Crítica de Una batalla tras otra, la adaptación de Thomas Pynchon por Paul Thomas Anderson con Leonardo DiCaprio

Warner Bros.

Crítica de Una batalla tras otra (One Battle After Another), la nueva película de Paul Thomas Anderson en la que adapta la novela Vineland de Thomas Pynchon. Estreno el 26 de septiembre.

Puede que sea una cuestión de expectativas, pero definitivamente los trajes de "mejor película del año", "obra maestra" y "clásico instantáneo" le vienen gigantes a la nueva película de un Paul Thomas Anderson juguetón, que deja de lado la realización pulcra y estilizada de El hilo invisible o el aire nostálgico de Licorice Pizza para desbocarse en Una batalla tras otra

La película apuesta fuerte por personajes extremos e interpretaciones histriónicas que se mueven al son de los golpes de la banda sonora de Jonny Greenwood, omnipresente en buena parte del dilatado metraje que alcanza los 160 minutos de duración y frenética en los momentos álgidos. Magistral para dotar a las imágenes de garra e impacto, pero también a veces excesiva y ensordecedora.

Sea como fuere, la historia no necesitaba de ninguna manera extenderse tanto para hacer llegar su mensaje, que queda claro muy pronto y trata de repartir cera en todas direcciones, defenestrando por igual a los movimientos revolucionarios como a las élites reaccionarias.

Su tono de sátira gamberra pero equidistante, con un humor negro provocador, juega en su contra al banalizar un debate candente a propósito de la pura actualidad. No está el horno para bollos, que diría aquel. Pero es que arrastra un problema bien grande: la falta de foco. Al punto de que el soufflé se viene abajo bien pronto.

Respecto a las interpretaciones, son ellas las que salvan la función: Teyana Taylor en su papel de la sexy e irrefrenable Perfidia de la que la película se olvida por completo llegados a un determinado punto y después Chase Infiniti en el rol de su hija, hacen ambas un trabajo memorable.

Mucho menos interesantes por lineales y pasadas de vueltas resultan las actuaciones de Sean Penn y Leonardo DiCaprio en Una batalla tras otra, que vienen a representar dos polos opuestos del espectro político y ejercen de bufones en última instancia. 

Ajustes de cuentas

En el pasado, Bob (Leonardo DiCaprio), un fumeta abatido, solía ser todo un revolucionario como experto en explosivos de un pequeño pero eficaz grupo antisistema llamado French 75.

Junto a la mítica Perfidia Beverly Hills (Teyana Taylor), su incendiaria pareja y toda una fuerza de la naturaleza, y un grupo de fieles amigos disidentes, liberaban a los inmigrantes retenidos tras las vallas de la frontera, volaban bancos y, en general, eran una amenaza para la policía militar liderada por el despiadado coronel Steven Lockjaw (Sea Penn).

Tras quedarse embarazada y tener a su hija, Perfidia toma una serie de malas decisiones que la llevan a un exilio voluntario, dejando a la pequeña Willa a cargo de Bob. La película avanza entonces 16 años para mostrar a este padre soltero que vive de la marihuana y ve en la crecida Willa (Chase Infiniti) rasgos del carácter de su madre.

A pesar de que han adoptado nuevas identidad Lockjaw cae sobre ellos como una tormenta, más encorajinado que nunca, tratando de cubrir el rastro de su relación con Perfidia mientras aspira a sumarse a una pseudosecta supremacista.

Anderson no profundiza demasiado ni en el color del gobierno ni en el origen de esa secta a la que el villano quiere unirse, pero hay suficientes links entre lo que ofrece la película y el mundo actual (los campos de detención, el auge reaccionario, el miedo a un estado policial...) para que el espectador que lo desee pueda establecer paralelismos y "leer" la película como le venga en gana.

Nadie sale bien parado en Una batalla tras otra, en realidad, y hay que tener el estómago fuerte para encontrarle la gracia al asunto... porque da bastante miedo a poco que se le den un par de vueltas.

La película arranca de una manera fulgurante para venirse abajo en el momento en el que Perfidia abandona la escena y nunca vuelve a recuperar el ritmo ni la fogosa tracción que le imprime un personaje de semejante calibre. Solo en sus impases finales, con una esforzada persecución con cambios de rasante y tensión auténtica, toma algo de oxígeno.

Hay un cambio de perspectiva importante además, porque pasamos de ver el punto de vista de Bob a identificarnos con Willa, algo con lo que la película también gana interés. Infiniti hace que su personaje sea tridimensional y creíble, en contraste con los adultos en liza, tan extravagantes en su vertiente física como emocional. DiCaprio se abona a la bata de cuadros y Penn a las cicatrices: son caricaturas.

Una batalla tras otra es, al final, una cinta casi inclasificable por el mix de género que aglutina: tiene su regusto a western al final, algo de artes marciales gracias a la incursión de Benicio del Toro como sensei de kárate, pero sin perder de vista una comedia cuestionable y muchos elementos de thriller. Habrá quien se deleite y quien necesite sal de frutas para hace la digestión.

Valoración

Nota 65

Desquiciada y desquiciante sátira sobre el panorama sociopolítico de una nación como Estados Unidos, completamente perdida entre sus delirios revolucionarios y la ola reaccionaria y supremacista. Ojalá fuera tan divertida como pretende.

Lo mejor

La persecución final con los cambios de rasante y el debut en el largo de Chase Infiniti, que borda su papel.

Lo peor

Las interpretaciones de Sean Penn y Leonardo DiCaprio están tan pasadas de vueltas como el metraje de la película.

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Título original

One Battle After Another

Lenguage original

Inglés

Duración

2h 42m

Presupuesto

175.000.000,00 $

Hobby65Aceptable

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Raquel Hernández Luján

Redactora

Raquel Hernández es redactora y crítica de HobbyCine desde 2010. Está especializada en cine, series y literatura así como familiarizada con las tendencias culturales de actualidad.

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