La moda del true crime empieza a apagarse, ¿se cansó el fandom o es que no había tantas series memorables?

Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos.
Los true crime han gozado de un gran éxito en los últimos años, pero tienen varios problemas que se están empezando a repetir y ya cansan.
El género televisivo del true crime es uno que se centra en explicación de un crimen real, en ocasiones a modo de documental y en otras de forma más ficcionada, aunque siempre detallando con precisión cómo fueron los acontecimientos que desencadenaron la tragedia y los pasos que siguieron tanto las víctimas como las personas que cometieron el delito.
En general los true crime se centran en relatos de asesinatos, sobre todo si fueron asesinatos en serie, que permiten tener un mayor recorrido sobre la trayectoria de las personas implicadas, conocer sus modus operandi, cómo se han podido escapar de la ley...
Bajo una premisa tan alentadora, los true crime no tardaron en volver a triunfar con el abandono de la televisión tradicional y la llegada al streaming, con diversas plataformas explotando este género con el lanzamiento de múltiples series centradas en diferentes personas que cometieron asesinatos. Pero no todo es tan maravilloso como podríamos pensar.
El despunte y la caída del true crime
El género del true crime ha ido experimentando un aumento notable de popularidad en España en los últimos cinco años, encontrándose en 2024 uno de sus momentos de mayor auge, según nos indica Google Trends.
Netflix es una de entre tantas plataformas a la que podemos considerar culpable de este levantamiento, cuando en 2022 estrenó la popular Monstruo: La historia de Jeffrey Dahmer. La serie fue un éxito rotundo, explorando a través de sus diez episodios la historia del asesino en serie que le da nombre.
Sin embargo, su estreno también generó cierta controversia que es habitual encontrar en este tipo de género: las víctimas recibieron con pesar, e incluso ofensa, el lanzamiento de la serie, en la que se volvía a repetir su desgarradora historia, donde se llegaban a dictar palabra por palabra las frases que salieron de sus bocas.
También señalaban que la plataforma se estaba lucrando de su sufrimiento a su costa, sin haber apoyado de forma económica a la familia de las víctimas, para contar de nuevo un relato que la gente ya ha podido ver en otras películas o en las noticias, aunque más centrado en el dolor que en honrar el recuerdo de quienes fallecieron.
Aún así, la audiencia recibió la serie con tanto entusiasmo que Netflix repitió un par de años después con el siguiente capítulo de su historia: Monstruos: La historia de Lyle y Erik Menendez (2024), sobre los hermanos Menéndez, que tampoco se libró de las habladurías, al dulcificar el trasfondo de los asesinatos cambiando la opinión pública sobre ellos.
Pese a todo, aquel nuevo true crime de Ryan Murphy no fue tan exitoso como el primero, lo que ha llevado a Netflix a replantear su estrategia de cara a la tercera temporada de la serie: Monsters: Ed Gein. Aunque quizá la explicación a este fracaso se encuentre en otro lugar.
Este 2025 el interés por el true crime empieza a decaer con timidez en las búsquedas de Google, y no es por falta de producciones que aterricen en nuestros dispositivos. Sin ir más lejos, la propia Netflix estrenó el mes pasado la miniserie El caso Gabby Petito: Un viaje sin retorno.
Lo que el true crime debe cambiar
Quizá el problema se encuentra más bien en la propia narrativa de estas producciones. Al principio el true crime tenía la capacidad de sorprender, al mostrarte con crudeza en pantalla acontecimientos terribles, hasta el punto de hacerte sentir que lo estuvieras experimentando en directo.
Sus misterios te intrigaban, y podían engancharte con facilidad para que tú también quisieras formar parte del juego, desentrañar la trama y dar con la respuesta.
En cambio, esta forma de contarnos la historia cada vez sorprende menos cuando ya te ves venir los giros de guion, identificas esa música escogida para plantear misterio, porque tantas producciones se han aprovechado de esta táctica que engancha tan bien.
Sobre todo en las series, se hace evidente cómo se esfuerzan por alargar la trama para ocupar el máximo de tiempo en pantalla posible, lo que desencadena en que se fuercen los acontecimientos para ocultar el misterio y que quieras aguantar hasta el final.
Todo ello agravado por el hecho de que casi siempre estamos viendo cómo se repiten las mismas historias que ya conocemos, asesinatos que te han contado más veces a través de otras producciones, y las nuevas poco tienen que aportar al respecto.
Estamos viviendo una saturación del mercado, en la que se nos acumulan series repetitivas y faltas de interés que ni siquiera son parciales a la hora de exponer los hechos, y que no siempre tienen en cuenta las implicaciones morales al retratar a las personas afectadas.
Es posible que la respuesta al true crime se encuentre volviendo al podcast, un espacio en el que empezó a crecer la popularidad por este tipo de género gracias a Serial (2014) y cuya influencia ha permeado hasta las series de streaming.
Con la necesidad de menos recursos para levantar uno y la versatilidad que ofrece a la audiencia para escucharlo desde cualquier sitio y en cualquier circunstancia, sin exponerla a la visualización de escenas igual de desagradables, ejemplos como la reciente Operación Viuda Negra de Onda Cero podrían suponer una buena alternativa ante el declive del true crime en televisión.




