Análisis

Cine de superhéroes: Crítica de Elektra

Por Daniel Quesada
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CRÍTICA DE Elektra - DIRIGIDA POR Rob Bowman - PROTAGONIZADA POR Jennifer Garner, Goran Visnjic, Kirsten Prout y Will Yun Lee. ARGUMENTO: Una experta en artes marciales actúa como eficaz asesina a sueldo. Cuando le toca acometer su siguiente trabajo, verá cómo su pasado y su destino confluyen.

Marvel Cómics tiene muchas décadas de vida y ese tiempo ha dado para parir cómics de toda clase, no solo de superhéroes. Uno de sus personajes más oscuros es la asesina Elektra Natchios, amor prohibido de Daredevil y creación del genial Frank Miller.

La muchacha es presentada como un personaje oscuro, sombrío y marcado por los traumas, que se bambolea entre la heroicidad y la villanía y que no tiene miedo a derramar sangre.

Su historia está muy relacionada por su origen griego, pero sobre todo por la disciplina griega en la que se crió. Ella es una kunoichi, una ninja mujer.

Como podreis suponer, semejante material daría para una película fabulosa y llena de matices... Bueno, pues va a ser que no. Intentar, se intentó, pero...

A ciegas sin Daredevil

En 2003, la película Daredevil fue uno de los proyectos más ambiciosos de la nueva aventura de Marvel en el cine. En ella, como era de esperar, la asesina Elektra se convirtió en una secundaria de lujo, así que los jefazos de la compañía intuyeron que tenía potencial suficiente como para protagonizar un spin-off a su medida.

Dicho y hecho. En 2005 se estrenaba Elektra, en la que Jennifer Garner repetía el papel de miss Natchios. Ella ya lo había probado, pero de nuevo se veía venir que era una actriz ideal para el papel: tenía la mezcla justa de sensualidad y agresividad... Y qué demonios, estaba obligada por contrato a interpretarla. Con la actriz a punto, se concibió una historia que tomaba elementos de unos cómics y de otros para crear un gazpacho propio.

Los malos, como en buena parte de los cómics, son los miembros de La Mano (organización que, por cierto, sirvió de inspiración para el Clan del Pie de las Tortugas Ninja), pero el objetivo principal es uno bien curioso: proteger a Abby, una niña que guarda un sorprendente secreto...

A partir de ese último aspecto comienza a descarrilar la película. Resulta que Elektra, asesina implacable y que hasta los más duros mafiosos temen, se ablanda como un Milka Bubbly cuando conoce durante diez minutos a la niña y a su atractivo papá. Resulta que en el fondo no era tan mala, lo único que necesitaba era conocer a alguien con quien sentirse identificada para encontrar su camino.

¿Elektra o Naruto?

La trama principal, bobalicona y poco respetuosa con el personaje, se mantiene apuntalada por los pelos gracias a una serie de personajes secundarios bastante curiosos, que conforman algunas escenas divertidas. El menos llamativo es Stone, una mole que es dura como una piedra (hasta que lo aplasta un árbol, ejem), pero sí molan otros como Tattoo o Tifoidea.

El primero es capaz de generar animales a partir de los tatuajes de su cuerpo, desde un águila espía hasta unos perros que persigan a los protagonistas. Su poder (¿soy el único al que le recuerda a Sai o Deidara de Naruto?) da pie a unas cuentas secuencias con animales generados por ordenador que, aunque cantan un poco a estas alturas, aligeran el ritmo de la película y resultan imaginativas.

El otro personaje, Tifoidea, está libremente basado en María Tifoidea, una de las villanas más interesantes y temibles de Daredevil. Ahora bien, en vez de telener poderes telequinéticos y piroquinéticos, aquí pudre todo lo que toca. Curiosamente, es otro personaje del universo Marvel el que tiene ese poder: Estige, uno de los enemigos de Spider-man. Su ataque (y morreo) sorpresa a Elektra muestra el plano más conseguido de todo el film: ver cómo la heroína cae fulminada mientras unos pétalos negros caen a cámara lenta es hasta poético. Que sí, que sí.

Sin embargo, todo esto no es más que una carabina para el verdadero malo del juego: Kirigi, archirival que también existió en los comics y que aquí es una especie de jefe ninja que se mueve más rápido que un hater cuando hay que tuitear algo sobre la consola contraria.

Resulta interesante y hasta temible, con la mirada acerada del actor Will Yun Lee y sus contundentes movimientos... Pero bueno, al final de la película pasa lo que pasa y te quedas pensando "po fueno, po fale".

Una película elektracutada

Elektra es recordada como una de las peores películas basadas en Marvel. La verdad es que es floja, pero un nuevo visionado revela algunos puntos a favor. Garner sigue convenciendo en el papel y sus coreografías (aún influenciadas por la cámara lenta de Matrix) resultan entretenidas. Ahora bien, hay muchos elementos que lo único que hacen es entorpecer el ritmo. Esos flashbacks en los que recuerda el trágico destino de su madre ralentizan más que explican y el uso de su habilidad para prever el futuro no acaba de estar bien encauzado.

Lo peor es que la película va de seria, pero no tiene el arrojo de ir a por todas (el nivel de violencia iba a ser mucho mayor, pero se restringió para que el film fuera apto para el público general). Los pocos intentos de aligerar la historia son a costa de una Abby que, entendemos, pretendía ser encantadora, pero más bien es la típica teenager respondona e insoportable.

La película falla mucho en su ritmo y en el tratamiento de los personajes, aunque regala algún plano chulo como el de la pelea entre las sábanas. Poco más hay que rescatar de un film que la Garner hizo a regañadientes... Y con razón. Mejor dejar los sais guardados.

No pasa nada, hay más superhéroes

Si os habéis deprimido recordando viejos tiempos... ¡Arriba ese ánimo! Nos quedan muchas películas de chicos enmascarados en nuestro especial de cine de superhéroes. ¡Y algunas son hasta buenas!

Valoración

Conserva parte de la esencia de un personaje tan jugoso, pero no sabe muy bien qué hacer con ella. Se mueve entre el drama y el cine de acción, sin llegar a puerto.

Hobby

59

Regular

Lo mejor

Garner es una muy digna encarnación del personaje. Algunos planos "artísticos".

Lo peor

Estrangularía a Abby con mis propias manos. Los ridículos finales de los malos.

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