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La opinión de
Rafael Aznar

Teléfono Rojo: Volamos hacia Madrid. Efecto mariposa con destino a Hobby Consolas

Historia de Rafa Aznar

Ahora que celebramos el 30º aniversario de Hobby Consolas, es una buena oportunidad para recordar que Hobby Consolas fue una parte imprescindible de mi niñez y lo ha acabado siendo también de mi adultez, gracias a una feliz casualidad aeroportuaria. Si Yen tuviera que calificar de algún modo a este efecto mariposa, seguro que lo llamaría ‘Teléfono Rojo: Volamos hacia Madrid’. 

La teoría del efecto mariposa siempre me ha generado fascinación y miedo a partes iguales. Según ella, cualquier evento, por insignificante que sea, como el aleteo de un simple insecto, puede generar una cadena de acontecimientos impredecibles, como un tornado. Y no hace falta irse a sucesos muy forzados o a sistemas teóricos: la vida de cada persona acaba siendo, en buena medida, una sucesión de ellos. Juegos como Life is Strange o Detroit: Become Human son un claro ejemplo de que una simple decisión o una casualidad pueden hacer que nuestro futuro se ramifique por caminos muy dispares.

Si habéis jugado a la aventura de Quantic Dream, seguro que os habréis fijado en los gráficos que ilustran qué puntos de inflexión y qué interconexiones ha habido para que la historia de Kara, la de Markus y la de Connor fluyeran de un modo u otro. Si extrapolamos ese sistema al mundo real y a la vida diaria de las personas, el número de posibilidades tiende a infinito. Una elección que hagas un día (en lugar de la contraria), un sitio al que decidas ir (en vez de a otro), un atrevimiento (o no) o una persona a la que conozcas (o no) pueden hacer que tu partida particular se bifurque de múltiples maneras.

30º aniversario de Hobby Consolas: Rafael Aznar

No soy yo muy de creer en el destino: me cuesta considerar que una circunstancia pueda estar escrita de antemano. Sin embargo, de entre las muchas posibilidades que me podía deparar la vida, me deparó, casualmente, la de trabajar en la revista que tanto me apasionaba desde que era un crío, y ya van más de doce años aquí. Pero vayamos por partes.

Combo ‘consolero’

Gracias a mi hermano mayor, al que le gustaban los videojuegos, pude entrar en contacto con este ocio desde que apenas tenía cuatro o cinco años. Era la primera mitad de los 90, y la primera consola que pasó por casa fue una Master System II, donde recuerdo, muy vagamente, haber jugado a Alex Kidd in Miracle World y a Operation Wolf

Pero aquella máquina sucumbió por culpa de un quitaesmalte que mi hermano pequeño arrojó en la ranura de cartuchos. Como consecuencia, fue relevada por una Mega Drive con Sonic the Hedgehog y Mega Games 2, aquel 3x1 que incluía Streets of Rage, The Revenge of Shinobi y Golden Axe.

30º aniversario de Hobby Consolas: Rafael Aznar

La consola de 16 bits de Sega hizo que me enamorara de los videojuegos. Y también lo hizo Hobby Consolas, que ya por aquel entonces era una revista imprescindible en mi casa, gracias, de nuevo, a mi hermano mayor. La pasión por Mega Drive y por esa publicación era tal que, cuando me preguntaban qué quería ser de mayor, yo respondía que deseaba ser ‘consolero’; es decir, dedicarme a jugar a videojuegos. Por cierto, a mí aquello de ‘consolega’ nunca me acabó de convencer mucho…

A mediados de los 90, mi familia se mudó a Fuerteventura y, durante un tiempo, perdí el contacto con la revista, pues no llegaba a ningún quiosco de Corralejo, mi pueblo. Lo acabaría haciendo con los años, justo a tiempo para disfrutar de muchos de los VHS de Bola de Dragón que se vendían conjuntamente con la revista. 

Y nunca olvidaré aquella cinta de vídeo que mostraba la promesa de una obra maestra llamada The Legend of Zelda: Ocarina of Time. La visita al quiosco era una cita obligatoria todos los meses, y la ilusión que sentía al ver cada nuevo número de la revista era tan inmensa como la brasa que le daba al pobre quiosquero para ver si había llegado ya, pues solía tardar bastantes días respecto a la Península.

30º aniversario de Hobby Consolas: Rafael Aznar

En los años sucesivos, fueron pasando por casa consolas como Nintendo 64, Dreamcast, PlayStation, PlayStation 2, Game Boy Advance, GameCube o Xbox 360. Era la época del instituto, cuando uno ya tiene que empezar a pensar en lo que quiere estudiar. 

Al margen de los videojuegos, yo he sido un apasionado del deporte desde que tengo uso de razón y, como tantos otros, soñaba con ser futbolista. Juro que, en la etapa de benjamines, era muy bueno (o eso me decían), pero apenas progresé en alevines o cadetes, así que, siendo también muy aficionado a muchas otras disciplinas deportivas, pensé que una manera de prosperar dentro del mundo del deporte podía ser la de estudiar periodismo. 

Todos los días, me empapaba el Marca de pe a pa, y me sabía todo lo que uno se podía saber. Además, por aquel entonces, con mis apenas catorce años, era un ávido lector de libros, y eso me había ayudado a aprender a escribir, así que no me costó llegar a la conclusión de que quería ser periodista.

La puerta de embarque hacia Hobby Consolas

Fue así como, en 2006, me matriculé en la licenciatura de periodismo en la Universidad Complutense de Madrid y, sin saberlo, se reinició mi sueño de ser ‘consolero’. Como la carrera me estaba siendo bastante llevadera, de cara al curso 2008-2009, decidí matricularme en todas las asignaturas de tercero y cuarto, para ahorrarme un año. Dado que iba a tener mucho ajetreo estudiantil, mi intención era aparcar los videojuegos durante ese curso, y hasta dejé de comprar la Hobby Consolas.

30º aniversario de Hobby Consolas: Rafael Aznar

Sin embargo, a principios de octubre de 2008, se produjo una de las mayores manifestaciones del efecto mariposa de toda mi vida. Mi madre me llevó al aeropuerto de Fuerteventura para coger el vuelo de rigor hacia Madrid y, aunque yo no quería y le insistí en que no lo hiciera, se empeñó en comprarme la revista de ese mes, para que me entretuviera durante las dos horas y media de trayecto. Era el número 205, cuya portada estaba copada por Leo Messi y Gonzalo Higuaín, para ejemplificar el duelo entre FIFA 09 y PES 2009.

Pues bien, en el interior de esa revista, justo al final del Teléfono Rojo (que bien podría haberse subtitulado ‘Volamos hacia Madrid’), había un anuncio que rezaba así: “¿Quieres trabajar en Hobby Consolas? Estamos buscando colaboradores para nuestro equipo de redacción. Si conoces bien la revista, te apasionan los videojuegos y consideras que tienes un buen nivel de redacción y capacidad crítica, ponte en contacto con nosotros. Imprescindible residir en Madrid y tener gran disponibilidad de horarios. Envíanos un mail con tus datos junto con un artículo sobre algún videojuego escrito por ti”.

30º aniversario de Hobby Consolas: Rafael Aznar

Conocía la revista, me apasionaban los videojuegos, consideraba que sabía redactar y residía en Madrid. El problema podían ser los horarios, pues la universidad iba a absorber todo mi tiempo, con clases de mañana de lunes a viernes y clases de tarde de lunes a miércoles. Es decir, mi única disponibilidad se limitaba a las tardes del jueves y el viernes. Aun así, me animé a escribir un correo donde explicaba brevemente mi perfil y enlazaba a media docena de análisis publicados en Viciojuegos, una web de aficionados donde llevaba colaborando esporádicamente desde hacía unos meses.

Como curiosidad, y quién sabe si oportuna casualidad, esa web nació en 2002 como una escisión de la prehistórica Hobby Consolas Online, una página que contaba con unos foros y un chat del que yo era muy asiduo, y de una sucesora llamada Conectajuegos. De la noche a la mañana, Conectajuegos se cerró y el web manager, Álvaro Morillas, decidió abrir esa sucesora, que fue la que, años más tarde, me permitió hacer mis primeros pinitos para, a la postre, tener material con el que mostrar mi valía a los rectores de la revista.

30º aniversario de Hobby Consolas: Rafael Aznar

El caso es que me animé a escribir un correo para postularme. Eso sí, lo hice a mi manera: siendo sincero hasta la ‘autolesión’… No se me ocurrió nada mejor que despedirme ‘confesando’ que mi disponibilidad de horarios era muy limitada. Lo que coloquialmente se denomina ‘poner la venda antes de la herida’, pues, por aquel entonces, todo se hacía presencialmente…

Eso fue un 9 de octubre. Fueron pasando los días sin tener noticias y lo fui dando por imposible. Sin embargo, el 27 de octubre, recibí respuesta de Javier Abad, quien por entonces era el subdirector de la revista. Me pedía mi número de teléfono para poder hablar conmigo. Tras dárselo, me llamó y me convocó para hacer una prueba en la redacción, que me quedaba a sólo cuatro paradas de metro, el 30 de octubre.

Con apenas veinte años, me presenté allí a primera hora de la tarde, entre ilusionado y asustado, preguntándome qué prueba me tocaría pasar. Al alimón, Dani Quesada y David Martínez me montaron una PS3 de test para que pudiera probar un juego durante un par de horas y escribir un análisis. Resultó ser Mirror’s Edge, un juego tan sumamente particular que el texto me salió solo. 

El artículo tenía sus lagunas, pero, en general, creo que hice una crítica aceptable sobre cómo el juego revolucionaba el género de las plataformas con su perspectiva subjetiva, sus movimientos de parkour o su nuclear colorido con trazas de cel shading. Hasta me marqué alguna sobradita, como decir que la protagonista y su contacto estaban interpretados en castellano por Nuria Mediavilla y Luis Bajo, los actores de doblaje de Galadriel y Brian Griffin, respectivamente. No sé si, quizá, esa atención por el detalle marcó alguna diferencia…

30º aniversario de Hobby Consolas: Rafael Aznar

Si mal no recuerdo, me llamaron unos días después y ya estuve hablando tanto con Javier Abad como con Manuel del Campo, el entonces director, para acabar de corroborar mi perfil. Allí, les dije que podía cubrir un gran número de géneros y, en particular, el deportivo y el de la velocidad. Les debí de gustar y me acogieron como colaborador en la revista. Eso sí, hubo un momento dado en que estuve a punto de renunciar porque no sabía si iba a poder compaginarlo con mis infinitas horas de clase semanales. Por suerte, no lo hice, u hoy aún seguiría tirándome de los pocos pelos que me quedan.

Doce años, una eternidad tecnológica

Mi primer texto para la revista llegó en el número 207: fue un avance a una página de Race Pro, un simulador de conducción para Xbox 360. Sin embargo, mis primeros seis meses en la revista, como yo me había temido, no fueron particularmente productivos, no sólo por las clases, sino porque, además, me hice un esguince en el tobillo y anduve con muletas un tiempo. 

Mis primeros textos firmados no llegaron hasta el número 210, cuando me tocó hacer los análisis de The House of the Dead Overkill y Deadly Creatures. En los números siguientes, hice algunos avances y análisis sueltos, pero nada muy reseñable. Fue ya en verano, pasado el trago de hacer dos cursos de una tacada, cuando cogí velocidad de crucero. Menos mal que no se cansaron antes de mí…

30º aniversario de Hobby Consolas: Rafael Aznar

Aunque sólo han pasado doce años, el modus operandi de la revista por aquel entonces era muy diferente al actual. Prácticamente todo se hacía de forma presencial. Por un lado, en una época en que las compañías aún mandaban los juegos con mucha antelación, había que usar las consolas de test que había en la redacción. Además, PS3, Xbox 360, Wii o PSP no tenían botón Share, por lo que la única manera de sacar pantallazos era usando los ordenadores que había allí. Para hacerlo, había que realizar combinaciones de dos teclas que simplificábamos colocando una moneda o un trozo de celo en una de las teclas…

Por otro lado, las fuentes tipográficas de las maquetas que se usaban sólo eran compatibles con Mac, y yo no tenía ninguno de uso personal, así que tenía que ir allí cada vez que debía ajustar un texto. Eso sí, previamente, yo solía enviar el texto en Word, Quesada me lo corregía y el maquetador de turno lo volcaba sobre la maqueta para que yo sólo tuviera que ajustar.

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Hoy en día, solemos trabajar desde casa, especialmente si nos toca jugar a algún juego. En cambio, por aquel entonces, la sala de capturas era un auténtico guirigay, donde se mezclaban redactores y colaboradores de Hobby Consolas, Playmanía y Nintendo Acción. El palique estaba garantizado, igual que la posibilidad de que alguien te destripara algo de un juego al que aún le faltaban semanas para salir.

Progresión profesional

Con el tiempo, mi rol en la revista fue creciendo y pude ir definiendo un estilo más personal. De hacer un par de avances o análisis de juegos menores, pasé a hacer análisis de juegos mediáticos, guías o reportajes de portada. A menudo, estos últimos implicaban viajar lejos para visitar el estudio de desarrollo en cuestión: a Nueva York para ver Homefront, a Los Ángeles para ver Uncharted 3, a Vancouver para ver Prototype 2… A mí siempre me había dado mucho respeto el hecho de tener que realizar entrevistas en inglés, pero, pronto, fui ganando soltura y confianza.

30º aniversario de Hobby Consolas: Rafael Aznar

Además, me fui convirtiendo en el experto en determinadas sagas. Desde las páginas de la revista, me han dejado dar una matraca inmensa con Yakuza. Pude escribir el análisis de Shenmue III, todo un hito para mí, siendo los originales de Dreamcast mis juegos favoritos de toda la historia. Tuve que aprender, a base de golpes, a entender una experiencia tan intrincada como la de Monster Hunter, mucho antes de que fuera una saga de masas. 

Me hinché a comparativas entre FIFA y PES. Me desgasté las suelas de los zapatos contra el acelerador en cualquier saga de velocidad imaginable… Con el tiempo, hasta me permitieron convertirme en el corrector ortotipográfico y de estilo de la revista para inspeccionar todos los textos con lupa y eliminar erratas, faltas de ortografía, atentados gramaticales o cualquier referencia incorrecta.

Y, aunque no deja de ser un trabajo en el que se echan más horas que un reloj, nunca estaré lo suficientemente agradecido por las vivencias que me ha dado Hobby Consolas. He podido visitar una ciudad como Tokio, pilotar un coche de carreras en Silverstone, conducir a derrape limpio sobre un lago helado, jugar un partido de fútbol en la ciudad deportiva del Manchester United, entrevistar a ídolos como Yu Suzuki, ganar algún que otro torneo de prensa… Pero, sobre todo, la revista me ha permitido hacer lo que más me gusta: informar y entretener hablando de este apasionante arte que son los videojuegos.

30º aniversario de Hobby Consolas: Rafael Aznar

Cuando empecé a colaborar en Hobby Consolas, para mí era una simple manera de ganar unos euros mientras trataba de cumplir mi sueño adolescente de ser periodista deportivo. Sin embargo, y aunque llegué a trabajar en prensa deportiva, conforme han ido pasando los años, el que ha acabado cumpliéndose ha sido el sueño infantil de ser ‘consolero’.

No sé si me habría ido mejor si el efecto mariposa hubiese funcionado de otra manera sobre mi circunstancia, en lugar de traerme a Hobby Consolas, pero sí estoy seguro de que, entre las páginas de esta revista, he sido, soy y espero seguir siendo feliz. Firmo ahora mismo que, dentro de otros 30 años, sigamos aquí celebrando otra efeméride de esta leyenda de los videojuegos en España, de la que he podido ser lector y trabajador.

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