Kit Harington
Análisis

Crítica de Gunpowder, la historia de Guy Fawkes con Kit Harington

Por Rafa Domínguez

Crítica de Gunpowder (2017), la nueva miniserie de HBO que narra la historia de la conspiración de la pólvora en el siglo XVII y de la que quedaría para la posteridad el nombre de Guy Fawkes y el 5 de noviembre. Dirigida por J. Blakeson y protagonizada por Kit Harington, Liv Tyler, Tom Cullen, Shaun Dooley o Mark Gatiss, entre otros.

 "Recuerden, recuerden, el cinco de noviembre", una de las citas más recordadas de la brillante V de Vendetta. Los (por aquel entonces) hermanos Wachowski escribieron un guión plagado de diálogos memorables y del que recuperamos una cita que guarda una referencia imprescindible para la construcción de su personaje protagonista: Guy Fawkes y la famosa conspiración de la pólvora. Este complot fallido sirvió de inspiración para la creación de V, cuya popular máscara trataba de recrear los rasgos con los que se describía al ya mítico Fawkes. Pero estoy seguro de que muchos de nuestros lectores están preguntándose... ¿quién fue Guy Fawkes y cómo se articuló la conspiración de la pólvora?

Desde la BBC y HBO han debido de preguntarse lo mismo, ya que se acaba de estrenar en la plataforma de streaming online la miniserie de Gunpowder, protagonizada por Kit Harington, y en la que descubriremos cómo se forjó uno de los intentos de regicidio más famosos de la historia, responderemos a las preguntas concernientes a la figura de Fawkes y, sobre todo, saldrán a la palestra nuevas figuras que tuvieron tanta o más importancia que el citado activista británico. Encendamos las mechas y... ¡dentro crítica!

Tres capítulos para la pólvora

El principal rasgo a destacar en la producción de Gunpowder es su división en tres capítulos, a razón de 60 minutos por cada uno de ellos. Sus creadores decidieron evitar el metraje convencional de una película de larga duración para lanzarse a la moda de las miniseries y, de paso, sacar más rentabilidad a su emisión en ambas plataformas. Tres capítulos en los que sus personajes portarán toda la carga dramática de la que dependerá su resultado final.

Nada más comenzar el primero de ellos descubriremos el peso de la historia que tenemos por delante en una consecución de imágenes de lo más descriptivas de la Inglaterra de comienzo del siglo XVII, su situación política y la persecución religiosa a la que allí estaban sometidos los católicos. Jacobo I (James I en lengua inglesa) se sentaba en el trono de una Inglaterra anglicana que repudiaba el catolicismo y aún más a los católicos, como podemos ver en esos primeros 20 minutos de metraje en los que, además, se presenta uno de los rasgos con el que tendrán que convivir los espectadores: el hiperrealismo. Este pequeño detalle que puede revolver el estómago de los más sensibles es una herramienta fundamental sobre la que se asienta la empatía inicial que depositamos en sus protagonistas y que se desarrollará a lo largo de los tres capítulos.

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La acción de Gunpowder está dirigida por los diálogos y sus personajes, a excepción de un in crescendo final en lo que sería el clímax del tercer capítulo. Son conversaciones plagadas de latinismos, fielmente adaptadas a la época y que, además, servirán para diferenciar los dos bandos que nos presentan: el Gobierno y su ejército contra los rebeldes y fieles católicos. A pesar de ello, el ritmo no consigue mantener tan viva la llama de una revolución en la que, a priori, parece que debemos tomar parte. Una vez nos hayamos decantado, nuestros protagonistas acudirán al socorro de la católica España para salvaguardar las vidas de los fieles en Inglaterra y nos presentarán una de las escenas que estaba destinada a ser de las más poderosas de la serie, pero que se aleja del rigor histórico que mantenían: dos judíos quemados en la hoguera como demostración del compromiso de España para proteger "la única y verdadera fe". Mismos métodos, nombres diferentes.

Una vez superada la tensión inicial, la trama da paso a una recreación más familiar y encorsetada de la vida católica en Inglaterra. Da la sensación de que la cuestión religiosa es una mera anécdota en la que sólo unos pocos se vieron afectados y lo cierto es que es un fiel retrato de la preocupación que supuso para el reinado de Jacobo I, a quien se recuerda como un hombre reflexivo y mucho más inteligente de lo que nos descubre la trama. Pequeñas licencias aparte, Gunpowder ha tratado de recrear fielmente los acontecimientos ocurridos en la articulación del complot, así como con sus personajes y la sociedad de la época. Es más, han procurado destacar la posible homosexualidad que atribuyeron al Rey en un ejercicio que le resta sutileza a la construcción del resto de personajes.

Gunpowder - Primeras imágenes de la mini serie protagonizada por Kit Harington

Los escenarios y el vestuario cobran un papel esencial para que se nos hundan los pies en sus calles embarradas y sintamos el peso de sus ropajes, pero el efecto se irá diluyendo conforme pasen los minutos del primer capítulo. Esa acción guiada por los diálogos se hace insuficiente por momentos y se hará casi palpable cuando el mismísimo Guy Fawkes, reconvertido en un hombre misterioso, oscuro y poderoso, haga su estelar aparición, pero ya hablaremos de los personajes más adelante.

Bajo toda la capa religiosa sobre la que nos presentan el conflicto, subyace una teoría sobre la que mucho se ha debatido en los libros y que en Gunpowder es una apuesta directa: el poder, el dinero y, paradójicamente, el juego de tronos. Catesby, Wintour, Fawkes y compañía fueron meros peones de un juego en el que los intereses de los hombres en el poder y las riquezas de sus respectivos imperios estaban, irónicamente, por encima de ese Dios por el que se jugaban la vida.

Los miembros del complot

Kit Harington, principal protagonista de Gunpowder, da vida a Robert Catesby, un nombre que inicialmente la mayoría podríamos desconocer, pero que fue el conductor de todo el complot que trataría de acabar con el reinado de Jacobo I y, por ende, con esa caza de católicos que detona la trama. Además de con su interpretación, Harington apostó siendo parte activa de la producción y con un detalle más que anecdótico: es un descendiente directo de Catesby por parte de madre. A ver con qué cara le decimos ahora que, quizás, no había nacido para este papel.

Gunpowder - Primeras imágenes de la mini serie protagonizada por Kit Harington

La estrella de Juego de Tronos nos regala un personaje que se muestra anodino y simplón. Mucho más de lo que su papel en toda la conspiración parece requerir, así como el respeto que sus camaradas parecen profesarle. Al cambio, Guy Fawkes, interpretado por Tom Cullen, irrumpe en escena con un aura de misterio lo suficientemente poderosa como para robarle en una única escena el interés que se había forjado en todo un capítulo. Con el personaje se conceden la mínima licencia histórica de modificar su apariencia física en un arquetipo más moderno que, unido a su habilidad en combate y su imponente figura, lo convierten en uno de los personajes más atractivos de la miniserie.

Bien es cierto que Fawkes no fue más que el resto de sus compañeros en el complot, y mucho menos que Catesby, pero puestos a conceder licencias habrá quien hubiera preferido una versión algo más distanciada históricamente en pos de una trama más desarrollada. En las tres horas de duración de Gunpowder no se desarrollarán las subtramas de los artífices de la conspiración, más allá del Catesby de Kit Harington y su familia. Nunca sabremos más de Wintour, de Wright o Percy y ni que decir tiene de Fawkes, a pesar de que la propia construcción de la historia y el atractivo intrínseco de sus personajes así nos lo demanden.

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En el bando contrario nos encontramos con un Shaun Dooley feroz y perfectamente medido. Su caracterización no pudo evitar que lo relacionase directamente con un perro de presa inagotable e inteligente gracias a quien cobran sentido la infinita mayoría de las escenas más crudas de la serie. Fue desconcertante, sin embargo, entender en algunas de sus miradas unos chispazos de condescendencia que, por su desarrollo final, no parecían encajar en el personaje. Mark Gatiss hará las veces de Lord Robert Cecil, el cerebro que aprovechó el juego de sus opositores católicos para ganarse una posición mucho más holgada y cercana al rey Jacobo I, en un ejercicio comedido que no hace brillar a su personaje más allá del escaso carisma que le aporta el guión.

Conclusiones

Gunpowder tiene en su fidelidad histórica un arma de doble filo: por un lado es elegante, sobria y lo suficientemente interesante como para desear conocer más de esas subtramas perdidas detrás de un exceso de protagonismo de Robert Catesby; por otro, la ajustada realidad de los acontecimientos le resta eficacia y ritmo a una narración que se queda algo corta en la épica a la que parecía estar destinada.

El afán de Jacobo I por solventar los conflictos con España, la situación de los católicos en Inglaterra o el afán por destacar al resto de artífices del complot más allá del archiconocido Guy Fawkes demuestran el interés de sus creadores por destacar en la recreación histórica y suponen un acierto para el atractivo de la serie. En las licencias históricas utilizadas, como el empeño en convertir la conspiración en una historia de venganza personal por parte de Catesby, encontramos su justo contrario.

Aquellos que disfruten de las narraciones históricas alejadas de frenetismos encontrarán en esta miniserie de HBO una de las producciones a guardar en su lista de futuribles, pero también lo harán quienes estén dispuestos a sacrificar intensidad en pos de una ficción elegante que, si bien no hará saltar chispas, bien puede dar calor para refugiarnos estas navidades.

Valoración

Gunpowder nos demuestra que la historia de Catesby, Fawkes y la conspiración de la pólvora han tardado demasiado en llegar a nuestras pantallas, pero cuya fidelidad a lo que conocemos de la historia original le resta un potencial que está latente durante los tres capítulos que la forman.

Hobby

70

Bueno

Lo mejor

La presentación de Guy Fawkes, la elegancia de las interpretaciones y un diseño de vestuario que nos catapulta a la Inglaterra del siglo XVII.

Lo peor

Kit Harington vuelve a regalarnos una interpretación anodina que resta carga dramática a la resolución de la trama.

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