Crítica de Emoji: La Película
Análisis

Crítica de Emoji, la película de animación de los emoticonos

Por Rafa Domínguez

Crítica de Emoji: la película, la cinta de animación producida por Sony Pictures con la dirección de Tony Leondis y las voces protagonistas en su versión original de T.J. Miller, James Corden, Patrick Stewart, Christina Aguilera o Sofía Vergara, entre otros, basada en la vida de los "emojis" o emoticonos de los móviles. En cines desde el 11 de agosto de 2017.

Vivimos en el mundo de los teléfonos móviles, de internet y de todo aquello que a nuestras abuelas les suena a etrusco. En las largas travesías sin despegar los ojos de la pantalla, en las conversaciones de WhatsApp, en lo llamativa que resulte nuestra comida en Instagram, en lo extremadamente dramáticos que seamos en Facebook o en el apacible pasto de conversaciones trascendentales que mantengamos en Twitter. Atrás queda el repasar la programación del día en el periódico mañanero, para buscar los horarios de streamings y/o nuevos vídeos de los recién llegados "influencers". La vida ha cambiado, nos guste o no, y ya sea para bien o para mal; formamos parte de ese engranaje que seguirá girando.

Una buena muestra de ello es Emoji: La película, la nueva cinta de animación producida por Sony Pictures y con dirección de Tony Leondis basada en la vida de los llamados "emojis" o emoticonos con los que añadimos algo de vida a los fríos mensajes en redes sociales. Sí, ya sabéis, la flamenca y los corazones de todos los colores que tanto les gusta usar a nuestras madres. Y muchos os preguntaréis, ¿se puede hacer una película con eso? Vaya que sí, y aquí lo analizamos: ¡dentro crítica de Emoji: La película!

Una gran campaña publicitaria llevada al cine

Los habitantes de Textópolis, el lugar donde residen los famosos emojis de nuestros chats, cumplen una tarea fundamental para que nuestras relaciones sociales sean un éxito. Sí, sí, esa es la premisa de la que partimos con Emoji: La película, no os llevéis todavía las manos a la cabeza. Gene, el hijo de dos exitosos emoticonos en referencia al "Bah", tiene ante sí la oportunidad de su vida para dedicarse a mostrar su pasotismo al mundo como antaño hicieron sus padres... hasta que se descubre que es un fallo informático, capaz de mostrar expresiones que no le corresponden. A partir de aquí, nada nuevo: huida, persecución, transformación y una pobre revelación filosófica.

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Entrar en la película es relativamente sencillo dado el trabajo de animación del estudio, pero os saltarán las alarmas cuando escuchéis los primeros diálogos de la cinta. Sus protagonistas, aunque de eso hablaremos más adelante, se hunden en un mar de clichés que prácticamente contagia a todo lo que lo toca, redondeando una película que en su primer tercio ya asusta por la escasez de su propuesta. La necesidad comercial de su creación es tan evidente que prácticamente nos abofetea en la cara, en una producción que parece haberse desarrollado a matacaballo. Desde Textópolis hasta la sucia realidad que dibujan para los adolescentes; todo su universo se ve reducido al tamaño de un guisante entre cuatro aplicaciones elegidas al peso (de la bolsa de dinero, por supuesto) y un guion tan plano como el sabor de un cogollo de lechuga pasado. 

Cuando leí los primeros rumores que apuntaban a una producción basada en los emoticonos de WhatsApp o cualquier red social que nos echemos a la cara, las dudas sobre las posibilidades de su argumento no dejaron de invadirme la cabeza. Con su estreno, tocaba ver qué habían conseguido sacar adelante Leondis y compañía, y el resultado, por suerte o por desgracia, no me ha cogido por sorpresa. Comprendo las intenciones de Sony a la hora de embarcarse en el proyecto, partiendo de la absoluta actualidad de sus protagonistas en todos los ámbitos y para todos los públicos, y entiendo las dificultades que supone la creación de una trama lo suficientemente poderosa como para enganchar al espectador; pero eso no la exime del varapalo ante una propuesta que se reduce a lo publicitario.

Ese es, precisamente, el aspecto más sangrante de toda la película: el emplazamiento publicitario. La trama de Emoji transcurre como un aburrido nexo entre promociones publicitarias de las aplicaciones más populares para teléfonos móviles, y bien podría haber pasado como un manual para el pequeño Teo de cuáles copan los tops de la tienda de la manzana o el androide. Para más inri, la publicidad salpica incluso a su banda sonora hasta el punto de que una de las canciones más populares de Rihanna de los últimos años se convierte en la única ocurrencia sentimental con la que el protagonista del mundo real se va a declarar a su enamorada. Brilla fuerte como un diamante, decían. Pon publicidad que será verosímil, decían.

Los robots son los buenos de la película

En la secuencia de apertura no pude evitar recordar las atractivas sensaciones con las que me adentré en el mundo de La LEGO película, que se verían harto satisfechas con el resto del metraje. Exactamente lo opuesto a este caso, como habéis leído en párrafos anteriores, pero tienen más en común de lo que me gusta imaginar. Estoy hablando de sus protagonistas, concretamente de Gene, que cumple con lo que cabría esperar en cualquier cliché del género: joven inadaptado que busca su hueco en un mundo en el que no encaja, quien posteriormente es perseguido por el sistema con emotivos resultados. Con la ayuda de un amigo, se embarcará en una aventura de escape en la que cruzarán sus caminos con otra joven divergente, a quien terminarán cogiendo cariño gracias a los obstáculos que superan juntos. Os suena de algo, ¿verdad? Es exactamente la misma premisa, a grandes rasgos, de La LEGO película, y se convierte en el paradigma de cómo llevar este tipo de producciones al éxito.

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Ni Gene es Emmet, ni Rebelde es Lucy, ni mucho menos la Mano es Batman. La comparación entre ambas películas resulta como una buena fórmula de analizar dos productos con similares características y una ejecución drásticamente diferente, donde las posibilidades reales de una y de otra parten del interés, el mimo y el tiempo en su tratamiento. Partiendo de la base del éxito de La LEGO película, se me antoja muy atrevido el mero hecho de colar tantas toneladas de publicidad con el mismo sobre y con tal vacío de contenido. Volviendo a sus personajes, una falta absoluta de empatía rodea a los protagonistas, con quienes no logré conectar en todo el metraje. Ni los chistes, ni los guiños (con bochorno incluído al recordar a Gollum y su "tesoro"), ni las voces protagonistas. En Emoji: La película encontraremos un vacío tan absoluto que puede llegar a asustar.

Crítica de Emoji: La Película

Tampoco quiero dejar de lado dos de los mensajes que me transmitieron: el de una sociedad obsesionada con los dispositivos móviles y el manido "sé tú mismo". El primero de ellos, a priori, aparentaba ser una irónica critica, algo pobre, de lo enganchados que vivimos actualmente a la red a través de los ahora denominados smartphones. Si prestamos atención a las escenas de lo que consideramos el mundo real en la película, y concretamente a los personajes secundarios que le dan vida, veremos cómo más de uno se estampa, cae al agua y, en definitiva, se pierde lo realmente importante de lo que le rodea. Hasta aquí bien, supongo. La historia cambia cuando los protagonistas saltan de aplicación en aplicación, cuya integridad es de vital importancia para la existencia del usuario, y que tiene su punto álgido con el desastroso recurso musical del que hablaba unos párrafos atrás. No quiero destripar nada a nadie, por lo que evitaré entrar en más detalles, pero la carga de ironía se desploma en una hipocresía de proporciones absurdas y se traduce en un intento por normalizar una de las mayores enfermedades de la sociedad actual. Respecto al segundo, además de la escasa innovación que supone, es inconcluso. Podría aplicarse a su protagonista, pero los demás emojis se verán sometidos a la férrea normativa para los restos.

Conclusión

Por hache o por be, no hay forma de salvarla del abismo. Emoji: La película es una obra insustancial que cojea allá donde donde pisa (y no con demasiado esfuerzo): una trama paupérrima, unos protagonistas vacuos y con un propósito que muchos podrían considerar una ofensa. Su razón de ser es, a juzgar por lo visto, publicitaria, lo que choca diametralmente con cualquiera de los propósitos básicos que se le atribuyen al cine. Y aunque se tratase de una perversión más de Hollywood, la mayor defensa que puedo encontrarle es que la emoción del emoticono protagonista la define a la perfección: un rotundo y absoluto "bah".

Valoración

Emoji falla estrepitosamente en todos los campos, resolviéndose como una de las películas de animación más insustanciales e innecesarias de los últimos años. ¿La única defensa? Que la emoción del emoticono protagonista la define a la perfección: un absoluto "bah".

Hobby

40

Malo

Lo mejor

El disfraz. Su equipo de animación logra un entorno aceptable a nivel técnico, por tirar un salvavidas.

Lo peor

De la A a la Y, se descalabra en prácticamente todos sus elementos: la trama, los protagonistas, la banda sonora, la excesiva publicidad emplazada...

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