Análisis

El Renacido (The Revenant) - Crítica del film que obtiene 3 Oscar: mejor director, actor principal y fotografía

Por Manuel del Campo
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CRÏTICA: El Renacido (The Revenant) - DIRIGIDA POR: Alejandro González Iñárritu - PROTAGONIZADA POR: Leonardo DiCaprio, Tom Hardy, Domhnall Gleeson, Will Poulter, Paul Anderson, Forrest Goodluck, Lukas Haas - ESTRENO 6 de febrero.ARGUMENTO: En el año 1823, en el salvaje Oeste americano, un grupo de cazadores es atacado por una tribu india. Obligados a huir, comenzarán una odisea para regresar al fuerte. Durante el trayecto, el explorador Hugh Glass sufre un accidente que le deja muy malherido. Asumiendo la imposibilidad de transportarle, quedará al cuidado de su hijo, el mesitizo Hawk, y otros dos tramperos. 

TEXTO ACTUALIZADO: A pesar de estar nominada en 12 categorías, El renacido se ha tenido que contentar con 3 estatuillas, si bien son de las más preciadas: Alejandro González Iñárritu recogía el galardón como mejor director, Leonardo DiCaprio como mejor actor protagonista y Emmanuele Lubezki como mejor director de fotografía.

Trío de ases para una película magnífica que ha visto como Mad Max: furia en la carretera le arrebataba los premios en las categorías técnicas. Aquí tenéis la lista completa de los ganadores de esta edición de los Oscar.

TEXTO ORIGINAL: Iñárritu lo ha vuelto a hacer. Tras dejarnos boquiabiertos con la pirueta cinematográfica que supuso Birdman, con El Renacido (The Revenant en original, mucho más apropiado en su significado de “fantasma”) ha firmado una fascinante película que ya es un clásico desde su estreno. Una épica y angustiosa aventura que exuda puro cine.

El esqueleto argumental de El Renacido se puede resumir en una sola frase: una historia de supervivencia y venganza. Solo que es La Historia de Supervivencia y Venganza Más Grande Jamás Contada. O por ser más preciso (y menos grandilocuente), una historia de supervivencia y venganza narrada, interpretada y filmada de forma sublime. Y que al final, por supuesto, encierra infinidad de aristas, porque, ¿qué es la historia del ser humano sino su historia por sobrevivir? De hecho, no es en el guión –aquí casi un elemento funcional y bien supeditado a las imágenes- donde vamos a encontrar las innumerables virtudes de esta magnífica obra, inspirada en la figura real de Hugh Glass, que ya dio pie a una novela y a otro film del año 1971, El Hombre de Una Tierra Salvaje, protagonizado por Richard Harris.

Lo que Iñárritu nos propone es más que una película, es una experiencia sensorial, y en muchos momentos también espiritual, en la que nos congelamos de frío, padecemos un insoportable dolor –físico y emocional-, nos devora el miedo, el hambre nos convierte en salvajes, odiamos. Agradecemos la más mínima ayuda y compasión. Todo ello gracias a un director iluminado por el dios del talento y a un Leonardo DiCaprio descomunal, que nos convencen desde el primer minuto de que todo lo que sucede es real, y de que el rodaje no ha debido ser mucho menos duro que las tremendas visicitudes que padece el protagonista Hugh Glass (un apellido de lo más paradójico, porque el personaje parece hecho de todo menos de cristal). No faltan angustiosos ejemplos de lo mejor y lo peor de la condición humana, las imágenes actúan como un espejo en el que lo más básico de nuestro ser queda reflejado en unas situaciones absolutamente extremas. Tampoco pierde el director la oportunidad de lanzar una carga de profundidad a las devastadores secuelas de la colonización. ¿Quiénes son los verdaderos salvajes?

La primera media hora del film es, sencillamente, el mejor y más impactante arranque que recuerdo. Inquietante, espectacular, brutal. Empezamos asistiendo a un combate rodado de forma magistral e innovadora, donde nos sumergimos en el caos de una pelea de violencia desatada sin necesidad de que nadie nos maree con la cámara o con un montaje esquizofrénico, gracias a una planificación extraordinaria que mediante travellings y en planos larguísimos (marca de la casa) nos va llevando de un lugar a otro como si fuéramos un personaje más en la batalla. Esto es solo el aperitivo. Luego nos espera lo mejor, el acontecimiento que supone el principio del increíble calvario de Glass, filmado otra vez en un solo plano, tras el cuál, pegado a la butaca y agarrado a los apoyabrazos como si me fuera a caer, solo me viene una pregunta a la cabeza (aguantándome las ganas de levantarme y aplaudir): ¿pero cómo han rodado eso?

Y así, a empujones, nos vemos inmersos en el peor de los infiernos, en la muerte en vida, y acompañamos a Glass en una imposible lucha por sobrevivir. Y a la vez, quedamos extasiados con los impresionantes parajes que miran impasibles esa eterna y antropológica ansia por alejar el fin, y casi nos parece obsceno admirar la inmensa belleza de unos lugares únicos y majestuosos inundados de infinidad de colores (todo se filmó con luz natural, la fotografía es prodigiosa) mientras un hombre se degrada hasta convertirse en una bestia de tenacidad ilimitada para no morir, usando el odio como resorte. El resultado es una contradictoria y apasionante poesía de hermosura, violencia y horror.

Todo desprende un realismo y una crudeza no apta para estómagos sensibles. La película es agresiva y salvaje hasta coquetear con el gore. Avisados quedáis. Las técnicas de supervivencia de Hugh Glass hacen parecer a Rambo un dominguero. Solo las alucinaciones de Glass nos rescatan por momentos del angustioso sufrimiento. Y, desde luego, DiCaprio lo da todo, se mete en la piel de Glass (literalmente, cinco horas de maquillaje al día) y rezuma veracidad por todos sus poros, logrando una interpretación desgarradora, conmovedora, feroz, con la traba de que sus líneas de diálogo son contadas, es todo pura expresión corporal, un trabajo acuñado desde las entrañas. Y cuidado, porque su Némesis en el film, un irreconocible e inmenso Tom Hardy (convertido ya en uno de los mejores actores actuales y sin duda en el más camaleónico y versátil con diferencia, Mad Max es un buen ejemplo) reclama su gloria con un trabajo visceral y tremendamente preciso a la hora de retratar, de una forma bien distinta a la de DiCaprio, el instinto de supervivencia. 

Una vez más, os invito a que veáis la película en versión original para apreciar los matices en los acentos y las tonalidades originales de voces (en el caso de DiCaprio más bien los gritos y quejidos). Y aunque no lo hagáis, al menos buscad una sala con el mejor equipo de sonido y la pantalla gigantesca. No es casualidad que El Renacido también esté nominada a un buen puñado de Oscar técnicos. Además de la mencionada fotografía, el apartado sonoro es excepcional, donde cada disparo, aullido, crujido, ventisca nos sumerge en esta asombrosa odisea, e incluye la excelente partitura de Ryüchi Sakamoto (cómo me gusta este compositor), lo mejor que ha hecho desde El Último Emperador, que acompaña esta travesía de forma sutil y perfectamente adecuada para cada instante gracias a una variedad de sonidos y melodías exquisita. Sin olvidarnos de los efectos especiales. ¿Efectos especiales en un western? Y de qué nivel. No en vano la Industrial Light & Magic, entre otras, es quien los firma. Y lo hace sin que se note, recreando algunas secuencias con maestría y asombroso realismo

Corred a ver El Renacido en cuanto la estrenen. Y no os informéis más de lo necesario (yo he tratado de daros los mínimos detalles de la trama). Siento cierta envidia. Aunque no tardaré en verla otra vez, enfrentarse por primera vez al visionado de este film es un placer incomparable para cualquier amante del cine.

Valoración

Un western de supervivencia narrado, interpretado y filmado de forma magistral. Una historia clásica (con mayúsculas) rodada con un inmenso e innovador talento y dos actores excepcionales.

Hobby

92

Excelente

Lo mejor

DiCaprio y Tom Hardy. La fotografía. La música y el sonido. Su crudeza y realismo. Puro cine.

Lo peor

Una situación clave que el guión no resuelve de forma creíble. Le sobra algún momento "alucinación".

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