Crítica de Street Fighter, la mejor adaptación en imagen real de la saga que se queda a las puertas de alcanzar un "PERFECT"

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Crítica de Street Fighter, la película de imagen real que dirige Kitao Sakurai, con Noah Centineo, Andrew Koji, Callina Liang y otras estrellas dando vida a los personajes de Capcom.
Junto con sus épicos enfrentamientos y unos personajes icónicos, la saga Street Fighter combina elementos del cine de artes marciales, el anime, ciencia ficción y mucho humor, con buenas dosis de absurdo.
Trasladar eso a la imagen real no es fácil e implica peajes. La petarda Street Fighter: la última batalla (1994) acertó en el cachondeo, pero falló en todo lo demás; y cuanto menos hablemos de Street Fighter: La leyenda (2009), mejor para todos.
Ahora llega la película de Kitao Sakurai, que busca honrar a la franquicia de Capcom y equilibrar todas las facetas de Street Fighter para hacer bueno eso de “a la tercera va la vencida”. Lo hace apoyándose en un elenco estelar, encabezado por Andrew Koji (Ryu), Noah Centineo (Ken) y Callina Liang (Chun-Li).
"Round one: FIGHT!"
Ken Masters es el hazmerreír de la lucha, vendido a los patrocinadores y entregado a un estilo de vida de estrella; pero bajo esa fachada hay una persona marcada por una ruptura con el que fue su hermano: Ryu.
Antaño amigos y compañeros de entrenamiento, Ken y Ryu han roto toda relación desde la muerte de su maestro, Gouken (Don Lee). Su reencuentro se produce por mediación de Chun-Li, que los recluta para el gran Torneo Mundial de lucha; sin embargo, hay demasiado rencor entre ellos.
Ambos guerreros han de resolver sus diferencias, ya que Bison (David Dastmalchian) mueve los hilos desde las sombras para aumentar su poder. No es la única amenaza: un mal ancestral, que despertó por culpa de Ryu, ha vuelto para desatar un baño de sangre.
Street Fighter tiene 18 personajes (sin contar secundarios) que requieren tiempo en pantalla, mientras se desarrolla la historia con ingredientes muy dispares. Algo así como un circo de varias pistas con trapecistas sin margen de error, algo que Sakurai logra sacar adelante.
El principal acierto es centrar la historia en Ken y Ryu, su génesis y la resolución del conflicto. Es un eje estupendo, reforzado por la entrega de los actores, tanto física como interpretativa. Andrew Koji viene de Warrior y ya domina las artes marciales; además, dota a Ryu de la intensidad que tiene el personaje en los juegos, junto con una humanidad que rompe el tópico de “héroe infalible y sin tacha”.
Ocurre igual con Noah Centineo. Sabe que está ante una de sus grandes oportunidades y lo da todo para construir un Ken muy superior a versiones previas. Es macarra, patoso y muy divertido, pero también arrastra un dolor y una rabia que han definido su vida.
Aunque su papel es menos sustancial, Callina Liang saca petróleo de su rol como Chun-Li y brilla en cada segundo de sus escenas. En cuanto al resto de personajes, Street Fighter acierta al presentarlos in media res, sin el abuso de exposición que aqueja al cine moderno.
Se temía que las bromas lastrasen todo, como ocurrió con He-Man y los Masters del Universo. Y sí, hay mucho humor, pero también una épica muy bien llevada, además de fiel a elementos como el hadou oscuro, los momentos clave de la franquicia y todo el lore. También es un acierto que los flashbacks estén hechos con una magnífica animación.
Además de reproducir los ataques de los luchadores, su caracterización y seguir al detalle el canon de la saga, la película ofrece guiños a rabiar, que hasta incluyen referencias a la mítica película de animación e incluso a la versión de Van Damme.
Es una película hecha para los fans, que funciona como cinta entretenida y trepidante… Pero no exenta de problemas. Empezando por un montaje muy mejorable: hay elipsis sin sentido, personajes que aparecen de repente en otro lugar “porque sí” y combates que nunca llegan a ser mostrados (a pesar de que la acción es mucha, sobre todo en el tramo final).
Con el resto de actores, el balance es muy positivo. Jason Momoa, Roman Reigns, Orville Peck y Cody Rhodes exprimen al máximo sus minutos como Blanka, Akuma, Vega y Guile. Hasta Dan Hibiki (Andrew Schultz) sorprende por su carisma. Otros personajes son casi testimoniales, como Zangief, Cammy o Juli.

Tema aparte es M. Bison. David Dastmalchian es un gran actor y se esfuerza por hacer al villano amenazador... Pero no da el tipo. El personaje exigía a alguien con más presencia física, no una caracterización propia de SNL. Hubiese funcionado mejor al construir su rol alrededor del actor, como ocurrió con Raúl Juliá en la película de 1994, pero no al revés.
Street Fighter tiene un final con un enorme “continuará”, aunque es poco probable que tengamos secuela. En estos tiempos de taquilla inmisericorde, no todas las películas pueden triunfar como Minecraft o Resident Evil. Y será una lástima: además de merecer segunda parte por ser una adaptación estupenda, una continuación de Street Fighter permitiría corregir sus fallos, recuperar a unos actores fantásticos y librar un merecido Round 2.
Valoración
Nota 78
Street Fighter logra ser la mejor adaptación de la saga por su fidelidad y respeto a los juegos. Dirigida sobre todo a los fans de la saga, su mezcla de épica, emoción y humor solo se ve lastrada por un montaje a trompicones y unos pocos personajes desaprovechados.
Lo mejor
Es fiel, respetuosa y está cargada de guiños. Épica cuando lo necesita y divertida a rabiar. Estupendas coreografías de lucha. Centineo y Koji están soberbios. La banda sonora, muy bien hilvanada con la historia.
Lo peor
El montaje abusa de la tijera y deja muchas cosas a la imaginación. Algunos personajes solo hacen acto de presencia. Dastmalchian no convence como Bison. Que no vayamos a tener secuela.










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