Análisis

Crítica de Indiana Jones y el templo maldito - Especial cine de los 80

Por Raquel Hernández Luján
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CRÍTICA DE: Indiana Jones y el templo maldito (Indiana Jones and the Temple of the Doom) - DIRIGIDA POR: Steven Spielberg - PROTAGONIZADA POR: Harrison Ford, Kate Capshaw, Jonathan Ke Quan, Amrish Puri, Roshan Seth, Roy Chiao, Philip Stone, Raj Singh, David Yip, Ric Young, Dan Aykroyd, D.R. Nanayakkara y Pat Roach.ARGUMENTO: Indiana Jones, tras meterse en jaleos en un local nocturno de Shanghai a costa de una transacción con un diamante, consigue escapar junto a una bella cantante y su joven acompañante Tapón. Tras un accidentado vuelo, los tres acaban en la India, donde intentarán ayudar a los habitantes de un pequeño poblado, cuyos niños han sido raptados.

Han pasado tres años desde que debutara en cines Indiana Jones con En busca del arca perdida y la carrera de Harrison Ford está en su cúspide. A partir de estos momentos y durante muchos años su nombre será un marchamo de calidad que acompañará los mejores rendimientos en taquilla asociados a su nombre.

Sin embargo, para algunos como yo, ésta fue su primera película de Indy. Si me lo permitís os contaré una anécdota personal antes de ir "al lío" de la crítica porque, de hecho, es la primera película de la que tengo conciencia. La vi en el cine de verano de mi pueblo siendo un mico y el "sorbete de sesos de mono" se me quedó grabado a fuego, entre otras cosas, porque entre la sopa de ojos, las serpientes con sorpresa y la proliferación de cucarachas gigantes, insectos corteza y otros tantos animalitos preciosos, me puse malísima y tuvimos que salir de la proyección. ¡Y aún así se convirtió en mi película favorita! 

Revisionándola ahora para este especial me doy cuenta de que me sigo acordando de casi todo el metraje del tirón, secuencia tras secuencia, gag tras gag, diálogos incluidos y eso que de la mitad de las cosas cuando la veía de pequeña no entendía nada, como en el caso del accidentado romance en el que tanto Indy como Willie tratan de imponer su ego.

La recordaba mucho más divertida y es, estoy segura, porque no llevaba encima tantísimas películas como a día de hoy y para su momento resultaba ser muy fresca y desinhibida por no decir que era escuchar el tema principal y se me ponían los pelos de punta deseando ver más y más aventuras asociadas a lo misterioso y desconocido.

La película comienza incidiendo de nuevo en el aspecto bondiano que os comentábamos en la primera crítica: de hecho, no hay más que ver la presentación de Jones en su traje blanco y el "sarao" en el que se mete con una corista a la que acaba llevándose consigo tras tratar infructuosamente de conseguir un diamante del tamaño de un huevo.

Pero de nuevo vamos a ver cómo se subvierten todas las claves del género de espías: la transacción es un desastre, acaban todos rebozados por el suelo entre globos y cubitos de hielo buscando el diamante y el antídoto del veneno que ha ingerido el despreocupado Indy y, para colmo, su socio es un niño... Sus dotes para el amor tampoco funcionan de maravilla en esta precuela en la que su forma de conquistar a la materialista Willie son bastante rudas.

Entre las claves del humor, está ver a esta mujer elegante y urbanita expuesta a la intemperie, los bichos (que proliferan mucho, como ya señalábamos, para mi desesperación) y los cultos satánicos y, cómo no, a esta familia disfuncional que componen junto al pequeño Tapón.

Claro, como decíamos, a día de hoy el estereotipo de rubia materialista y gritona está tan sobreexplotado que no hace tanta gracia, pero si os dejáis llevar un poco por la memoria, seguro que os meábais de risa con ella en su día cuando se ponía bizca frente al banquete cuajado de delicatessen o tenía que meter la mano en un agujero infecto. La guerra de sexos por más que ahora nos pueda parecer un poco machista, funciona bastante bien como reducto del humor y hay que valorarla en su contexto temporal: sencillamente son dos personajes antitéticos que se atraen como polos opuestos que son.

A Tapón también lo recordaba con cariño y ahora me resulta un poco más cargante y menos adorable que antaño, pero es que los tiempos han cambiado, lógicamente, y la trama incide mucho en la infancia, en el rapto de los niños, los campos de trabajo... Es normal en suma que no buscara excesivamente reforzar aún más la emotividad con el personaje y que quedara simplemente como el simpático compañero de aventuras que es imprescindible para que el gran protagonista brille con esplendor y lo haga más humano.

En el apartado de la música John Williams recupera el tema principal presentado en En busca del arca perdida para las escenas de acción ampliándolo para imprimirle aún más fuerza a la intriguilla asociada a la misma y crea otras igual de excelentes como "Parade of the Slave Children".

 

Las dotes para rodar secuencias de acción de Spielberg siguen siendo fabulosas en esta precuela, (recordemos que está ambientada un año antes que su predecesora, en 1935) y consigue imprimirle un ritmo frenético y absorbente a los momentos clave de la película manteniéndote en tensión y mordiéndote las uñas. Gran parte del mérito es de Michael Kahn, el montador habitual del director, que sabe crear un tempo adecuado cortando en el momento preciso (y eso que hay partes en este montaje en el que se aprecian notables fallos de raccord... es lo que tienen las grandes producciones). 

Desde luego, a mi juicio, la de Indiana Jones es la trilogía de aventuras más sólida y divertida de cuantas he visto, así que mañana mismo os hablaré de Indiana Jones y la última cruzada, ¡el mejor episodio de los tres! Que sí, que sí, que hubo una cuarta pero que yo sigo dejándola fuera por motivos varios... ¡No os pedáis nuestro especial de cine de los años 80! Os dejo con el tráiler de Indiana Jones y el templo maldito:

Valoración

La segunda entrega de Indiana Jones ha envejecido peor que su predecesora aunque también tiene momentos muy memorables y divertidos.

Hobby

78

Bueno

Lo mejor

El banquete del Palacio de Pankot y los puntos de humor.

Lo peor

Argumentalmente es una precuela un poco floja que añade poco al personaje.

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