Principal Karate Kid
Análisis

Karate Kid - Crítica del clásico ochentero de artes marciales

Por Jesús Delgado
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Analizamos Karate Kid, una de las películas principales de nuestra infancia. ¿O acaso habéis olvidado al Señor Miyagi, a "Daniel San" y a los malvados y abusones Cobra Kai?

Crítica de Karate Kid (The Karate Kid, 1984) - Dirigida por: John G. Avildsen - Portagonizada por: Ralph Macchio, Noriyuki "Pat" Morita, Elisabeth Shue, William Zabka y Ron Thomas. 

Un chaval de Jersey se traslada con su madre a Los Ángeles, California. Allí se convierte en blanco de unos abusones que practican karate. Al menos hasta que un inmigrante japonés, el señor Miyagi, lo toma bajo su protección para enseñarle artes marciales. 

Sé lo que habéis pensado nada más leer "Karate Kid". Todos habéis cantado, sin lugar a dudas, aquello de "Yo, crecí en los ochenta y sobreviví, haciendo la grulla de Karate Kid", del Reno Renardo. ¡No mintáis, bribones, que no es para menos! En principio vamos a despedir nuestro especial de cine de los ochenta con esta película, una de las más representativas a nivel popular, y que la muchachada de entonces recuerda con más cariño. Aunque yo os adelanto ya, a pesar de la nota, que no me tocó la patata entonces, y tampoco me la toca hoy en día. 

 

Poster Karate Kid 1984

 

Aunque, ojo, no es por falta de calidad. En general hay un consenso general respecto a esta película EW la considera una de las mejores películas de "adolescentes e instituto" de la Historia. Y esto no es moco de pavo. De hecho, en su día, si os ponéis a buscar críticas de 1984, veréis que se llegó a considerar una de las mejores películas del año y que alguna nota cercana al diez le cayó. Incluso a día de hoy, la crítica suele ser muy benévola con ella, señalándola como una de las grandes de su momento, no solo por el contenido y la premisa, sino también por la elaboración modesta (8 millones de presupuesto) frente a unos resultados en taquilla que entraban dentro de lo aceptable, 90 millones de dólares. 

Esto, por otro lado, se tradujo no solo en las posteriores secuelas y en la serie animada de televisión, sino también en montones de merchandise: Videojuegos, novelas, camisetas, accesorios... Vamos, que la jugada salió redonda. ¿Pero merece de veras tanto Karate Kid?

Pues hombre, a eso vamos ahora mismo. Pero antes, dos curiosidades. La primera: Todos recordamos a Pat Morita como Señor Miyagi, pero no fue la primera elección para el papel. Originalmente se pensó en Toshiro Mifune (Shogun, Los 7 Samuráis) para el papel, pero  dicen las malas lenguas que Robert Mark Kamen, guionista de la cinta, estaba en contra de esta elección y lo rechazó. Por tanto, se pasó a la opción B, el actor que casi siempre hacía de japonés en películas yankees. Esto es, Mako, al que recordaréis por haber sido el brujo oriental de las películas de Conan de Schwarzenegger, y la voz del Iroh en Avatar y de Splinter en la película animada de TMNT. Mako, debido a estar comprometido conConan: El Destructor, hubo de declinar la oferta. De ahí que al final el papel le lloviera a Morita. Este papel, fuera de bromas, le valió a Morita un cierto renombre Internacional. Aunque llevaba trabajando en cine y televisión desde hacía dos décadas al menos, fue el Señor Miyagi el que le dio el renombre que merecía.

La segunda curiosidad, no se nos olvida, es la del final alternativo. Originalmente Miyagi y el entrenador de los Cobras tenían una pelea en el parking tras el combate final. Esta escena, que originalmente solo apareció en la novelización de la película, posteriormente serviría para la escena de arranque de Karate Kid 2.

Y tras estas dos tontunas, vamos al turrón. 

¡Yo quiero hacer la grulla!

Si algo se puede decir de Karate Kid es que precisamente era y es una película que no solo alimenta a nuestro niño interior, sino que también enseña valores. Sí, vale, la premisa es la de "un loser al que un chino le enseña a dar guantazos como panes para defenderse de los abusones". Pero oye, dos cosas. Una, el "chino" no es chino, sino japonés.  ¡Diferenciemos un poco, hombre! Y segundo, el maestro no le enseña solo a defenderse, sino también valores.

 

 

A pesar de su discurso simplista, vacuo y ochentero, la historia está muy bien construida y logra capturarnos desde los primeros momentos, haciendo que la situación del protagonista nos toque la patata e, incluso, lleguemos a empatizar con él. De hecho, la historia, si la volvemos a ver con ojos ya de persona adulta, se nos descubre como del todo menos maniquea. Realmente, no se trata (solo) de que Daniel Larusso, el prota, sea un zoquete y un cretinillo (que algo hay de eso, ojo) frente al sabio Miyagi. Karate Kid toma esta excusa para elaborar un discurso de madurez y de evolución, desde un Daniel que, oprimido, busca venganza y cebarse con sus abusones hasta un Daniel más sabio que solo trata de sentir respeto por sí mismo, estableciendo una línea que marca el límite. 

Por otro lado, Karate Kid tiene otra bondad a nivel cultural. Esta es la de haber asentado el tropo del mentor asiático que enseña a un occidental. Este recurso se ha explotado hasta la saciedad en numerosas producciones a lo largo de los años. Y, si bien, Karate Kid no innovo en este sentido, pues no fue la primera historia de este corte, sí fue la que hizo popular la idea. En buena parte, el mérito es del tristemente fallecido Pat Morita. El actor de origen japonés interpreta a uno de los mejores mentores del cine y también de los más entrañables. Con permiso de Obi-Wan, claro.

Y aún así tiene defectillos

Llamadme puntilloso, pero si algo me saca de mis casillas es el protagonista de la cinta. Aunque el discurso de la cinta me parece una maravilla, el personaje de Daniel Larusso me sigue pareciendo insoportable incluso treinta años después. Ojo, que Ralph Macchio (quien tenía por entonces 21 años) lo borda. El tío tiene que hacer de un adolescente bastante toca huevos, quejica y un pelín malcriado y lo logra. Pero más importante es el hecho de que hacia el final de la película, Macchio logra transmitir el cambio operado en Daniel. 

 

 

Ahora bien, el defectillo capital de Karate Kid no es de los protagonistas, sino del director. John G. Avildsen no es un cualquiera. Tiene un Óscar por Rocky, además de un Globo de Oro por la misma película. El montaje es bueno, el ritmo funciona y los cuadros están  realizados de la manera que tienen que estar, al menos en su mayor parte. Sin embargo, Avildsen comete algunos fallitos. La película, de hecho, en ciertos momentos recuerda en cuanto a planteamientos a la citada Rocky, y a poco que nos fijemos veremos que cuenta con un árbol muy parecido. Los más críticos, en este aspecto, dirán que Karate Kid es la "Rocky adolescente de los 80". Y algo de razón no les faltará. 

Aún así, una cosa es cierta también, a pesar de este sospechoso parecido. La cinta es una delicia al tratar de ser optimista y a la vez hacer una historia de artes marciales dentro una contención narrativa bastante creíble. De hecho, el público más joven, y si acaso el más puntilloso, le echará en cara el hecho de que sus coreografías no sean demasiado vistosas, sino contenidas. En un mundo plagado de películas de artes marciales, con golpes imposibles y escenas hechas por ordenador, un ojo poco entrenado o consecuente con el tono "realista" de la cinta, no perdonará la ausencia de espectacularidad. 

¿Pero qué queréis que os diga? A mi aún así, Karate Kid me sigue pareciendo una delicia de cinta. 

Por cierto, con esta película despedimos nuestro especial de cine de los 80. Os lo decimos para que no perdáis la oportunidad de encontrar en él las películículas preferidas de vuestra infancia. 

 

 

Valoración

Entrañable película de "adolestentes e instituto" con una competición deportiva de fondo. Llena de momentos clásicos que forman parte de la cultura popular.

Hobby

80

Muy bueno

Lo mejor

Pat Morita, la dirección, ese tono dulce e inocente que corresponde a las películas del momento.

Lo peor

Su estructura y ciertos planos se parecen sospechosamente a los de Rocky.

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