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La opinión de
Rafa Domínguez

Brad Pitt, mucho más que la cara bonita de Hollywood

Brad Pitt Tyler Durden
Todos hemos querido ser Brad Pitt. O Tyler Durden. O los dos. Ya sabéis, aquella maravillosa línea de El Club de la Lucha (David Fincher, 1999) en la que el personaje creado por Chuck Palahniuk e interpretado por Pitt decía algo así: "Tengo el aspecto que deseas tener, follo como deseas follar, soy listo, competente y lo más importante: soy libre en todo lo que tu querrías hacer". Unas palabras que también definen el magnetismo de la estrella de Hollywood.

Con Érase una vez en Hollywood y Ad Astra recién estrenadas, Brad Pitt ha entrado por la puerta grande en las apuestas para los Oscar con la crítica lanzando vítores por su trabajo. Pero a sus 55 años, y después de anunciar hace unos meses que se estaba planteando apartarse de la interpretación para centrarse en su faceta como productor, la "cara bonita de Hollywood" ha renunciado públicamente a hacer campaña. Una cara bonita que ha eclipsado gran parte de su talento.

Se dice que "renunciar a hacer campaña" es, de hecho, su forma de hacer campaña —porque en Hollywood, como en el Juego de Tronos, jugar no es una opción—. Los próximos meses darán la razón a quien toque, pero el juicio ya está hecho. Porque esa es la maldición de Brad Pitt: ser el concepto de superestrella de Hollywood hecho carne.

Porque hoy, después de firmar una actuación que arrebata el protagonismo del siempre excelente Leonardo DiCaprio y otra en la que se lanza por primera vez al espacio en una reflexión existencial y de la propia masculinidad, las primeras búsquedas en Google con su nombre nos llevarán a artículos como "El entrenamiento de Brad Pitt", "La belleza de Brad Pitt" o "Las películas en las que sale más guapo".

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Me faltarían manos para contar las veces que he discutido acerca del tema. Sí, en sus más de 30 años de carrera ha protagonizado títulos olvidables, como cualquier actor que lleve toda una vida delante de las cámaras. Treinta años de oficio no se construyen sólo —y una vez más, sólo— con un físico portentoso, pero su apariencia lleva ganándole la partida desde que se dejó caer por Thelma y Louise en 1991 y recibió la etiqueta de "Sex Symbol". Una cruz con la que todavía hace penitencia.

En los 90, todos los focos le apuntaban. Era una persecución salvaje: qué hacía, cómo lo hacía, dónde, cómo vestía, cómo se peinaba, de quién se enamoraba... "Era realmente incómodo para mi, la cacofonía de las expectativas y los juicios. Me convertí un poco en un ermitaño y me forcé al olvido", explicaba en una entrevista para el New York Times.

Brad Pitt en Amor a quemarropa

Bendito problema, por supuesto. Pero ¿acaso no ha demostrado ser mucho más que una estrella? Lo hemos visto siendo un redneck desquiciado en Kalifornia, un policía idealista todo corazón en Se7en, un gitano incontrolable, carismático y de imposible acento irlandés en Snatch, el joven arrebatador con fuego en la mirada de Leyendas de Pasión o el divertidísimo Chad de Quemar después de leer.

Podemos pasar por las infinitas etapas vitales de El curioso caso de Benjamin Button, por el metódico Billy Beane de Moneyball, por la agobiante presencia de su villano en El asesinato de Jesse James por el cobarde de Robert Ford o el chulesco y aguerrido Teniente Aldo Raine de Malditos Bastardos. Dará igual el talento; si reducimos cualquiera de sus trabajos a una nueva intentona en un buscador de internet, las palabras clave nos dirigirán inmediatamente a su peinado, su ropa o sus abdominales.

Como muchos amantes del cine y lectores de revistas de cotilleos saben, comenzó su carrera como otro de los paradigmas del gran sueño americano, abandonando la carrera de periodismo (a dos semanas de graduarse, que le da el girito perfecto para los orígenes del héroe) y lanzándose al vacío de Hollywood en busca de la oportunidad soñada. Chófer, mascota de una tienda de comida rápida... esa historia ya la conocemos. Y como hoy vengo a exponer las razones por las que Brad Pitt está siendo infravalorado, voy a tirar de la película, con el perdón de su absolutamente imprescindible encarnación de Tyler Durden en El Club de la Lucha, en la que irradia talento y versatilidad: Doce monos.

Si todavía sigues pensando que Brad Pitt sólo es la estrella-de-cine-con-más-pinta-de-estrella-de-cine-del-mundo, el tío guaperas, encantador y sexy que ha conseguido que tu pareja se quede embobada con la pantalla, corre a verla. El cine nos ha dejado cientos de personajes con trastornos psicóticos que nadie debería perderse y el Jeffrey Goines de Pitt es uno de ellos. Sí, sigue teniendo ese encanto irresistible, pero, como dicen quienes han trabajado con él, está cosido a su actitud y a su carácter más que a su presencia. Un papel secundario en el que, una vez más, arrebató el protagonismo en este caso de Bruce Willis con sus muecas y su incómoda naturalidad maniática, lo que le llevó a obtener un Globo de Oro y una nominación al Oscar al mejor actor de reparto (que le arrebató Kevin Spacey con Sospechosos habituales).

Brad Pitt 12 Monos
Brad Pitt siendo sexy

Podríamos considerar que Brad Pitt es, si no la que más, una de las personas más famosas del mundo; ¿qué ha ocurrido entonces para que sus mejores actuaciones hayan pasado relativamente desapercibidas? La respuesta puede estar en el anterior párrafo; Pitt es el tipo de hombre al que te quedas embobado mirando. Matt Damon, compañero suyo en Ocean's Eleven, lo resumía perfectamente en una entrevista: «Estábamos viendo [él y un amigo] a Brad en una película y uno de nosotros dijo al otro, "No he escuchado una sola palabra de lo que ha dicho ese tío en cinco minutos. Estoy simplemente observándolo." Y nos dimos cuenta de que hay algo bueno y malo en eso. Puede enmascarar tus actuaciones más flojas, pero también disminuye tus mejores actuaciones. Porque Brad ha estado legítimamente brillante en algunas de las cosas que ha hecho, pero no recibe el crédito como actor que creo que se merece». Cortita y al pie.

Vamos con la erótica de los datos. La mandíbula cuadrada y los ojos azules de Brad Pitt le han hecho ganar más de 60 premios como actor y ha estado nominado más del doble de veces. Su histórico de peinados lo ha llevado a recaudar casi 2.900 millones de dólares en sus más de 90 películas.

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Ser un actor con más circo que oficio lo ha convertido en uno de los 10 actores con más títulos entre las mejores 100 películas de IMDB. Ha levantado películas como actor de reparto y ha brillado como protagonista, a pesar de que sus papeles más destacados fuesen, irónicamente, lejos del foco principal. El día que empiece a actuar va a ser una fiesta.

Como él mismo reconocía: "Soy una de esas personas que odias por la genética". Y, aún así, también puede ser una de esas personas que amas por su talento.

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