Apostle
Análisis

Crítica de El apóstol, la turbadora película de Gareth Evans en Netflix

Por Rafa Domínguez

Reseña de El apóstol, dirigida y escrita por Gareth Evans. El último estreno destacado de Netflix que viene dispuesto a ponernos los pelos de punta bajo el amparo de Dan Stevens, Michael Sheen, Lucy Boynton o Mark Lewis Jones, entre otros intérpretes. Estreno en Netflix España: 12 de octubre de 2018.

Cuando Gareth Evans, casi pisando de puntillas, cautivó a los amantes del género de acción allá por el 2011 con el lanzamiento de Redada Asesina (The Raid) y repitió hazaña con su secuela unos años después, sabíamos que estábamos ante un director de armas tomar. Su pasión por las artes marciales, sumada a un don innegable para la dirección y la coreografía de acción, lo convirtieron en casi un fetiche para toda una horda de seguidores que, desde entonces, lo han convertido en uno de sus nombres a seguir.

El director galés estrena en Netflix su último trabajo, El apóstol (Apostle), una película que bebe de su particular estilo para crear una historia de misterio y terror tan desgarradora como visceral. Dan Stevens (La bella y la bestia) protagoniza la producción junto a Michael Sheen (Passengers), Lucy Boynton (Asesinato en el Orient Express) y el colosal Mark Lewis Jones (El niño 44); un reparto destinado a que nos rindamos al culto y el embrujo de época que destila su historia.

Al compás del horror

Thomas Richardson (Dan Stevens), el hijo atormentado de una familia adinerada, debe viajar a una remota isla en misión de rescate: su querida hermana ha sido secuestrada por una secta y sólo él puede salvarla de las garras de la tortura y el fanatismo. Para conseguirlo, deberá introducirse como uno más de sus feligreses en una comunidad que cuanto más nos adentremos en ella, más nos obligará a retorcernos en nuestros asientos.

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Gareth Evans volverá a regalarnos el exceso y la brutalidad que sus más fervientes seguidores demandan, aunque el vulgo de su encanto lo encontraremos en una atmósfera mimada, dominada por los claroscuros y destinada a reforzar el ambiente de época que rememorará por momentos al de la inquietante El bosque (The Village), The Wicker Man y tantas otras cintas del género. Se bajarán del carro aquellos que esperen la acción desenfrenada que dominó sus cintas estrella, pero abrirá las puertas a todos aquellos que disfruten descubriéndola latente hasta que se desencadene en un final tan salvaje como estremecedor.

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El arranque de la película apenas nos dejará pestañear si no queremos perdernos en el destino. Tan pronto como Thomas Richardson llega a la misteriosa comunidad de Erisden, seremos sus únicos cómplices tratando de comprender las inquietantes prácticas que descubre desde las sombras.

Un juego que se repetirá de principio a fin, obligándonos a ver gran parte de la película con los ojos entrecerrados repelidos por la visceralidad —literal— de sus imágenes y enganchados por ese morbo que nos impide dejar de mirar. Y ahí es donde brilla su puesta en escena.

Esa dinámica permitirá, además, que la película evolucione sin parar. A pesar de ciertas trabas de montaje, el ritmo vuelve a ser la marca personal del director, dominando los tiempos y midiendo con calidad las cuotas de cada personaje sin que la historia abarranque. Conoceremos a sus personajes por sus acciones, limitando los diálogos a lo exclusivamente necesario y éstos terminarán por despertar una ola de brutalidad grotesca que roza el gore y que se extiende durante el último tercio de la película. Un auténtico pasaje de locura que se sumerge en las raíces del folclore pagano; una reacción en cadena de la que ninguno de sus personajes podrá escapar y en el que el hiperrealismo tomará el mando. Espíritus sensibles, avisados quedáis.

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Las interpretaciones son sobresalientes. Todos lidian con la pendiente de excesos que plantea la narración con naturalidad y solvencia. Esos chispazos de carisma dotan de volumen a cada personaje, lo que nos permite seguir cada subtrama sin perder el interés en Erisden, el secuestro de la hermana de Thomas y el misterio que rodea a esta misteriosa secta.

No hacen falta más que un par de escenas para descubrir el carácter atormentado del personaje de Dan Stevens, la calidez de la Andrea de Lucy Boynton, la rectitud que desde un perfil bajo hace destacar al profeta Malcolm de Michael Sheen o el fanatismo y el peso de Quinn, el brazo derecho de Malcolm, dominado por Mark Lewis Jones. Éste último es, sin duda, un villano de los que mejoran el trabajo del héroe —que ya de por sí es bueno— y se pone a la cabeza para dirigir ese tramo final apoteósico del que hablábamos.

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Gareth Evans se las ha ingeniado para recoger parte de la tradición del género y volcar en él el dinamismo marca de la casa, creando una película tan incómoda como cautivadora. No es un cinta perfecta, pero apuesta firmemente por un estilo inequívoco del que seremos incapaces de despegar la vista. Todos sus excesos no son sino un alarde de atrevimiento, destruyendo límites que de otra forma la habrían convertido en una película convencional. La duración de la película puede suponer un obstáculo para cierta parte del público, pero bien merece una oportunidad aunque sólo sea para dejarnos fascinar por ese despliegue tan demencial con el que pone el broche en el tramo final. Una lástima que no podamos disfrutarla en una gran pantalla, porque definitivamente lo habría merecido.

Valoración

Gareth Evans lleva su dominio del ritmo y la acción al género del suspense con chispas de terror, ofreciendo una película macabra y visceral de la que querremos apartar la vista y seremos incapaces de conseguirlo.

Hobby

78

Bueno

Lo mejor

El dominio del ritmo de Gareth Evans, la bellaza de la atmósfera que construye y el brillante trabajo del reparto.

Lo peor

Ciertos despistes de montaje que provocarán miradas de desconcierto. La duración, de 129 minutos, puede suponer un trago complicado para algunos.