Crítica de Salvador, el drama con el sello de Aitor Gabilondo que refleja la violencia ultra

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Crítica de Salvador, la nuevas serie de Netflix creada por Aitor Gabilondo y dirigida por Daniel Calparsoro de estreno el 6 de febrero en la plataforma.

Ocho episodios componen Salvador, una serie creada por Aitor Gabilondo (Patria) que a su vez escribe el libreto junto a Joan Barbero (Entrevías) y Anna Casado (El silencio).

La dirección recae en el siempre impecable Daniel Calparsoro, una elección idónea para sacarle todo el jugo a las secuencias en las que la acción se adueña de la pantalla y hay mucho movimiento. Le imprime enorme fuerza a las imágenes, de por sí impactantes, sin descuidar los momentos de mayor respiro y de gestación de la tensión por medio de tensos diálogos. La voluntad de la serie es ser fiel a la realidad de las calles con toda su contundencia y crueldad y tratar de adentrarse en el mundo de los grupos neonazis.

El equipo se completa con dos técnicos excepcionales y muy relevantes para la consecución de los fines de la serie: Tommie Ferreras (Asalto al Banco Central) como director de fotografía y Ricardo Rocca (Olympo) como responsable de coordinación de especialistas. Porque si hay dos señas de identidad de la serie, esas son el aspecto visual y la fisicidad de la historia.

Un padre en busca de respuestas

Salvador Aguirre es un hombre muy desubicado. Exalcohólico, viudo y separado de su hija (ya es mayor de edad), trabaja como conductor de ambulancias en Madrid atendiendo el servicio de emergencias mientras vive de alquiler en la habitación de un piso compartido. 

Cuando descubre que su hija Milena forma parte de un grupo de ultraderecha radical es demasiado tarde. En un enfrentamiento pactado entre dos clubs de hinchas de fútbol hay múltiples heridos y él acude con su equipo a atenderlos encontrando a su hija en medio del tumulto como parte de los White Souls.

Esa noche Milena es ingresada de urgencias tras ser rescatada por su mejor amiga, Julia, mientras que un policía de la unidad de caballería sufre graves quemaduras tras ser impactado por un cóctel molotov. Pero la pesadilla no ha hecho más que comenzar porque el hospital será atacado por tres sicarios encapuchados.

Esto generará un efecto dominó de terribles consecuencias: individuales, familiares, grupales y políticas.

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Salvador se asienta en un tema de gran actualidad que pocas veces se ha tratado así si tenemos en cuenta que uno de los ejes vertebradores es el servicio de ambulancias que nos lleva de un lado a otro de Madrid (os puede traer a la cabeza Ciudad de asfalto como referente espiritual en la parte callejera). 

Calparsoro, siempre interesado en pegarse al máximo a la realidad que mejor conoce, explora la ciudad a vista de pájaro pero también lugares emblemáticos como el puente de Arganzuela, los barrios de Prosperidad y Lavapiés o el parque del Planetario que sirven de localizaciones muy reconocibles y esenciales para el desarrollo de la historia.

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¿Cuál es el talón de Aquiles?

Personajes que se desinflan, alguna que otra subtrama que aporta poco y varios giros de guión finales que dan cuenta de algunos agujeros en la historia. Se agradece que Salvador se salga de los raíles de los clichés y evite pautas comunes pero sencillamente hay piezas del puzle que no encajan: o nos damos por engañados considerando la resolución algo tramposa o el montaje le juega una mala pasada al desenlace.

Esto es algo particularmente molesto porque el arranque hace pensar que la serie se va a centrar en un tema concreto y termina incursionando en muchas subtramas distintas que se quedan colgando y no están cohesionadas a pesar de que, en verdad, son realidades adyacentes a la radicalización ideológica. 

La falta de autoestima y de referentes familiares, la importancia de la pertenencia al grupo, las lealtades cambiantes de las cúpulas en función de los intereses propios, la relación con el poder, la financiación mediante la delincuencia (venta de droga, extorsiones, secuestros...), las provocaciones para hacer ruido, el altavoz que suponen los bulos y las fake news... Todo el ecosistema está bien retratado y es una hoja de ruta, aunque cuesta creer el lugar al que lleva a los personajes.

En cualquier caso Salvador merece un visionado atento: puede que no sea perfecta o que no termine de bordar el lazo del final, pero por el camino tiene un discurso de lo más preclaro y cuenta con interpretaciones nada desdeñables: desde Luis Tosar, Patricia Vico y Claudia Salas, claros protagonistas, hasta secundarios como Leonor Watling, Pedro Casablanc, Fariba Sheikhan o César Mateo. La implicación del reparto es total y está a la altura del reto.

Valoración

Nota 67

Intensa y visceral, esta serie muestra los resortes de los procesos de radicalización ideológica y las élites que se nutren de ella mientras se aprovechan de los más vulnerables buscando crear relatos falsos en redes sociales y medios de comunicación. 

Lo mejor

Lo bien explicada que está la relación con la violencia y los resortes emocionales que tocan los líderes de las bandas neonazis.

Lo peor

Acusa los remontajes, sobre todo en la resolución de la trama en la que quedan bastantes flecos. 

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Raquel Hernández Luján

Redactora

Raquel Hernández es redactora y crítica de HobbyCine desde 2010. Está especializada en cine, series y literatura así como familiarizada con las tendencias culturales de actualidad.

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