Análisis

Crítica de Transformers 2: La venganza de los caídos

Por Fátima Elidrissi
-

CRÍTICA DE Transformers 2: La venganza de los caídos (2009) - DIRIGIDA POR Michael Bay- PROTAGONIZADA POR Shia LaBeouf, Megan Fox, Josh Duhamel, John Turturro, Tyrese Gibson, Isabel Lucas, Rainn Wilson, America Olivo, Kevin Dunn, Matthew Marsden, Julie White, John Benjamin Hickey, Ramon Rodriguez.   ARGUMENTO: Dos años después de salvar el mundo en una terrible batalla entre dos razas de robots extraterrestres, Sam Witwicky quiere ser un chico normal que ahora se prepara para ir a la universidad. Pero el inexorable enfrentamiento entre los Autobots y los Decepticons pronto obligará a Sam a volver a la acción.

Con esta secuela, Michael Bay repite la fórmula mágica por la que el director se llena los bolsillos mientras la crítica se lleva las manos a la cabeza: más ruido, más minutos y más espectáculo. Se podría decir que después de ver estos 150 minutos de metraje parece que uno está oyendo decir al padre de las cuatro películas sobre Transformers: “más difícil todavía”. Y parece que lo consiguió, visto que Transformers: el regreso de los caídos recaudó la friolera de 836 millones en todo el mundo. Así es el hombre que hizo de unos juguetes infantiles transformables con la expresividad de una farola un épico grupo de personajes cuya capacidad para empatizar con el espectador supera (con creces) la de sus compañeros de aventuras humanos.

Dos años después, tanto en la narración como en la realidad, los muñecos de Hasbro vuelven a cobrar vida. En esta ocasión Sam Witwicky (Shia LaBeouf), el pagafantas convertido en héroe por la obra y gracia de los Transformers, intenta llevar una vida normal alejado de los problemas de sus robóticos amigos. Para un chico medio estadounidense esto significa dejar el lecho materno y emprender el camino a la universidad mientras se prepara para afrontar una arriesgada peripecia: mantener una relación a distancia con su novia Mikaela (Megan Fox). Es decir, dejar a su novia cañón sin supervisión adoptando posturitas indecentes sobre coches, motos o cualquier vehículo que se le ponga por delante.

Con este planteamiento, el espectador encuentra al protagonista afrontando una situación vital opuesta a la primera película. Si en Transformers el invisible Witwicky quería triunfar, en Transformers: la venganza de los caídos el héroe intenta tomar el clásico camino hacia al anonimato ignorando su destino, un esfuerzo infructuoso como bien sabemos que ocurre en la mayoría de los casos. Este cambio de perspectiva viene acompañado de otro giro, esta vez en la relación del chico con sus padres, que en esta cinta afronta el paso de la adolescencia a la madurez: si en la primera entrega sus padres eran su mayor temor, en esta secuela tendrán que aprender a dejarle volar. Pero volvamos a lo importante: qué pasa con los Transformers.

La culpa es de los Autobots, que van provocando

La existencia de los Autobots y los Decepticons así como el conflicto de Mission City sigue siendo un secreto, pero la gestión por parte del gobierno de los Estados Unidos de esta información ha cambiado. El Sector 7 ha sido desmantelado y el agente Simmons (John Turturro) despedido. En su lugar ha surgido NEST, una agencia donde altos mandos con experiencia de campo como los veteranos de la primera entrega Lennox (Josh Duhamel) y Epps (Tyrese Gibson) trabajan codo con codo con los Autobots persiguiendo a los últimos Decepticons. Pero el burócrata impertinente e inepto de turno hace su entrada para mandar al garete todo lo que habían conseguido.

Dispuesto a hacerse con el control de todas las organizaciones de defensa, el asesor de seguridad del gobierno Theodore Galloway (John Benjamin Hickey) pretende acabar con NEST y con los benévolos robots. ¿Su argumento? Si los Decepticons continúan en la Tierra es culpa de los Autobots. Y así, un nuevo dilema moral se abre paso en la película: después de haberles ofrecido exiliarse en nuestro planeta, ¿expulsaremos a los Autobots de la Tierra?

 

A todo esto, y como comentábamos al principio, Sam se convierte en la clave del conflicto. No ha salido de su casa para ir a la universidad cuando una astilla del cubo (que contenía la AllSpark, ¿recordáis?) se le cae destruyendo parte de su casa al tiempo que graba un código secreto en su cabeza. De nuevo el azar hace que, sin comerlo ni beberlo, Sam se convierta en el protagonista supremo, aunque en esta ocasión le cueste más abrazar su destino.

A partir de aquí la película va alternando secuencias del NEST y los Decepticons con “Sam en la universidad” en un crescendo que sólo puede terminar con un destructivo encuentro. Así descubrimos que Sam tiene extrañas visiones de símbolos de Cybertron. Que muerto Megatron, los Decepticons se encuentran bajo las órdenes de El Caído (atentos al título de la película). Y es que resulta que los Transformers ya visitaron a nuestros prehistóricos antepasados en el 17.000 a. C porque la Tierra contiene energón, una fuente de energía que el Caído pretende utilizar para montarse un ejército de villanos robóticos cuya localización sólo Sam puede revelar...

Viaje con nosotros

Transformers 2: la venganza de los caídos ofrece el mismo tipo de entretenimiento que la primera entrega: una historia cuya rocambolesca trama es una simple excusa para mostrar coches que se convierten en robots y viceversa en cruentas batallas metálicas, más ruidosas y más impactantes que las anteriores. Aunque uno no sepa muy bien de qué están hablando o qué está pasando. De ahí que sea más sencillo señalar “momentos” de mejor o peor gusto que contar el argumento de este enrevesado film. Como John Turturro en tanga. La madre de Witwicky colocada de un bizcocho de marihuana. Un robot que se tira pedos. Otro que se restriega por la pierna de Megan Fox cual perro en celo. ¡Ah! Y el MacGuffin de la película era la matriz del liderazgo... pero qué más da.

Entre las sorpresas más que positivas de la película se encuentran las nuevas localizaciones en Jordania y Egipto. Porque ver a los Autobots en el Templo de Petra o a los Decepticons reventando pirámides es una experiencia portentosa en lo que a megadestrucciones se refiere. Además, las inevitables comparaciones con otras franquicias aventureras ubicadas en las inmediaciones como La Momia o Indiana Jones harán sonreír a los nostálgicos.

Mención aparte merecen las secuencias de acción, verdadero eje de la narración, que vuelven a brillar gracias al trabajo de la empresa de George Lucas Industrial Light & Magic, encargada de nuevo de los efectos especiales de la película.

En conclusión: si lo que buscas es maquinaria hablando, volando, luchando, chocando, más explosiones, más batallas, nuevos escenarios y nuevos Transformers, sazonado todo ello con unos cuantos monólogos sobre el valor, el coraje, la valentía y el honor de los Autobots enunciados por su carismático líder, Optimus Prime, esta es tu película. Si no adoras los excesos, atente a las consecuencias.

Valoración

Michael Bay repite su fórmula secreta con la secuela de Transformers: más ruido, más minutos, más estruendosas peleas metálicas y más espectáculo.

Hobby

70

Bueno

Lo mejor

Jordania y Egipto: el templo de Petra y las pirámides se suman a la sinfonía destructora de Bay.

Lo peor

La relación entre Sam y Mikaela. ¿De verdad a alguien le preocupa que se digan o no te quiero?

Lecturas recomendadas