Disneyland París tiene mucho que aprender del de Shanghái: Piratas del Caribe, animatronics y precios

He visitado ambos parques en menos de dos años: París me descubrió la magia de una infancia que parecía haberse marchitado, Shanghái me ha demostrado que esa experiencia, con tecnología, puede ser absolutamente inolvidable.
Si has crecido como yo viendo películas de Disney sentado en el suelo del salón de tu casa, bien pegado a la televisión mientras merendabas, sabrás de qué va esta historia. Pocas sensaciones se comparan a caminar entre sus bandas sonoras en el mundo de magia que sólo los parques temáticos de Disney consiguen transmitir.
Antes pensaba que esto era una chiquillada. Algo insignificante para un adulto. Que mi tiempo de emoción e inocencia infantil se había marchitado. Hasta que pisé Disneyland París y Walt Disney Studios Park hace dos años... y el parque Disney de Shanghái hace escasos días.

Siempre he sido fan de los parques de atracciones y los parques temáticos. He perdido la cuenta de las veces que he visitado PortAventura World o el Parque Warner de Madrid buscando la emoción frenética de Shambhala o Superman. Pero Disney juega en otra liga.
Sí, sus precios son los más caros, las colas suelen ser infinitas y, si vives en España, te toca desplazarte a otro país para disfrutarlo. Pero la recompensa es única: la ambientación y la meticulosidad con la que cuidan su marca se han convertido en una enseña sólo superable por sí mismos.
Es la realidad que me ha enseñado el Shanghái Disney Resort: un parque más pequeño y recogido, pero con atracciones, tecnología y precios que pueden mirar de tú a tú al buque insignia de los parques temáticos en Europa.
La animatrónica es la firma de Disney Shanghái
Madrugón histórico para hacer una cola de entrada kilométrica en la que echarás fácilmente más de una hora a ritmo de procesión de Semana Santa. De esto no te libra nadie, pero cuanto antes llegues, antes entrarás.
El parque Disney de Shanghái tiene la entrada canónica del de París: una vez pasadas sus puertas, verás al fondo y rodeado por un lago ese castillo que hará que en tu cabeza suene una melodía que termina con una estrella haciendo el semicírculo clásico de la marca.
La ambientación quiere que escapes de la realidad. Que te alejes del mundo real. Que las películas de dibujos que te hacían soñar cobren vida a tu alrededor y ese mundo de magia se vuelva tangible. Si el hechizo te atrapa lo vas a saber; estarás sonriendo como un idiota y te darás cuenta cuando veas más idiotas con la misma sonrisa a tu alrededor.

Es la esencia común de los parques temáticos. Y por meternos en comunión, hago lo que todo el mundo: correr a buscar la atracción que más cola va a tener para montarme al abrir el parque y tener la menor espera posible. Y eso hice: el primer turno fue el de Seven Dwarfs Mine Train (El Tren de la Mina de los Siete Enanitos).
Una montaña rusa para toda la familia que destaca particularmente por su animatrónica. Cuando entré en la mina y vi a los enanitos, me tenía que llegar la boca al suelo. Y esto sólo era el comienzo de la mejor baza del parque: la tecnología.
Gruñón y Mudito estaban ahí, con las mismas caras amigas que me acompañaban en el salón, y estaban vivos. La atracción se inauguró con el parque en 2016 y los personajes animados como robots tienen una chispa de realidad que no había visto hasta ahora.
Lo mismo se repite con la atracción de Zootrópolis, su principal reclamo temático. La gente en China está LOCA con Zootopia: de cada cinco personas en el parque, tres llevan algún tipo de cosmético relacionado con la película. Es un fenómeno de masas y la tematización de la zona da buena fe de ello.

Aunque la atracción no tiene nada particularmente espectacular y se ve muy perjudicada por el abuso de pantallas en un estilo muy similar a la de Ratatouille en París, lo que sorprende es la parte que más ansiedad y críticas suele generar: la cola.
Durante el recorrido —que si tienes suerte como un servidor en fechas de baja densidad puedes hacer prácticamente de una— tienes muchos minutos para adentrarte en la película de Zootrópolis con decorados calcados y animatronics a tamaño real que son una absoluta salvajada en realismo.
La atracción termina con el colofón final de Gazelle bailando y cantando para ti en otra demostración más de uno de los aspectos más destacados de Disney Shanghai.
Es la dinámica que verás repetida por todo el parque e incluso con sorpresa en su atracción de agua Roaring Rapids, los Rápidos de toda la vida, con otro robot de un cocodrilo de tamaño gigantesco que te sorprenderá a media atracción tanto como a Li Shang descubrir la identidad de Mulán.
Un parque más asequible para el bolsillo europeo
Para los que busquen emociones fuertes, voy a ofreceros una de cal y otra de arena: Disney Shanghái sólo tiene una montaña rusa que podríamos considerar intensa, pero lo suple con pura frescura.
Tanto es así que tuvieron que llevarla a Disney World por su éxito y su originalidad. Estoy hablando de Tron Lightcycle Power Run, la atracción basada en la película de culto de acción que te hará vivir una montaña rusa... montado en moto.
Recuerdo que antes de ir una amiga me advirtió de su espectacularidad y su seguridad poco convencional: "no llevas ningún cinturón y vas a toda leche". No se andó con remilgos en la descripción, ya veis.

Pero no le faltaba razón. En la atracción de Tron de Disney Shanghái te montas literalmente en una moto y tu único amarre será una placa que te presionará en la espalda, dejándote comprimido sin que resulte una sensación asfixiante.
Es la atracción más fuerte del parque, pero vuelve a pecar de algo que para muchos es un acierto y para otros —como yo— es desalentador: la oscuridad. Toda la atracción discurre en una oscuridad absoluta y apenas tienes tiempo para enterarte de nada en una dinámica similar a atracciones de Disneyland París como Star Wars Hyperspace Mountain.
La diferencia más notoria por importancia está en el dinero. Para el bolsillo europeo —ni te quiero decir el de un suizo o un estadounidense—, el precio de Disney Shanghai es mucho más barato que el de Disneyland París.
Las entradas sin fecha cuestan alrededor de 77 euros al cambio en Shanghái, mientras que en París están a 100 euros. Aunque la diferencia sustancial está en la comida y en la parte menos mágica, pero igualmente atractiva del merchandising.
En mi caso, cené en el Stargazer Grill de Disney Shanghái completamente tematizado de Marvel un menú completo de adulto con hamburguesas, patatas, bebidas y un vaso especial por 15€, además de comprar bebida y refrescos en los puestos del parque por menos de tres euros.
El mejor Jack Sparrow está en China
Abran paso a la mejor atracción que he pisado hasta la fecha: Piratas del Caribe La Batalla por el Tesoro Hundido (Pirates of the Caribbean Battle for the Sunken Treasure). No es una montaña rusa. No tiene chutes de adrenalina. Pero ya le gustaría a Disneyland Paris tener la atmósfera de esta atracción en cualquiera de las suyas.
No monté una, ni dos, ni tres veces y me parecieron pocas. El nivel de inmersión de esta atracción es tan salvaje que no sólo navegarás en barca junto a Jack Sparrow mientras Hans Zimmer te pone los pelos de punta con la banda sonora, no. Vivirás la experiencia como un pirata más que se convierte en esqueleto para sumergirse en las profundidades junto a la Perla Negra.
La atracción de Piratas del Caribe de Disney Shanghái es el summum de todo lo bueno que tiene este parque temático: la emoción, un poderosísimo vínculo con el cine, madurez, innovación y una tecnología que la ha convertido en una experiencia absolutamente inolvidable.
Aunque la narrativa pueda ser difusa al estar locutado en chino, el curso de la acción hace que sea completamente comprensible: seguirás a Jack Sparrow en su enfrentamiento con el terrorífico Davy Jones entre cañonazos de barcos pirata con corsarios mitad hombres, mitad crustáceos.

Una guerra abierta en la que verás emerger de las profundidades al Holandés Errante de forma colosal y terrorífica para acabar cruzando entre los cañonazos de los navíos más comerciales de la historia del cine.
Aunque la atracción está ambientada con lo que a priori podría parecer escasa luz, la iluminación es una parte fundamental de la experiencia para guiarnos por el mundo submarino e incluso del océano —que, por cierto, te salpicará literalmente en la cara— en la última aventura del bueno de Jack.
La guinda la ponen, una vez más, los animatrónicos. Tanto el de Jack Sparrow, que verás con la mandíbula en el suelo cómo se transforma de esqueleto a carne, como el del propio Davy Jones y sus piratas en un nivel de detalle y fluidez que emocionarían a Steven Spielberg.
Como cualquier viaje por Disney, el de Shanghái es también un paseo por la nostalgia, aunque salpicado por los avances tecnológicos del último parque inaugurado por la compañía del viejo Walt.
Combina la tradición del espíritu clásico de Disney con la innovación de las atracciones más modernas y emociones lo suficientemente potentes como para que Disneyland París tenga mucho que aplicar en su futuro Disney Adventure World.
El Shanghái Disney Resort, por ponerme tierno, ha conseguido con la precisión de sus animatronics hacer carne y realidad aquello que, sentado en el salón de casa, parecía un sueño. Puede sonar infantil, simple o incluso exagerado; es lo que tenemos los idiotas que disfrutamos de escapar de la realidad con la imaginación y la nostalgia de cuando todo era más bonito.