Análisis

Cine de superhéroes: Ghost Rider, espíritu de venganza

Por Daniel Quesada
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CRÍTICA DE Ghost Rider, espíritu de venganza - DIRIGIDA POR Mark Neveldine y Brian Taylor - PROTAGONIZADA POR Nicolas Cage, Ediris Elba, Violante Placido y Ciarán Hinds. ARGUMENTO: Johnny Blaze cada vez tiene más problemas para controlar el espíritu que lo posee y busca la forma de extirparlo de su cuerpo. Mientras tanto, Nadia, una carterista que lucha por proteger a su hijo, se ve envuelta en una apocalíptica conspiración.

Ya hemos dicho en alguna ocasión que Nicolas Cage mola y no mola a la vez, pero hay que reconocerle su capacidad para lanzarse sin red a proyectos por los que ningún otro actor de renombre daría un duro. Tal fue el caso de Ghost Rider: El motorista fantasma, la adaptación al cine de uno los cómics más irreverentes y oscuros de Marvel. La crítica lo puso a caer de un burro (con razón), pero eso no lo frenó a la hora de embarcarse en una segunda parte con premisas algo diferentes.

Ghost Rider: Espíritu de venganza se traslada a Europa del este, donde el prota Johnny Blaze se recluye para no dañar a nadie con sus transformaciones en Motorista. Entocnes entran en acción un monje, Idris Elba y una ladronzuela, Violante Placido, que meten en un nuevo lío al bueno de Johnny. No os contaremos demasiado, pero con demonios y apocalipsis de por medio, el prota no tiene más remedio que dar rienda suelta a su "espíritu de venganza" para salvar la papeleta.

Killed to be wild

No os vamos a engañar: todo el guión es una tontería como un castillo, pero en el fondo, nunca esperamos muchas capas de lectura en una película de este estilo. Lo importante es que las secuencias de acción aguanten el tipo y, en ese sentido, Ghost Rider: Espíritu de venganza sale mejor parada que su predecesora. Por un lado, los efectos por ordenador son bastante más convencentes, sobre todo en lo referente al propio Motorista: su calavera refleja mejor la decadencia del personaje, gracias a los efectos de llama, cenizas y grietas que la hacen más realista. Bueno, todo lo realista que puede ser un espectro incendiado y subido en una Yamaha.

Esta mayor espectacularidad en los efectos tiene buenas y malas consecuencias. Las buenas es que asistimos a algunas secuencias de acción frenéticas y bastante espectaculares por momentos. No es solo mérito del Motorista, sino también del arriesgado planteamiento de sus directores: ellos mismos, flipados de la vida, manejaban las cámaras en las secuencias más difíciles, aunque ello implicara ir sobre patines carretera abajo o sujetarse con un simple arnés sobre un precipicio.

Sinceramente, gracias a ello se consiguen algunos planos ralentizados absolutamente impactantes, que tienen más de artesanal que de chroma key, pero esto también nos lleva a un abuso de encuadres locos y secuencias histriónicas, en las que los directores parecen buscar más el molarse a sí mismos que al espectador. Pero oye, kudos por la creatividad.

Hablando de histrionismo, eso nos lleva a las malas consecuencias que os comentábamos antes. Buena parte de Ghost Rider: Espíritu de venganza gira en torno a la lucha de Johnny Blaze por no sucumbir al Motorista. Por tanto, Nicolas Cage se pasa un buen rato poniendo cara de "que me convierto-que no me convierto", como si estuviera extreñido y laxado a la vez.

De nuevo, eso ayuda a crear algunos planos meritorios como el que veis arriba, que están en la fina línea que separa lo ridículo de lo molón. Por nuestra parte, aunque creemos que a veces descarrilan, agradecemos el riesgo. Y eso sí, Nicolas: contente un poco, hombre, que a veces que los ojos se te van a salir de las órbitas.

Los directores también pecan de excesivos en algunas facetas del guión, en las que el poder del Motorista se exagera y "traslada" a otros elementos, lo cual hace que se pierda un poco la gracia y parezca que todo vale. Eso sí, el momento "pis infernal" mola.

Los escuderos de Johnny

Esta vez, la película cede algo del protagonismo a los personajes secundarios, especialmente a la bella Nadia y a un monje Moreau interpretado por Idris Elba, que levanta la película siempre que aparece. Tanto su sencilla caracterización como su presencia nos hacen pensar qué pinta él en una peli tan casposita, aunque quizás le sirvió para que se fijaran en él y lo convirtieran en el Heimdall de Thor ese mismo año.

Hablando de gente inesperada, aquí tenemos a Christopher Lambert, que cual Connor McLeod de Los Inmortales reaparece de entre la nada (llevaba años sin pisar una película potable de Hollywood) con un papel tan absurdo como torpemente interpretado. Vamos, Lambert, tú molas más que esto...

El último secundario digno de mención es Johnny Whitworth en el papel de Ray, un matón de poca monta que gana peso en la segunda mitad de la película gracias a cierta "gracia maligna", lo cual da pie a algún momento gracioso (muy bueno, lo del twinkie que no se pudre), pero también a una labor de maquillaje más bien floja, floja. ¿Se supone que tiene que dar miedo?

Así, Ghost Rider: Espíritu de venganza parece una película hecha más con el corazón que con talento, lo cual es bueno y malo. Merece la pena un visionado, porque ciertamente ofrece momentos curiosos, pero no puede sostenerse como cinta de acción ni, mucho menos, como una de aventuras. Y, aún así, llamadnos locos, pero nos parece más digna que la primera. Habremos esnifado de algún tubo de escape...

No es el final de la carretera

Si quieres ver otras críticas basadas en las viñetas, recuerda que tienes montones de epopeyas galácticas y duelos en calzones esperándote en nuestro especial de cine de superhéroes.

Valoración

Más arriesgada y creativa que su antecesora, posee algunos momentos de acción sorprendentes, pero que parecen más pensados para una pieza de videoarte que para una película épica.

Hobby

67

Aceptable

Lo mejor

La imponente presencia de Idris Elba. El Motorista es muy espectacular en ocasiones.

Lo peor

El señor Cage no consigue librarse de su histronismo. Toda la excusa argumental es muy boba.

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