Los gazapos más ridículos en películas históricas: desde mala documentación a objetos del futuro

Paramount Pictures
Reportaje
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El cine de época está repleto de errores de lo más divertidos: desde gazapos derivados de descuidos a errores que bien pudieron evitarse abriendo un libro de historia.

Hacer cine no es fácil, y si alguien te dice que lo es, miente cual bellaco. El séptimo arte es una industria exigente a todos los niveles. Algunos géneros necesitan menos inventiva que otros, pero todos necesitan ser trabajados por guionistas, directores y actores para que todo vaya sobre ruedas. Incluso así, algo puede salir mal en el rodaje, que pase inadvertido, y terminar en la película final.

Las películas de época, sean relatos históricos o simplemente fantasías ambientadas en cierto periodo, son carne de cañón para que haya problemas, sobre todo cuando hablamos de anacronismos.

Vaya por delante que esto no desmerece la calidad final de la película, pero se convierten en anécdotas tronchantes de las que no escapan ni directores punteros como James Cameron o Ridley Scott.

Así que hoy, en Hobby Cine, vamos a explorar algunos de los gazapos más desternillantes o ridículos que nos han dejado las películas históricas. No estarán todos, que para eso escribiríamos un libro.

Una buena investigación evitaría problemas

A veces, lo de "fidelidad histórica" es un concepto radiactivo para algunos directores. Bueno, Ridley Scott directamente lo convierte en un modo de promocionar sus películas. El cómo lo ignora, decimos.

Napoleón es el mejor ejemplo de eso, con una señora gresca generada con la comunidad de historiadores por poner al conquistador titular ordenando que se abriera fuego contra las pirámides de Egipto.

Oliver Stone es otro director como la copa de un pino que no se escapa de algún patinazo. En J.F.K.: Caso abierto, por ejemplo, David Ferrie presuntamente confiesa su implicación en el magnicidio. Sin embargo, no hay evidencias de que esa confesión llegase a producirse nunca.

Descifrando Enigma es la fascinante biografía de Alan Turing en torno a su trabajo creando la máquina con la que descifrar el código secreto empleado por la Alemania Nazi para comunicarse, especialmente con sus submarinos U-Boat. Pero la ausencia del matemático Gordon Welchman, sin cuyas mejoras no habría sido posible la máquina, es un error grave en el relato.

James Cameron es el Rey Midas de Hollywood: una máquina de hacer dinero con varias películas que superan los 2.000 millones de dólares de recaudación. La primera de ellas fue Titanic, una historia de amor a lo Romeo y Julieta totalmente ficticia a bordo del barco hundido más famoso de todos los tiempos.

Del efímero noviazgo de Rose y Jack vamos a hablar. Cuando el personaje de Leonardo DiCaprio trata de disuadir a la afligida Kate Winslet de saltar de la popa del buque. Jack menciona que cayó al hielo mientras pescaba en el lago Wissota. No habría sido un problema, si el lago Wissota no se hubiera formado en 1917, cuando se construyó la presa del río Chippewa. El Titanic se hundió en 1912.

Otro error de documentación se produce en la saga de Piratas del Caribe, donde vemos a Hector Barbossa mostrar su pasión por las manzanas. Evidentemente, las manzanas no son un invento nuevo, pero hay un problema: las Granny Smith que vemos en manos del capitán no surgieron hasta un siglo después de la época de las películas.

Al comienzo de El último samurái, vemos una bandera de Estados Unidos decorada con 43 estrellas, una cifra de estados que no se alcanzaría hasta 1891, 15 años después de los eventos de la película.

Otro problema de documentación lo encontramos en La milla verde, aunque siendo justos, el problema deriva de la novela de Stephen King. El corredor de la muerte custodiado por Paul Edgecomb termina en la "vieja Chispas", la silla eléctrica. El problema es que la historia transcurre en 1932, y la silla eléctrica no se autorizó en Luisiana hasta 1941.

Objetos (y personas) que trascienden el tiempo

Los gazapos favoritos de todos es cuando un objeto moderno se cuela en una película histórica, para qué vamos a engañarnos.

Troya es un festival de patadas a la comunidad de historiadores: desde la aparición de monedas (en esa época no existían) a una sombrilla que parece sacada de la belle époque o escudos y cascos totalmente futuristas para el periodo en que transcurre la guerra titular, que duró 10 años, pero en la película la resuelven en un par de ratos.

Braveheart es otro de esos peliculones que no escapan a la controversia de los anacronismos. El mejor ejemplo son los kilts que llevan los escoceses. Sí, hay pocos elementos que representen mejor el país que la mítica falda, aunque hay discrepancias serias sobre su procedencia real, pero en cualquier caso, se inventó mucho después de los días de William Wallace.

Vamos a terminar por hoy con Gladiator. Más allá de ser una historia totalmente ficticia, aunque use a personajes históricos, Ridley Scott no estuvo muy atento en la sala de edición. Tenemos el ejemplo del cámara ataviado con ropa actual que aparece entre el público de la arena en los primeros combates de Máximo.

Pero para máxima la potencia que podían coger las cuadrigas, o al menos lo harían si utilizasen las bombonas de gas que se ven en una de las escenas de la película, dispuestas para hacer que vuelquen.

Hay veces en que estos errores son casi inevitables en las películas, pero otras solo habría hecho falta un poco de adaptación para evitar que llegasen al metraje final. ¿Qué gazapos históricos del cine te vienen a la mente?

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Braveheart (1995)

Braveheart (1995)

Compañía

20th Century Fox

Título original

Braveheart

Género

Acción, Drama, Historia

Lenguage original

Inglés

Duración

2h 57m

Ingresos en taquilla

210.000.000,00 $

Presupuesto

72.000.000,00 $

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Javier Cazallas

Redactor

Javier Cazallas es redactor y crítico de HobbyCine desde 2016. Está especializado en cine y series, así como en todo lo relacionado con la cultura pop.