divertidas, consecuencias. 2006- DIRIGIDA POR: Nicholaus Goosen. - PROTAGONIZADA POR: Peter Dante, Linda Cardellini, Jonah Hill, Allen Covert, Joel David Moore, Doris Shirley Jones.

Playboy: El Rey del Mando (Grandma´s Boy, en el original) podría ser una de esas películas que han pasado sin pena ni gloria por la historia de la comedia norteamericana de la pasada década, de no ser porque se trata de una peli de culto dentro de ese nicho que es el Cine para gamers. Humor verde, facilón y adolescente y mucha droga son los ingredientes de una cinta que pretende, o no, meterse de lleno en el mundo de los betatesters.

 

Así, el director de esta película, Nicholaus Goosen, nos retrata la vida de Alex (Allen Covert), un treinteañero que no ha sabido madurar y sigue, a sus treinta y muchos, trasnochando, jugando a marcianitos, bebiendo como un cosaco y fumando kilos y kilos de maría. O, al menos, hasta que su compañero de piso se gasta todo el dinero del alquiler en fulanas y su casero (interpretado por el inigualable Rob Schneider) les da puerta. Por lo que, sin un lugar a donde ir, Alex acaba viviendo con su abuela y las sexagenarias amigas de ésta.

 

 

Pero nada es tan sencillo en Alexlandia. Las viejecitas, a cambio de cobijarlo, le piden que haga chapuzas, a las cuales nuestro héroe no está precisamente acostumbrado, llegando a hacerse daño en sus dos mejores amigas (las manos, guarretes). Para empeorar las cosas, el último juego de su compañía, pergeñado por el detestable niño prodigio J.P. (Joel David Moore) está en las últimas fases de producción y tienen que hacer las pruebas finales con fechas muy apretadas. ¿Sobrevivirá Alex a la que parece que va a ser la peor semana de su vida? La respuesta no os la contamos, sino que os invitamos a verla y a descubrirla por vosotros mismos. Pero antes, la 'somanta de palos' del crítico.

¡Qué bonita es la vida del testeador!

Para empezar, hay que dar una “pequeña colleja” al guionista, quien en su buena intención ha acercado el mundo de los videojuegos a un público mucho más mainstream, aprovechándose de los mitos creados en torno al mundillo. Por un lado, nos encontramos a los beta testers y programadores de juegos, convertidos en arquetípicos menores de veinte años, frikis y obsesionados con perder la virginidad antes de los treinta. Algo que, si no se toma con el humor debido, puede incluso ofender a la gentecilla del gremio que ya peina canas y aprendió que los niños no vienen de París hace décadas.

Por otro lado, el marco en el que se nos presenta frivoliza y simplifica el proceso de creación de videojuegos resulta cuanto menos pueril, ya que propone que su desarrollo se debe a un único individuo que “en sus horas libres” es capaz de programar él solo el equivalente a Darksiders 2. Casi nada.

 

 

Pero estas licencias deben explicarse teniendo en cuenta que se trata de una película que idealiza y trata de acercar un mundo tan aparentemente hermético al gran público. Y por lo tanto podemos perdonar estas generalizaciones. ¿Acaso no nos gustaría que la vida fuera como en las películas? Además, ver a Jonah Hill en uno de sus primeros papeles interpretando a uno de los amigos del protagonista, nos hace recordar los primeros pasos de este actor con nostalgia.

Sexo, drogas y chistes guarros. ¿Quién da más?

El rey del mando, siendo justos, no es una película intelectual que quiere ahondar en la dificultad del tránsito entre la infancia y la madurez o hacer una crítica acerca del síndrome de Peter Pan. ¡Qué va, olvidaos! Se trata de una celebración por todo lo alto del comportamiento teenager entre adultos, el desfase y el Paquirrín way of life. Para ello utiliza como vehículo los chistes sobre tetas, culos y yayas ninfómanas, remezclándolo con animales, bolsas de cáñamo, personajes inmaduros y carnavalescos y (sobre todo) videojuegos.

 

Además, a diferencia de la mayor parte de las comedias de esa década, El rey del mando carece de la curva de aprendizaje que ha de pasar siempre el protagonista. Alex sale de escena igual que entró: siendo un vividor, fumeta y sin mayor aspiración que la de calzarse (con perdón) a su jefa y jugar a videojuegos.

 

 

¿Y qué problema hay en eso?, pregunto. El rey del mando no trata de estar a la altura de El discurso del Rey o Descubriendo Nunca Jamás, por citar dos titulos más o menos serios sobre tránsito hacia la madurez y la responsabilidad. Su fin es completamente lúdico y carente de aspiraciones superiores, salvo la de sacar unas risas al espectador. Y en este aspecto cumple muy bien.

 

Ahora bien, es cierto que encontramos algunas pegas como que a la hora de dar carpetazo a la película ya está todo dicho y hecho; lo cual nos lleva a un final precipitado y casi improvisado. Podemos también disculparlo, pues tampoco es que haya mejor manera de finiquitar este desenfadado dislate. Y aún así, es el tipo de película que os recomendamos para ver después de haber acudido a un ciclo de cine checo-neo realista en V.O. con subtítulos en francés. Creednos, lo agradeceréis.

Valoración

Comedia norteamericana sin pretensiones. Ideal para pasar el rato y echarse unas risas. Pero no le pidas más.

Hobby

69

Aceptable

Lo mejor

Guión facilongo y los chistes geeks y guarretes, perfectos para desconectar.

Lo peor

Falta de ritmo y un final improvisado.

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