Fast & Furious 8
Análisis

Fast & Furious 8 - Crítica de la nueva película de Vin Diesel

Por Rafa Domínguez
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Crítica de Fast & Furious 8 (The Fate of the Furious) la nueva cinta de la saga dirigida por Felix Gary Gray y protagonizada por Vin Diesel, Charlize Theron, Dwayne Johnson y Jason Statham. En cines a partir del 13 de abril de 2017.

Fast & Furious 8 (The Fate of the Furious) y la familia liderada por el ya mítico Dominic Toretto (Vin Diesel) regresan a los cines en España el 13 de abril. Dos largos años nos separan de su precuela directa, Fast & Furious 7, aquella en la que James Wan demostró que sus capacidades van más allá del género de terror y con la que más de uno (servidor incluido) terminó envuelto en un mar de lágrimas. Nadie sabía cuál sería el destino de la saga después del trágico fallecimiento de Paul Walker, pero su homenaje en el cine se ha convertido en uno de los más apreciados por los espectadores.

Fast & Furious 7 - Edición Ultra HD 4K 

Son ellos, precisamente, quienes han aupado Fast & Furious a lo que tanto se ha preocupado por repetir el bueno de Diesel: una familia en la que todos tenemos cabida. No esperamos una obra maestra del séptimo arte, ni una reflexión que ponga en jaque las conversaciones a posteriori con los amigos. Sólo queremos sentarnos, pisar el acelerador y no quedarnos sin gasolina. Vivir de medio kilómetro en medio kilómetro, que diría Dom. Abrochaos los cinturones y acompañadme en esta crítica de Fast & Furious 8.

Músculos, coches y velocidad... a medio gas

La tendencia de la saga de Fast & Furious ha llevado a que sus protagonistas se vean involucrados en tareas propias de un grupo de superhéroes, pasando de las carreras en los barrios a ser la única alternativa para desarticular a Cipher (Charlize Theron), la hacker más peligrosa del planeta. F. Gary Gray lleva el volante de esta octava entrega, a quien recordamos por cintas como Straight Outta Compton, Un ciudadano ejemplar o el divertido remake de The Italian Job, donde ya demostró su capacidad para rodar escenas de acción con vehículos involucrados.

La cinta arranca haciendo alarde de la base sobre la que se asienta: una carrera en las calles de Cuba durante la luna de miel de Dom y Letty, en la que el óxido nitroso hace su primera aparición estelar. A partir de entonces la acción se recrudece con la irrupción de Cipher, quien consigue extorsionar a Dom en su propio beneficio, poniéndolo en contra de su propia familia.

Deckard Shaw (Jason Statham) y Hobbs (Dwayne Johnson) se convierten en la nueva gran pareja de baile de la película, con una conexión que, desgraciadamente, no termina de explotarse todo lo que hubiéramos deseado.

Sus escenas en solitario (mención aparte para las frenéticas escenas de combate con las que nos deleitan) consiguen aportar el ritmo que todos deseamos para las más que posibles futuras entregas de la saga, pero dejan en evidencia las posibilidades del resto de personajes.

Fast & Furious 8

Cada escena protagonizada por Statham se convierte en una brisa de aire fresco, un oasis en un desierto de repeticiones. A pesar de las características del personaje, la cinta consigue explotar una vena humorística que le sienta de maravilla y que, por momentos, nos remonta a trabajos pasados como Snatch. Más allá de las escenas de lucha en las que se mueve como pez en el agua, el personaje de Deckard Shaw tiene todas las papeletas para convertirse en uno de los ejes centrales de futuras entregas.

En el otro lado del tablero tenemos a Charlize Theron, quien, a pesar del gran trabajo actoral al que nos tiene acostumbrados, no termina de brillar en su papel como villana principal de la película. Las limitaciones del personaje como hacker, encerrado permanentemente entre los sistemas informáticos en los que se cobija su equipo, son una zancadilla directa para su impacto en la trama. 

Fast & Furious 8

Rizando el rizo

Fast 8 nos regala momentos tan espectaculares en sus escenas de acción como absurdos, que lograrán que más de uno intercambie miradas con su compañero de butaca en busca de algo de sentido. Lo más grave, sin embargo, es que su disparatada trama no termina de coger el impulso necesario para mantenernos enganchados, y ni siquiera el carisma de Toretto como villano es suficiente como para tomarnos en serio la amenaza global a la que se enfrentan los protagonistas. Surge entonces la pregunta inevitable: ¿es suficiente nuestro placer culpable por la saga como para justificar cualquier locura?

Roman (Tyrese Gibson) ha perdido toda la esencia que caracterizaba sus diálogos, convirtiéndose en una especie de mono de feria que no arranca las carcajadas que sí lograba en pasadas entregas; Letty (Michelle Rodríguez) no transmite las emociones que parecían ligarla tan profundamente con Dom; y Ramsey (Nathalie Emmanuel) sigue buscando su lugar en un equipo en el que no termina de encajar. Los 135 minutos que dura su metraje no hacen sino abrir más la herida, dejando patentes las carencias de un guion que termina convirtiéndose en una suerte de persecuciones y enfrentamientos en bucle.

Es un mérito que después de tantas entregas sigamos sintiendo ese gusanillo en el estómago ante un nuevo estreno para la saga, y bien es cierto que cumple en ciertas ocasiones y con dificultades en lo que a entretenimiento se refiere, pero el peso de la ausencia de Brian O'Conner (Paul Walker) ha sido una losa para Fast 8. La sensación final, por tanto, es una falta de frescura y dramatismo que se traduce en una ausencia de empatía para con sus protagonistas. Y esa es, precisamente, la razón de ser de Fast & Furious.

¿Dónde quedan esos lazos sentimentales que unían a sus protagonistas? Echo en falta al Dom que se desgarraba ante cada ataque a su familia, al Roman que levantaba cualquier instante dramático con su divertida falta de madurez, a la Letty cuya mirada era suficiente como para echarse a temblar y, en definitiva, todo aquello que sabía a las calles, más cercano a las sensaciones de sus espectadores que se aferraban con fuerza a los sentimientos de sus personajes.

Las nuevas dimensiones que ha alcanzado la saga no hacen justicia a sus raíces, en las que un circuito de carreras y cuatro matones de una mafia de barrio eran razón más que suficiente como para buscar las llaves de nuestro coche y querer lanzarnos en su ayuda. Quizás es ese afán por apuntar más alto el que ha dejado en segundo plano las emociones que se evaporaron con cada lágrima derramada en el cierre de Fast 7.

Valoración

Un regreso descafeinado en el que, a pesar de los intentos del personaje de Jason Statham, su guion, sumado a la ausencia de Paul Walker, se convierten en una losa difícil de levantar.

Hobby

60

Aceptable

Lo mejor

Jason Statham, erigiéndose como el personaje más carismático de la cinta, y su relación con el personaje de Dwayne Johnson.

Lo peor

La repetición en bucle de fórmulas pasadas y el papel tan desaprovechado de su villana en el guion más flojo de las últimas entregas.

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