Análisis

Cortocircuito - Crítica de la primera aventura de Número 5

Por Jesús Delgado
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Crítica de Cortocircuito (Short Circuit, 1986) - Dirigida por: John Badham - Protagonizada por: Ally Sheedy, Steve Guttenberg, Fisher Stevens, Austin Pendleton, G.W. Bailey y Brian McNamara. Argumento: Número 5, un droide experimental de combate, sufre un cortocircuíto que le dota de libre albedrío y conciencia de sí mismo. El robot escapará, pero el ejército querrá recuperar lo que es suyo. 

Los ochenta fueron una época maravillosa. Su cine nos hacía creer en laberintos plagados de gnomos y goblins, de naves capaces de penetrar en el cuerpo humano, mitad hombres mitad robots todo policía, que de la imaginación de un niño podía depender todo un reino de fantasía y que incluso un robot podía encontrar el significado de la palabra humanidad. Nos referiemos, claro a Cortocircuito.

 

Cortocircuito nació inspirado por un proyecto educacional con el que se pretendía enseñar a los niños interés por la robótica. El éxito y la popularidad de los robots, en especial gracias a Star Wars, animó a los productores de la cinta a desarrollar un título protagonizada por un androide humanizado. El resultado fue esta entrañable fábula sobre un robot que desarrollaba inteligencia propia. Huelga decir que el pequeño armatoste, llamado Número 5 (Johnny 5 en su secuela) fue un éxito asegurado desde el primer momento.

La cinta contaba con Ally Sheedy  y Steve Guttenberg como pareja protagonista. A la primera ya la habíamos visto en Juegos de Guerra y al segundo (entre otras cosas) en Loca Academia de Policía como el memorable y gamberro Mahoney, vamos, lo que viene siendo un buen gancho para el público de la época, al reunirles también con Fisher Stevens, actor de comedia que algunos recordarán como Iggy en la película de Super Mario.  La dirección, en tanto, corrió de manos de John Badham, director de Fiebre de Sábado Noche, aunque su rol como responsable de Juegos de Guerra y El Trueno Azul pudo estar detrás de su acertada elección como director de Cortocircuito.

Por cierto, antes de meternos en faena, os brindamos dos detalles curiosos. El primero: La película costó 9 millones de dólares y recaudó solo en EEUU 40. Vamos, que las cuentas les cuadraron tras el estreno. ¡Y más les valía debido al segundo detalle! Lo que más costó fue precisamente hacer al robot protagonista. Número 5 se llevó buena parte del presupuesto. De hecho, se construyeron varias réplicas del original, algunas de ellas personalizadas para ciertas escenas puntuales. 

El Pinocho de los años 80

Tener que hacer crítica de esta película, la verdad, ha sido bastante emotivo. No la veía desde que tenía cinco o seis años y su final, el cual no os destriparé para que nadie tenga una rabieta con los SPOILERS de un título de hace treinta años, me hizo llorar. De hecho, recuerdo que mi primera reacción fue la de apagar el video y mandar al cuerno todo. Luego me enteré de que me había dejado sin ver los últimos cinco minutos y la cara me cambió, pero el trauma ya estaba causado y le cogí manía a la película. Hasta ahora, que por trabajo he tenido que volver a verla.  

 

Con este arranque, nada gratuito por cierto, quiero decir que es una película que está bien construída y argumentada, capaz de tocar la patata y emocionarnos si la dejamos. Lo que tenemos entre manos, básicamente, es el cuento de Pinocho muy bien construído. Cortocircuito es la fábula que habla sobre la creación de vida artificial y de cómo el nuevo ser "vivo" toma conciencia de sí mismo, del entorno que le rodea y del mundo en el que le toca vivir. A su vez, la historia desarrolla las reacciones de los "creadores", los humanos. Por un lado el "Geppetto" de la cinta, incrédulo ante la idea de que su máquina haya madurado y evolucionado más allá de su función utilitaria; por otro aquellos que quieren sacar partido de "niño artificial" sino destruirlo; y finalmente aquellos que tras un breve proceso de asimilación aceptan al robot como un ser vivo.

En este sentido, Cortocircuito se contruye en torno a una fórmula muy trillada ya en el género de la ciencia ficción. Sin ir más lejos, Inteligencia Artificial o Blade Runner vienen de supuestos similares, aunque claramente mucho menos optimistas. Cortocircuito, en cambio, emana ese optimismo ochentero, tan propio de la Era Reagan, cargado de cultura popular yankee, expresada a través de moda, principìos morales, música y producción audiovisual. Dicho de otro modo, Cortocircuito es el Pinocho de los años 80. Salvo que en lugar de ser un niño de madera es un robot con una insaciable curiosidad y un cañón láser al hombro. 

Cortocircuito - Crítica de la primera aventura de Número 5

El discurso, además, está bien argumentado y sostenido por personajes y recursos de la época, ambientado en un sitio tan molón como Oregón (estado donde también se desarrolla la mítica Los Goonies y la serie de animación Gravity Falls, por cierto). El guión aunque bastante sencillote, inocente y algo superficial, es sólido. No pretende reinventar la leyes de la robótica, pero es honesto y directo y defiende muy bien su idea de que el robot protagonista está vivo, habiendo desarrollado una personalidad benevolente e inocente, como la de un niño. Sin embargo, buena parte del mérito no solo se encuentra en el relato.

Número 5, el verdadero protagonista

No vamos a entrar a valorar las actuaciones el reparto. Ally Sheedy y Steve Guttenberg son quienes llevan el mayor peso narrativo, siendo respectivamente la heroína y el héroe de esta historia en sus papeles de "Pepito Grillo" y "Geppetto" del robot protagonista. Ambos defienden sus pales incluso a pesar del improbable romance, traído por los pelos, que protagonizan. Pero oye, si el chico y la chica no se conocen y se enamoran en menos de hora y cuarenta minutos, no estamos ante una película de los años ochenta.

 

Lo que sí valoraré, en cambio, es a Fisher Stevens. Su personaje es un alivio cómico ochentero, radicado en su origen extranjero y friki, que ha envejecido hasta resultar rancio y ligeramente ofensivo. Parece que si miramos a unos años atrás, no ser blanco y norteamericano era sinónimo de sufrir algún tipo de minusvalía intelectual y social, dando pie a situaciones embarazasosas y continuos comentarios cargantes, destinados presuntamente a hacer reir al público. Que sí, que sé lo que vaís a decir: que son cosas de la época y hemos de entenderlo así. Soy el primero en admitirlo, pero también lo soy a la hora de decir que el recurso no funciona igual de bien treinta años después y que eso lastrar el visionado de la cinta hoy en día. 

Pero no me enrollo más, ni haré más sangre a este respecto. Lo que quiero decir realmente es que, al margen de su elenco, meramente accesorio, la película funciona en verdad gracias al robot. Número 5 no solo es el protagonista real de la película, sino también su estrella. El condenado cacharro (y perdonad la expresión) funciona a las mil maravillas incluso a día de hoy. La genialidad con la que se dirigen sus escenas, sacando provecho del dron manejado por telemetría que era en realidad es simplemente magnífica. El director aprovecha hasta el más mínimo detalle el prespuesto para hacer creíble que el autómata es, en verdad, un ser vivo. 

Esto, por otro lado, también debe entender atendiendo no solo a la buena mano del director, sino también del diseñador del robot: Syd Mead, quien estuvo también detrás de los diseños de Tron y Blade Runner. El Número 5 de Mead es expresivo, con esos dos grandes ojos, y además cuenta con una apariencia inolvidable a la par que bastante realista, de acuerdo con los presupuestos de su momento. En buena medida, el marionetista que lo manejaba a control remoto sacó un provecho espléndido de él, consagrándo a nuestro amigo de metal como uno de los grandes íconos de los ochenta. ¡Ah, y como curiosidad! La voz en VO de Número 5 corresponde a Tim Blaney, que no es otro que el doblador de Frank, el pug de Men in Black. En España, por otro lado, su doblador fue Miguel Ángel Valdivieso, responsable de la voz española original de C3PO de Star Wars y de George McFly en Regreso al Futuro (ojo al dato).

Cortocircuito - Crítica de la primera aventura de Número 5

Concluyendo. Que sí, que los detractores más críticos dirán que Cortocircuito es pueril, ingenua y simplona... ¿pero y qué? La película sigue siendo emotiva y sincera. Estamos ante un honesto cuento de finales del siglo XX que nos hace pensar qué es estar vivo, cuestionado si la cualidad del origen sintético exonera al ser la capacidad de reír, sentir, temer, emocionarse y, en definitiva, vivir.  En conjunto, que muy a pesar de que haya gente que diga lo contrario, pienso que Cortocircuito es, posiblemente, una de las mejores y más entrañables películas de los años 80, siendo una de sus más dignas representantes. 


Si el furor ochentero os está invadiendo tras esta reseña... ¡entonces no os lo penséis más! No os perdáis nuestro especial de cine de los años 80.

Valoración

Entrañable película de ciencia-ficción de los ochenta. Johnny-5 se nos metió en el bolsillo con su ingenuidad e inocente sentido del humor en esta fábula del "Pinocho de los años 80"

Hobby

70

Bueno

Lo mejor

El protagonista. El maldito robot no nos deja de caer simpático

Lo peor

Hace falta aceptar las convenciones de su tiempo para entrar al trapo con la historia.

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