Crítica de Las chicas del balcón, un oscuro acercamiento a la sexualidad femenina

Filimin
Crítica
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Crítica de Las chicas del balcón (The Balconettes), la comedia de terror que indaga en la sexualidad femenina escrita, dirigida y protagonizada por Noémie Merlant. Estreno el 14 de marzo.

En su segundo largometraje como directora, la también guionista y actriz Noémie Merlant, a quien hemos visto recientemente en Lee Miller, no rehúye la polémica y opta por una historia tan visceral y dramática, con la que denuncia los abusos a las mujeres, como desquiciada y extravagante. En Las chicas del balcón hay sororidad, muertos y fantasmas.

El eje central es siempre el cuerpo de la mujer (sin que esté por ello objetivado) y el catalizador de la acción es el del deseo femenino: su existencia o inexistencia y las consecuencias que trae consigo pasarlo por alto. 

Vaya por delante que será una película divisiva y controvertida sobre todo por su capacidad de llevar su premisa hasta el final. Es bastante salvaje en el tono y no duda en dejar claro su punto de vista.

Da la sensación de que el guión, coescrito por Merlant junto a Pauline Munier y Céline Sciamma, surge de una furia soterrada respecto a muchas situaciones más cotidianas de lo deseable: el maltrato físico y psicológico, la violación, el sexo no consentido dentro de la pareja, el acoso...

Congeniar unos argumentos tan duros con una forma que los haga digestivos e incluso disfrutables: el thriller, el humor, el terror... es el gran reto al que se enfrenta Merlant desde la dirección, que hace encaje de bolillos para cambiar los estereotipos para atreverse a soñar con sus personajes (y se entiende que a sí misma) libres de cadenas.

Tres mujeres y un destino

Las chicas del balcón nos desplaza a una Marsella que se cuece en plena ola de calor, alcanzando los 46 grados de temperatura mientras Nicole (Sada Codreanu), una escritora, sueña despierta con su sexy vecino del bloque de enfrente, que a menudo se pasea desnudo por su apartamento.

Día tras día ha ido alimentando un amor platónico con un hombre desconocido que puede llegar a convertirse en el próximo protagonista de su novela erótica y la mantiene en un constante estado de excitación sexual y curiosidad morbosa.

Poco después conocemos a sus dos mejores amigas, la promiscua y locuaz Ruby (Souhelia Yacoub), que se gana la vida como cam-girl y Elise (Noémie Merlant), una actriz atrapada en una relación tóxica de la que trata desesperadamente de huir.

Un accidente fortuito hace que Ruby conozca al misterioso vecino de enfrente (interpretado por Lucas Bravo, el interés amoroso de la protagonista en Emily en París). De esta forma, las invitará a su apartamento donde descubrirán su carrera como fotógrafo. Un inesperado giro de los acontecimientos acabará en tragedia, marcando el destino de "las chicas del balcón".

No es fácil articular una historia alrededor de situaciones de violencia sexual hacia mujeres tratando de cambiar las tornas de lo predecible e incluso internándose en el terreno de lo imaginario. De hecho es imposible no darse cuenta de que el principal defecto de la película es su irregularidad. Hay pasajes que funcionan como un tiro y otros que se hacen complicados de gestionar.

A pesar del colorido de la puesta en escena de Las chicas del balcón, que habrá a quien le traiga a la cabeza el estilo de Almodóvar, no estamos ante "mujeres al borde de un ataque de nervios" (o lo mismo un poco sí, pero sin la parte costumbrista) sino ante tres personajes que por diferentes razones van a tratar de zafarse del destino que la narrativa tradicionalmente les habría impuesto.

La historia nunca va por donde uno espera, tiene muchos recovecos y también un sesgo muy particular, que por poco habitual resulta estimulante.

Los códigos y las referencias que maneja la directora son muy variados y dispares con homenajes al cine de Hitchcock y de Rose Glass en un rape & revenge de manual en el que hay espacio para muchas sorpresas y hasta una visita muy explícita al ginecólogo. Por hacer un chiste muy malo, Merchant se abre en canal sin ningún pudor para reclamar la posesión de su cuerpo.

Es una invitación a hacer lo mismo y a mantener a las mujeres en pie de guerra para evitar ser sometidas. ¿Es bestia? Como ella sola, pero también una apuesta liberadora y audaz que aporta en el plano creativo y discursivo. Y con el potencial de hacer llagas, que nadie se piense intocable.

Valoración

Nota 63

Noémie Merlant se revela ante los abusos en una película marcada por la reivindicación de la sexualidad femenina que destroza todas las convenciones habituales, no solo a nivel argumental sino también narrativo.

Lo mejor

El trasfondo: la liberación de la mujer mostrándola con mala uva no solo como objeto de deseo sino como agente activo en su sexualidad.

Lo peor

Que no aproveche decisiones narrativas como la de aprovechar la distancia/cercanía de los balcones aledaños. Tiene ideas a las que no les saca jugo.

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Raquel Hernández Luján

Redactora

Raquel Hernández es redactora y crítica de HobbyCine desde 2010. Está especializada en cine, series y literatura así como familiarizada con las tendencias culturales de actualidad.